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El cuarto elemento

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Ya ha desaparecido el interés por Irán, ¿no? Buscad algo por ahí a ver qué encontráis. Lo que no encontraréis son los movimientos de Pakistán, mucho más importantes geopolíticamente en estos momentos que los de Irán. Estamos en lo de siempre: lo que no existe para los medios de propaganda occidentales no existe para los occidentales.

Las protestas en Irán hay que entenderlas, también o sobre todo, como el intento de EEUU de debilitar o romper lo que considera el eslabón más débil del nexo trilateral que se está montando en Asia y sobre el que va a pivotar todo el siglo XXI: China, Rusia e Irán. Os recuerdo que el próximo día 18 China va a poner el marcha el petro-yuan y que el mes que viene Irán se va a incorporar a la Unión Económica Euroasiática. Y os adelanto que es más que probable que este verano Irán sea admitido como miembro de pleno derecho de la Organización de Cooperación de Shanghái.

Abordaré los motivos de las protestas, internos y externos, un poco más adelante, pero quiero terminar esta pequeña trilogía sobre la decadencia occidental con el penúltimo golpe y que tiene ese mismo protagonista desconocido para nosotros, occidentales mira-ombliguistas: Pakistán.

Ayer este país dio un paso más en su enfrentamiento con EEUU y dijo que ya no son aliados. ¡Toma ya! Lo dijo su Ministro de Asuntos Exteriores, una voz autorizada. Al mismo tiempo, Pakistán está “reconsiderando” la negativa inicial a que China establezca su propia base naval en Gwadar. En septiembre del año pasado técnicos chinos, pakistaníes e iraníes mantuvieron reuniones con la finalidad de vincular el puerto de Gwadar con el iraní de Chabahar. Este último puerto se inauguró el 3 de diciembre con presencia oficial pakistaní entre los invitados.

Pero hay más, mucho más. Resulta que Pakistán e Irán han mantenido conversaciones formales, a nivel de ministros de Defensa, sobre el papel de EEUU en la región y han establecido una estrategia “creciente” de cooperación militar. No ha faltado quien haya dicho que los dos ministros hablaron de ambos puertos y de coordinar aspectos de inteligencia sobre ellos, al tiempo que se dieron garantías mutuas de “no colaborar en iniciativas que socaven los intereses de ambas naciones”. Y eso el día 5 de enero, en plenas protestas en algunas ciudades iraníes.

Si se tiene en cuenta que Pakistán ha sido un aliado incondicional de Arabia Saudita en su “coalición antiterrorista”, estas cuestiones dan otra dimensión a su enfrentamiento con EEUU.

EEUU sigue teniendo poder, pero ya no asusta tanto. Es otra muestra del imparable fin de EEUU como “superpotencia global indiscutible” y del fin de la hegemonía occidental (Europa incluida).

A EEUU solo lo queda una baza que jugar, aparte de la desestabilización interna de gobiernos como lo buscó en Rusia con las sanciones de 2014 (que se mantienen) y ahora en Irán: intentar enfrentar a los vecinos. Pakistán e India son enemigos irreconciliables y lo único que puede hacer ahora EEUU es fortalecer a India.

Cuando digo lo único es que es lo único, porque no hay que olvidar que India y Pakistán son desde el verano del año pasado miembros de pleno derecho de la Organización de Cooperación de Shanghái y, por lo tanto, mantienen un vínculo mucho mayor ahora con China y Rusia.

Por primera vez en la historia de la OCS se admitía a dos países al mismo tiempo, uno a iniciativa de Rusia (India) y otro de China (Pakistán). Rusos y chinos llevan años pretendiendo acabar con esa rivalidad que mina el futuro de Asia. Los esfuerzos de EEUU en estos momentos, tras los movimientos de Pakistán, están dirigidos a “asustar” a India, tanto con China (y hay que recordar el histórico enfrentamiento fronterizo que mantienen los dos países, que volvió a tensionarse brevemente este verano) como con Pakistán con la finalidad de que se vaya desligando de la OCS o limitando al mínimo su pertenencia a ella.

Veremos lo que pasa, pero EEUU ahora mismo no es capaz más que de amenazar a una cada vez mayor lista de países desafiantes a su hegemonía.

Pakistán se ha convertido de forma clara en el cuarto elemento a tener en cuenta de esa tríada China-Rusia-Irán. El pasado martes el ministro de Planificación pakistaní dijo que era “imprescindible diseñar un bloque económico con esos tres países para crear una comunidad de prosperidad compartida”. Por el momento no son más que declaraciones, pero indican ya una voluntad clara de hacia dónde se está moviendo Pakistán y bajo qué parámetros que se podrían denominar diplomacia económica, regionalismo y multilateralismo. Y lo más importante: fuera de la influencia occidental, especialmente la estadounidense.

El Lince

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