Marcha del Partido Comunista en Bogotá.

Departamento Nacional de Organización

Una de las tareas organizativas medulares que trazamos los comunistas, como mecanismo para llevar a buen puerto la política de nuestro XXII Congreso Nacional, la reconocemos en los interregionales. Este componente, pensado como esquemas de asociación de organismos regionales o territoriales, se constituye en un espacio de coordinación política-organizativa para ayudar a materializar y ejecutar nuestro plan de trabajo nacional. Además de contribuir con dicha tarea, este espacio colectivo tiene como propósito ayudar a construir agendas comunes entre los diversos regionales.

En principio, los interregionales nos permiten ayudar a hacerle seguimiento, y también a fortalecer, algunos objetivos del plan de trabajo. Por ejemplo: los interregionales ayudan a recabar en los aspectos organizativos del Partido, es decir, a redoblar esfuerzos colectivos en las regiones no sólo para cohesionar nuestra estructura partidaria, sino además, para desatar un plan o una campaña nacional de crecimiento, especialmente entre mujeres, jóvenes, indígenas, afros y miembros de la comunidad Lgbti.

A nivel de nuestra concepción sobre el trabajo de masas, los interregionales ayudan a potenciar, y a reflexionar, sobre el tipo de incidencia política que desarrollamos cuando nos avocamos a este trabajo. Este mecanismo colectivo nos recuerda que para esta nueva etapa, además de acelerar nuestra presencia territorial en los sectores estratégicos y de masas, debemos ganar en incidencia política en estos espacios. Esto último significa, en clave fenomenológica, que no basta solo con estar-ahí o hacer presencia en las organizaciones de masas –estar afiliado a un sindicato y ya-, sino que debemos incidir políticamente, es decir, orientar, conducir y devenir hegemonía allí donde los comunistas circundamos. Debemos imprimir nuestra ideología, nuestra moral, nuestra forma de ser en el mundo y nuestro horizonte revolucionario en las organizaciones y espacios de masas.

Por otra parte, en términos ideológicos, los interregionales también nos ayudan a recrear en la práctica los principios leninistas de organización. Es decir, este espacio partidario está pensado, coherentemente, para dirigir, planificar y controlar colectivamente la política emanada del pasado congreso. Dirigir colectivamente implica tomar decisiones que ayuden a realizar, en la práctica y en los territorios, los conceptos esenciales asumidos por todos para este momento político. Por ejemplo, en el XXII Congreso acordamos, en sentido abstracto y general, que la unidad es el eje fundamental de nuestra política. Y obviamente si nos referimos a la unidad no basta con la enunciación genérica de ella, sino con el hecho de trazar, planificar y controlar las iniciativas que ayuden a concretarla desde los territorios. Luego, para este caso, la unidad es posible sí y sólo sí se empieza a construir en las regiones y en los territorios.

En términos prácticos y organizativos, habiendo desarrollado casi a plenitud la agenda de los interregionales, estos espacios, además de ayudar a recrear entre todos los asistentes los objetivos del plan de trabajo y nuestros principios partidarios, nos han sintonizado con las fortalezas, debilidades y complejidades que se viven en las estructuras regionales. A partir de allí, y tomando consciencia de estas realidades, hemos emprendido unas medidas que ayudan a robustecer nuestro Partido. Por ejemplo, se han diseñado seminarios para ayudar a fortalecer las tareas financieras; también se han propuesto seminarios organizativos, especialmente dirigidos a profundizar en los aspectos ideológicos que atañen a los principios leninistas. Por último, los interregionales han logrado construir planes, iniciativas conjuntas o agendas comunes para desplegar nuestra política revolucionaria en los territorios.

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