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El Continente Negro celebra el panafricanismo y la unidad en la lucha contra el colonialismo

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John Wight

El 25 de mayo se celebró el Día de la Liberación de África, que recuerda y reafirma anualmente los principios del panafricanismo. Ese día, las comunidades africanas, no sólo en África, sino también en el Caribe, Europa y América del Norte, se reúnen para honrar a los grandes héroes del panafricanismo: Haile Selassie, Julius Nyerere, Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Ben Bella, Kwame Turé, Muamar Gaddafi, así como a Marcus Garvey, W.E.DuBois y Malcolm X, que pertenecían a la diáspora africana en general.

La Jornada alienta a continuar la lucha por la unidad, la libertad y la dignidad de África bajo una sola bandera panafricana. Para los partidarios del panafricanismo, esa unidad -que trasciende las divisiones tribales y nacionalistas- representa la única esperanza real de liberar un continente que todavía lleva las cicatrices de la opresión y la explotación coloniales.

La historia moderna del movimiento panafricano comienza en 1900 con la convocatoria de la primera Conferencia Panafricana en Londres. En palabras del revolucionario africano y primer presidente de la Gana poscolonial, Kwame Nkrumah, el evento “se hizo eco de las aspiraciones de las masas africanas en busca de la ideología y forma organizativa que llevaría a la liberación”.

Sin embargo, pasaron casi dos décadas antes de la siguiente reunión del movimiento panafricano, esta vez en París en 1919, con la convocatoria del primer Congreso Panafricano, un evento fue presidido por el intelectual afroestadounidense W.E.DuBois, que hasta 1945 desempeñó un papel clave en otras cinco conferencias del movimiento panafricano celebradas en diversos lugares de América del norte y Europa.

En su ensayo “Ethiopia’s Hands” (Las manos de Etiopía) DuBois expresó con una prosa clara y brillante su posición sobre la explotación de África por el colonialismo europeo: “África tiene serios motivos para incriminar a Europa. Durante cuatrocientos años, la Europa blanca ha sido la principal defensora de la trata de seres humanos que ha privado al África negra de cien millones de seres humanos, ha perturbado su vida social, ha subvertido cualquier forma de organización gubernamental, ha destruido la industria ancestral y ha apagado las luces del desarrollo cultural”.

En 1949 Paul Robeson, otra voz negra prominente de la diáspora africana, defendió la causa de la unidad africana: “El uso de los vastos pero aún no explotados recursos de África en beneficio de los pueblos africanos y, de hecho, de toda la humanidad, es un objetivo noble”, dijo, antes de subrayar que “sólo puede ser obra de los propios africanos, y sólo después de que se hayan liberado de las cadenas del colonialismo lo suficiente como para poder desarrollar libremente su propio país”.

En las décadas de 1950 y 1960, durante el período tumultuoso en que el colonialismo europeo y occidental sufrió derrotas históricas, los dirigentes africanos, forjados en la lucha anticolonial, llegaron a la escena internacional con la unidad africana como principio rector.

Dirigentes africanos como Kwame Nkrumah, Patrice Lumumba, Julius Nyerere y Ben Bella se mostraron decididos a aprovechar el impulso del período anticolonial y poscolonial para hacer del Continente un faro de libertad, desarrollo y justicia.

Así, Nkrumah, el dirigente revolucionario encarcelado a principios de la década de 1950 por el régimen colonial británico, se convirtió en el primer presidente del recién establecido Estado africano independiente de Ghana en 1960, y se propuso trazar el rumbo. “No miramos ni a Oriente ni a Occidente: miramos al futuro”, dijo, sin olvidar que su lucha anticolonial había tenido lugar en el crisol de la Guerra Fría.

“Está claro que debemos encontrar una solución africana a nuestros problemas, y que esto sólo puede hacerse en la unidad africana. Divididos, somos débiles; unidos, África podría convertirse en una de las grandes fuerzas benéficas del mundo”.

Julius Nyerere

Julius Nyerere (primer primer ministro de un Tanganyika independiente en 1961, luego presidente del recién creado estado de Tanzania en 1964) compartió la visión de Nkrumah: “La unidad no nos hará ricos, pero será más difícil ignorar y despreciar a África y a los pueblos africanos si están unidos. Y esto aumentará consecuentemente la efectividad de las decisiones que tomamos e intentamos implementar para nuestro desarrollo”.

Nkrumah, Nyerere, Lumumba (el primer primer ministro de la República Democrática del Congo) y Ben Bella (el primer presidente de Argelia) tuvieron que tener en cuenta la dura realidad del neocolonialismo, donde el capital europeo y occidental sustituyó a los soldados y administradores coloniales para ejercer el control sobre el continente, sus recursos y sus economías.

Nkrumah entendió la naturaleza de este monstruo específico: “Un estado bajo el dominio del neocolonialismo no es dueño de su propio destino. Es este factor el que hace del neocolonialismo una amenaza para la paz mundial”.

Los esfuerzos de Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Patrice Lumumba y Ben Bella para construir la unidad africana sobre la base de la autodeterminación, la independencia y la planificación socialista fueron considerados una seria amenaza para Occidente, y como resultado Nkrumah fue derrocado y encarcelado, Lumumumba fue derrocado y asesinado, Ben Bella fue forzado al exilio, y sólo Julius Nyerere pudo permanecer en el poder, hasta su renuncia en 1985.

En el epílogo del libro clásico de Walter Rodney, “Cómo Europa depauperó África”, Abdulrahman Mohamed Babu escribió: “Sólo Nyerere ha engendrado y mantenido África en el poder, asesinamos a Lumumba y encerramos o exiliamos a dirigentes como Ben Bella y Nkrumah para satisfacer a los imperialistas que eran nuestros benefactores, nuestros patrocinadores, nuestros jefes, nuestros socios comerciales”.

Esta tendencia continuó en el siglo XXI con el derrocamiento y brutal asesinato de Muammar Gadafi en Libia en 2011, un crimen perpetrado con el apoyo activo y concreto de Occidente a través de la OTAN. El dirigente libio desempeñó un papel fundamental en la creación de la Unión Africana en 2001, el órgano panafricano que sucedió a la Organización de la Unidad Africana, establecida en 1963 en Addis Abeba.

Gaddafi había prendido la antorcha de la unidad africana y del panafricanismo para iluminar el siglo XXI. Quería crear una moneda panafricana independiente, un pasaporte panafricano e incluso una fuerza de defensa común; se guiaba por la visión de los futuros Estados Unidos de África e invertía una parte significativa de la riqueza petrolera de Libia en diversos proyectos de desarrollo en todo el continente africano. Gaddafi era muy consciente del potencial de África:

“Ellos son los que necesitan a África, necesitan su riqueza. El 50 por ciento de las reservas mundiales de oro se encuentran en África, una cuarta parte de los recursos mundiales de uranio se encuentran en África y el 95 por ciento de los diamantes del mundo se encuentran en África. Un tercio del cromo también se encuentra en África, al igual que el cobalto. El 65 por ciento de la producción mundial de cacao se encuentra en África. África tiene 25.000 kilómetros de ríos. África es rica en recursos naturales sin explotar, pero nos vemos obligados a vender estos recursos a precios bajos para obtener divisas fuertes. Y eso debe detenerse”.

El tribunal de la historia venera a los que luchan por la liberación y la unidad, mientras que se condena a los que matan para explotar y dominar a otros pueblos.

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