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La aprobación en la primera lectura de la ley de reintegración de Donbás por Kiev demuestra la disposición de las autoridades ucranianas de llevar el conflicto en el este del país hacia “una real y gran guerra”, opina el periodista ruso Dmitri Lekuj en su artículo para Sputnik.

El documento establece a Rusia como ‘el país agresor’, califica los territorios del este ucraniano de ‘temporalmente ocupados’ y otorga al presidente del país el derecho de usar la fuerza militar para ‘liberarlos’.

El texto no menciona los vigentes acuerdos de Minsk y se quita la responsabilidad de cualquier violación de los derechos humanos en el este del país.

“Difícilmente podría Kiev ‘mandar lejos’ a Berlín, Moscú y París con sus iniciativas de paz de forma más descarada”, declara el periodista, y añade que “las autoridades ucranianas ya hace tiempo y de una manera metódica van preparándose para una real y gran guerra”.

A diferencia de otras manifestaciones belicistas hechas por Ucrania —como, por ejemplo, las frecuentes amenazas de ‘celebrar un desfile de la victoria en Sebastopol’—, esta vez “hay que tomarlo muy en serio, ya que Kiev desatará una guerra sin necesariamente querer ganarla”, prosigue el periodista.

La guerra como una salvación

La razón principal del deseo de Kiev de meterse en una aventura militar es puramente económica, según el autor: en los próximos dos años Ucrania deberá comenzar a pagar las deudas acumuladas tras el golpe de 2014 —unos 17.000 millones de dólares—, y “sus acreedores no son del tipo con quienes se puede negociar fácilmente”.

Entre ellos, según Lekuj, figura la fundación Franklin Templeton Investments, así como muchas otras entidades financieras de fama (y peso) mundial.

“La suma requerida ya supera con garantía las reservas financieras del país. Tampoco existen fuentes para conseguirla: simplemente no existen [en el país] generadores de ingresos, como la industria o el tránsito [de gas natural o mercancías], capaces de mostrar la capacidad de efectuar los pagos”, afirma el autor.

Vender los activos o las tierras no servirá para mucho: a los acreedores les interesa el dinero. Y Ucrania lo entiende perfectamente, opina.

La sangrienta ‘salida’

La única justificación para escapar de sus obligaciones serían unas ‘circunstancias de fuerza mayor’, o, en este caso, una guerra a gran escala, enfatiza Lekuj.

“Rusia sería el mejor ‘enemigo’, pero un Donbás ardiente le valdría a Kiev. Ucrania ni siquiera querrá ganar esa guerra: una catástrofe prolongada permitirá renegociar la deuda indefinidamente mientras una rápida derrota causará la transición de las deudas [al ganador]”, escribe el periodista.

Ni Rusia, ni la Unión Europea quieren para nada esta guerra, subraya el periodista. Pero con medidas semejantes a la recién aprobada ley de reintegración de Donbás, “los cleptócratas ucranianos y sus patrones en el ‘establishment’ de EEUU” seguramente tratarán de superar este ‘problema’.

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