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El odio del fascismo español a Cataluña y a los catalanes, así como a todo lo que le suene a “comunismo” o, sencillamente, amenace a su España “una, grande y libre”, a esta falsa democracia surgida de las heces más putrefactas del franquismo, es mucho más intenso que cualquier sentimiento de solidaridad. Nada, por doloroso que sea, puede matizar su odio hacia todo aquello que represente un peligro para su posición de clase dominante, es decir, para su bolsillo, único espacio físico donde cabe su Patria.

Ninguna solidaridad con Cataluña y el pueblo catalán puede ser real si no expresa con meridiana claridad dos hechos: la destrucción por el imperialismo de países como Afganistán, Iraq, Siria o Libia, y la amistad de la España otánica del 78 -¡la España de los Borbones de las comisiones!- con Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes, principales vectores de desestabilización de Oriente Medio, junto al estado sionista.

¡Ninguna manifestación de solidaridad con Cataluña y el pueblo catalán que no sea ante las sedes diplomáticas de los patrocinadores del crimen, los sanguinarios amigos de la familia Borbón!”

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