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La venta de Palestina ya está hecha

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Insisto: hay que ver las cosas como un todo. Quedarse sólo en un movimiento es un error. Eso lo sabe cualquiera que juegue al ajedrez. Y el ajedrez es de origen persa, por cierto.

Hemos visto las movilizaciones en Palestina, no, en Gaza porque en Cisjordania los colaboracionistas o no se han sumado a ellas o las han impedido. Hemos visto las elecciones en Líbano. Hemos visto la retirada de EEUU del acuerdo con Irán sobre el programa nuclear. Hemos visto el traslado de la embajada de EEUU y otros países latinoamericanos (Paraguay y Guatemala) a Jerusalén. Hemos visto cómo el gobierno sirio recupera terreno una y otra vez. Lo que no hemos visto es que estos hechos están interrelacionados entre sí.

Hace más de medio año escribí un articulito titulado “Vender Palestina para comprar Irán”. En él anunciaba lo que está pasando: los árabes están soltando el lastre de Palestina, al que consideran un impedimento para normalizar relaciones con el régimen fascista de Israel, y lograr el derribo de Irán.

Voy por partes. La indiscutible victoria de Hizbulá en las elecciones de Líbano, la indiscutible victoria del gobierno sirio recuperando terreno y el reciente reconocimiento por parte de Hamás de que sus vínculos con Hizbulá e Irán son “fuertes” -como reacción a la postura timorata de los países árabes al cambio de embajada estadounidense y al declarado intento de normalizar relaciones con Israel-, así como la fuerza recobrada en las manifestaciones por el derecho al retorno, han acelerado el proceso de venta de Palestina y se ha incentivado la compra de la agresión contra Irán. Una cosa va de la mano de la otra.

Es muy probable -me mantengo conscientemente en el terreno de la hipótesis, pero no creo equivocarme- que una vez finalice el Ramadán (o sea, para este verano) se ponga en marcha la venta final de Palestina. EEUU y el régimen fascista de Israel han constatado que es el momento oportuno para centrarse en el objetivo final de toda la estrategia: Irán. Es el momento oportuno porque los árabes han sido incapaces de reaccionar con fuerza a las matanzas de gazatíes, han sido timoratos (por ser benévolo) con el traslado de la embajada a Jerusalén y han aplaudido con las orejas ante la retirada de EEUU del acuerdo nuclear con Irán.

Me atrevo a decir que este traslado, implementado mucho antes de lo previsto (casi dos años antes) ha sido el globo sonda que se necesitaba para el golpe de gracia contra Palestina. Se ha podido constatar cómo las reacciones árabes e internacionales han sido de risa ante una violación flagrante, otra más, del derecho internacional si es que esto es algo que exista.

Por lo tanto, el momento es ahora no vaya a ser que por alguna razón, como una hipotética guerra entre el régimen fascista de Israel e Irán, o entre los sionistas y Hizbulá (con resultados impredecibles, y no hay que olvidar que esta organización derrotó dos veces al “invencible” ejército sionista) o, incluso, con la propia Siria volviese a agitar la calle árabe y centrase el foco en Israel otra vez y destruyese el argumentario contra Irán. Es necesario tener las manos libres y para ello hay que presentar un “plan de paz” definitivo sobre Palestina.

Eso es lo que ahora está a punto de concretarse. Dicho plan será presentado por EEUU, ha sido elaborado por Israel y cuenta con el reconocimiento de los países árabes. El hecho de que los dos países árabes que mantienen relaciones diplomáticas con Israel, Egipto y Jordania, no hayan retirado sus embajadores tras las matanzas de Gaza es un indicativo más que suficiente. El hecho de que los países árabes no hayan reaccionado y la cumbre de emergencia islámica haya tenido que ser convocada por Turquía (y los países árabes no han tenido más remedio que acudir, pero sin la relevancia necesaria puesto que no fue ni un solo primer ministro a excepción del jordano y el propio Erdogan) indica lo que se está cociendo.

El hecho de que Hamás haya decidido “suspender” las movilizaciones sobre el derecho al retorno también tiene que ver con todo ello. Hamás está bajo una fuerte y doble presión: por una parte, de Egipto; por otra, entre sus dos tradicionales sectores, el que quiere negociar y el que no. Egipto presionó a Hamás para que suspendiese las movilizaciones a cambio de abrir el paso fronterizo de Rafá durante todo el mes de Ramadán y así lograr que los miles de heridos puedan ser atendidos en hospitales egipcios y que la población se abastezca. Hamás se debate ahora mismo en un duro enfrentamiento interno entre quienes quieren mantener las movilizaciones y quienes plantean que hay que llegar a una tregua de 10 años y lograr algún tipo de acuerdo para poner fin o suavizar el bloqueo a Gaza.

Egipto está siendo el policía bueno, y Hamás lo ha entendido así. El policía malo son los otros países árabes, que han amenazado con suspender todo tipo de ayuda, por simbólica que sea, si se reinician las movilizaciones. Si durante todo este mes la calma se mantiene será el momento de dar el paso final: el “acuerdo de paz”.

Dicho acuerdo establece que se transferiría -condicional, aunque no creo equivocarme- a los palestinos unos 720 kilómetros cuadrados del Sinaí egipcio (aunque este país recuperaría ese territorio con una cesión similar del Negev de la Palestina histórica) incluyendo dos ciudades, El-Arish y Sheij Zuweid, en las que se construiría un puerto nuevo y un aeropuerto, respectivamente. En la esa zona ha sido muy activo el llamado Estado Islámico y muchas de las aldeas que ahora hay en ese territorio están dañadas, o sus edificios destruidos, por los bombardeos del ejército egipcio y gran parte de su población se ha desplazado hacia otros lugares. No es una zona deshabitada, pero sí poco poblada. Sería algo parecido a la zona reflejada en este mapa, ampliando el espacio hacia la frontera con Gaza como es lógico.

El “plan” no supone una Palestina independiente, o no del todo. Tendría una soberanía limitada, incluiría incluso la parte de Cisjordania que ahora controla -es un decir- la mal llamada Autoridad Palestina, incluido el barrio árabe de Jerusalén Este, pero la ciudad vieja jerosimilitana pasaría a ser parte de Israel, así como el Valle del Jordán. La mezquita de Al-Aqsa quedaría bajo supervisión palestino-jordana y la capital sería Abu Dis, como también os dije.  Jordania es otro país que está presionando para que este plan se ponga en marcha.

 

Desaparecería el derecho al retorno y se establecería un “sistema económico para compensar a los refugiados” (es decir, los países petroleros pagarían porque se quedasen donde están). Y por supuesto que desaparece, otra vez, el llamado derecho internacional puesto que no se recoge nada de las fronteras de 1967 como exigen las resoluciones de la ONU.

 

Si la mal llamada Autoridad Palestina se negase a aceptar este plan, desaparecería todo tipo de ayuda financiera (200 millones de dólares están ahora mismo bloqueados), así como toda la ayuda del programa de la ONU para los refugiados.

Quien se hace pasar por presidente de Palestina, el infame Mahmoud Abbas, no quiere pasar a la historia como un traidor y está intentando hacer un último y desesperado intento por enfrentar lo que se avecina. Después de negarse durante años (desde la agresión a Gaza del 2014) a llevar al régimen fascista de Israel a la Corte Penal Internacional, ahora lo acaba de hacer. Fue ayer martes y se dice sin rubor alguno ahora que “tiene que realizarse una investigación exhaustiva de los abusos contra los derechos humanos” por parte de Israel.

Y mientras Hamás se debate en su lío, también ayer hizo un movimiento extraño: pidió la celebración de un nuevo Consejo Nacional Palestino bajo los auspicios de Egipto. El 30 de abril tuvo lugar la última convocatoria de esa entidad, a la que no asistieron ni Hamás, ni la Yihad Islámica, ni el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General, ni el histórico Frente Popular para la Liberación de Palestina.

El Lince

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