Jérôme Duval
CADTM

En definitiva, los países llamados “en vías de desarrollo” (PED) de hoy reemplazan a las colonias de ayer: las grandes empresas multinacionales occidentales se establecen en las antiguas colonias, invierten allí y de allí extraen los recursos para acumular descomunales beneficios que se evaden a los correspondientes paraísos fiscales. Todo ello se desarrolla bajo la mirada benévola de las corrompidas élites locales, con el apoyo de los gobiernos del Norte y las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) que exigen la amortización de las deudas odiosas heredadas de la colonización. Por el apalancamiento de la deuda y de las políticas neocapitalistas impuestas que la condicionan, las poblaciones expoliadas pagan todavía el crimen colonial de ayer y las élites lo siguen perpetuando hoy subrepticiamente, es lo que se ha convenido en denominar el neocolonialismo.

Transformar las materias primas para venderlas al país productor

En África, el saqueo de materias primas continúa y, como en tiempo de las colonias, su transformación se realiza en el Norte, antes que el producto vuelva, eventualmente transformado, al país productor de la materia prima. Perdiendo este último en el intercambio los beneficios de la plusvalía obtenida por esa transformación.

En lo que se refiere al petróleo bruto extraído de África, es mayoritariamente destinado a la exportación aunque retorne, refinado, desde el país importador. De la cuarentena de refinerías presentes en África, muchas sufren una falta de inversión y mantenimiento, se ven sometidas a privatizaciones encubiertas y no consiguen satisfacer la demanda regional. Como consecuencia, el continente sigue dependiente de la importación de productos refinados para su propio consumo.

Tres de las cuatro refinerías de Nigeria se han reactivado en julio de 2015, pero no funcionan más que al 60% – 80% de su capacidad, hasta 210.000 barriles por día. Alentado a la dependencia de su recurso petrolero por las IFI, con el Banco Mundial en primer lugar, Nigeria saca el 70 % de sus ingresos y alrededor del 90 % de sus recursos en divisas de las exportaciones del mismo. Solamente el 10 % de su producción es refinada en el propio país. De esta manera, Nigeria, primer productor de petróleo del continente y undécimo mundial, no consigue cubrir su mercado interior y, colmo de la paradoja, importa el 70 % de sus necesidades de petróleo refinado a pesar de disponer de una producción diaria de alrededor de dos millones de barriles de petróleo bruto, cuya mayor parte es exportada hacia Estados Unidos y Europa. Para cubrir su demanda interior, Nigeria importa diariamente millones de dólares de combustible (petróleo refinado), lo que supuso cerca de 14,9 mil millones de dólares en el año 2016, una suma descomunal.

Nigeria, uno de los países del mundo con más desigualdad

Cuando en los años 60 del siglo pasado se comenzó a extraer cantidades significativas de petróleo en Nigeria, los dirigentes de Shell pasaban por los pueblos proyectando un documental de la empresa alardeando ante sus habitantes de la prosperidad que les reportaría el petróleo. Sin embargo, los habitantes del delta del Níger, de donde proviene la gran mayoría de este recurso tan codiciado, se han empobrecido y han visto cómo esta industria ha contaminado sus tierras y sus aguas. A pesar de un crecimiento positivo (+ 2,7 % en 2015, su nivel más bajo desde hace 10 años, fuertemente impactado por la caída de precios del petroleo) que ha supuesto 22 multimillonarios en dólares y 34.000 millonarios censados en 2016, todavía hoy más de la mitad de la población vive con menos de un dólar al día. La mayoría de los nigerianos no tiene acceso a la electricidad, todavía hoy un niño de cada 10 muere antes de los cinco años de edad, una de las tasas más elevadas del mundo después de la República Centroafricana, Somalia, El Chad y Sierra leona y la esperanza de vida no supera los 54 años.

Además, Nigeria sufre los horrores de la polución y sus consecuencias, el calentamiento climático. Sin embargo, un habitante de Nigeria emite como media 10 veces menos de gas de efecto invernadero que un habitante de Francia, y 34 veces menos que uno de Estados Unidos, el mayor contaminador del planeta.

A parte de ver saqueadas sus materias primas, las poblaciones de los países productores pagan la plusvalía de sus productos transformados en el Norte por multinacionales occidentales. Este mecanismo grava las arcas de los Estados que, para no recortar demasiado sus presupuestos, deben endeudarse cada vez más. Los acreedores son, en este “sistema-deuda” a su medida, una vez más los ganadores de una partida de póker peligrosa y mortífera.

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