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Evitar el fin de todos los Stalingrado

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Stalingrado venció porque había un pueblo que estaba dispuesto a luchar hasta la muerte. Los soviéticos, las soviéticas, dentro y fuera de la ciudad, hicieron de la misma casi su razón de ser. Stalingrado tenía que ser la tumba del fascismo. Y lo fue.

Stalingrados ha habido muchos en todo el planeta, unos más grandes que otros. Uno de ellos fue Sesto San Giovanni, en las afueras de Milán. Emblemático durante la resistencia contra el fascismo. Durante 50 años nada entraba ni salía, nada se hacía sin el visto bueno del Partido Comunista de Italia. Durante 50 años el PCI tuvo siempre más del 60% de los votos. Era una ciudad obrera, con fábricas emblemáticas en la lucha obrera y sindical como la Magnetti Marelli y otras. Hoy es un desierto industrial. Y cuando el PCI comenzó a socialdemocratizarse fue perdiendo su poder. Ahora, siendo el Partido Democrático, ya no es nadie en la ciudad y cuenta este partido con 4 concejales de un total de 21.

El PD no es ni siquiera socialdemócrata. Es un zombi de algo que una vez fue un partido político respetado. El PD no sólo ha perdido el “Stalingrado italiano”, como se conoció desde siempre a Sesto San Giovanni. Ha perdido la decencia. El PD es el hermano mayor de todos los partidos europeos que todavía tienen el atrevimiento de considerarse si no de “izquierda”, sí “progresistas”. Su apoyo a las políticas neoliberales que condujeron a la crisis económica y su abandono de la calle en aras de la “lucha institucional” ha sido suicida y el abono de los partidos neofascistas que han recogido el malestar obrero y popular. Lo poco que queda de él. El apoyo del PD al presidente italiano rechazando al gobierno por ser proclive, que no es que lo fuese a hacer, a abandonar el euro es de vergüenza. Lo mismo ha hecho el principal sindicato, la CGIL.

El auge del fascismo en toda Europa hay que buscarla, también, en las renuncias de todo este personal supuestamente “progre”. Esta gente, esta pretendida “izquierda”, son los causantes de las frustraciones que dan auge al fascismo. Es la pretendida “izquierda” que llena hasta reventar el Círculo de Bellas Artes de Madrid para escuchar a un tipo infame como Zizek equiparando a Hitler con Stalin y a las movilizaciones británicas de apoyo a la monarquía con las celebraciones de la Revolución de Octubre en la URSS. Es gente no sólo sin moral ni decencia, sino sin cerebro.

No hay que tener piedad alguna con esta gente. Ni siquiera darles el beneficio de la duda. Decía Marx que “nuestra tarea es la de la crítica despiadada, y mucho más contra los amigos ostensibles que contra los enemigos abiertos; y al mantener esta nuestra posición, renunciamos gustosamente a la popularidad democrática barata”. El enemigo ya sabemos cómo actúa y quién es. Pero cuando el enemigo se viste de amigo, y te acompaña, es cuando corres más peligro. Porque es quien te apuñala.

Toda esta gente es co-responsable de la situación en la que estamos. Incluso instituciones nada sospechosas de izquierdismo como el World Inequality Report han tenido que reconocer que la desigualdad de ingresos en Occidente ha aumentado exponencialmente desde la crisis, una crisis en la que se ha antepuesto a los “mercados”, a Europa, frente a los ciudadanos. En los diez años transcurridos, si no desde antes, la pretendida “izquierda” ha sido cómplice por acción o por omisión  de todo ello.

La batalla de Italia está abierta, aunque ya hay signos de que gana, otra vez, el miedo. Como ha ganado el miedo en Catalunya plegándose el gobierno de la Generalitat a las condiciones impuestas por el gobierno español y que no son otra cosa que una rendición. En Italia ya se está diciendo que no hay que presentar la batalla contra el presidente del país, que es como decir que contra la UE porque lo que ha hecho este tipo es anteponer la UE, o sea, el euro, a Italia y ahora se está diciendo que hay que cambiar al candidato a ministro causante de todo por su conocida crítica contra el euro. Uno de los dos partidos neofascistas que componen el gobierno, aún no nato, ya lo ha planteado de forma abierta. El otro se lo está pensando. Es decir, de nuevo la plutocracia gana.

Sólo la “extrema izquierda” está movilizándose en Italia, contra unos y contra otros. Es lo poco que queda de los otros Stalingrado. Al igual que con el Stalingrado histórico, nuestro deber es apoyar a los pocos resistentes que aún persisten en la lucha, además de convertirnos nosotros mismos en resistentes también.

Los partidarios de la UE, nueva o vieja, ya nos habían acostumbrado a su cinismo y a su estupidez. Eso de que los pueblos deciden no es más que un cuento y cada vez más sangriento. Eso de que otra Europa es posible, y más social, dentro del marco institucional de los tratados actuales y de la moneda única, o sea del euro, es simplemente ridículo además de imposible. Otra vez más, se acaba de dar una genuina muestra de eso. Es la soga con la que nos ahorcan. Y los “progres” que defienden la UE están tirando de ella muy gustosos.

El Lince

1 COMENTARIO

  1. Los heroicos stalingrados, sucumbieron después del XX congreso del PCUS. No antes. No se suele hablar mucho de lo que significó la victoria de la reacción en aquel congreso donde se desmontó la democracia leninista de los comunistas.

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