La práctica criminal, conocida como “vuelos de la muerte”, nunca había podido ser comprobada por la justicia de Chile por falta de reconocimiento de las víctimas.

Se sabía, lo decían testimonios, pero no había nombres de víctimas: los testigos no eran capaces de identificar a las personas arrojadas al mar, hasta ahora.

La justicia chilena procesó por primera vez a militares por arrojar a personas vivas al mar durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.

El pasado 9 de mayo -información dada a conocer el pasado viernes-, el juez Jaime Arancibia Pinto dictó el procesamiento contra el genocida, exbrigadier del ejército de Chile, Miguel Krassnoff Martchenko, y los militares Richter Nuche Sepúlveda, Emilio de la Mahotiere y Carlos Mardones Díaz, por asociación ilícita y secuestro calificado de tres detenidos desaparecidos.

Ceferino Santis Quijada, de 31 años y militante del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR); Luis Norambuena Fernandois de 30 años y militante del Partido Socialista; y Gustavo Farías Vargas, de 23 años y militante del MIR, fueron las víctimas reconocidas cuyos cuerpos se perdieron en las aguas.

El testimonio clave para el procesamiento de los criminales fue el del suboficial Juan Guillermo Orellana Bustamante, mecánico tripulante del helicóptero militar H225 “Puma”, quien aseguró que en 1973 se arrojaron vivos al mar a los militantes de izquierda.

Orellana Bustamente dio detalles precisos no solo de las personas que estaban detenidas desaparecidas, sino también de los otros tripulantes del helicóptero y de la fecha en la que fue llevado a cabo “el vuelo de la muerte”, como se conoce esta práctica.

Otro mecánico tripulante del helicóptero confirmó el testimonio de Orellana Bustamante. La información fue cotejada con los datos que se tenían sobre las fechas en que habían sido detenidos, y se logró el procesamiento de los militares.

Según el testimonio del mecánico, fue Krassnoff -quien suma más de 400 años de condena por crímenes de lesa humanidad- quien arrojó al mar a los detenidos desaparecidos aún con vida.

“Procedió, solo, a tomar a las personas. En primer lugar tomó a la persona más adulta (Ceferino Santis) de los pies; lo giró hacia la puerta y lo empujó con las manos hacia abajo, hacia el mar. (…) Al segundo sujeto (Luis Norambuena) lo tomó de las axilas, lo llevó hacia la puerta y lo tomó de los pies. Lo empujó de la misma manera que al primero. (…) El tercero (Gustavo Farías), que era el sujeto más joven, le puso resistencia, se produce una lucha, o sea un forcejeo y, visto esto, lo vuelve a tirar de las axilas, lo despega del tren de aterrizaje y ahí lo lanza hacia el mar”, relató Orellana Bustamante.

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