Mientras los grandes medios de comunicación al servicio de la reacción internacional tratan de ocultar o minimizar el cobarde atentado realizado el 4 de agosto en Caracas, contra el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y la Dirección revolucionaria de ese hermano país, el pasado día 6 el pueblo venezolano se volcó indignado a las calles para condenar enérgicamente la infame tentativa de magnicidio perpetrada con la detonación de dos drones cargados de explosivos.

El ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Néstor Reverol, presentó un breve balance sobre los alcances en la investigación y señaló que para el ataque se utilizaron drones modelo DJI M600, dirigidos a la figura del presidente Maduro y demás autoridades civiles y militares que le acompañaban durante el acto de aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, realizado en la avenida Bolívar de la capital venezolana.

De acuerdo con el ministro, cada dron de hélices contenía 1 kilogramo del explosivo denominado C4 con un poder de afectación a un radio de aproximadamente 50 metros.

Hizo saber que uno de los dispositivos sobrevoló la tribuna presidencial “con el fin de activar a distancia la sustancia explosiva en la tribuna”, pero “gracias a las técnicas especiales de la Guardia de Honor presidencial” y la instalación de equipos inhibidores de señales, se logró desorientar a ambas unidades, lo que trajo como consecuencia que los explosivos se activaran “fuera del perímetro planificado” por los autores del hecho.

El atentado forma parte del mismo hilo de otras operaciones frustradas como el Golpe Azul, la Operación Jericó y la Operación Constitución, que anteriormente han tenido el denominador común del uso de elementos militares y paramilitares para intentar cometer magnicidio y destruir las principales líneas de mando del poder político en Venezuela, bien sea por el propósito específico de asalto al poder nacional o de propiciar un cuadro de desestabilización.

Desde Colombia y Miami -como señalan las autoridades venezolanas- han emprendido esta embestida terrorista afiliándose a estas modalidades que ya son compartidas por otras organizaciones terroristas y criminales del mundo.

El mismo Estado Islámico y otras organizaciones terroristas salafistas en la guerra en Siria, han trabajado en el diseño de estos dispositivos, dado que estas tecnologías provistas por fabricantes comerciales contienen metadatos que registran el origen de los artefactos. Para eludir el rastreo de sus proveedores y líneas de abastecimiento, la fabricación artesanal es una alternativa para estas organizaciones armadas.

Este atentado es una clara prueba de la desesperación que sienten los círculos de la ultraderecha fascista venezolana y sus mentores yanquis, ante los reiterados triunfos de la revolución bolivariana que no han logrado derrocar a pesar de sus incontables agresiones.

Para entender las raíces ocultas de esta desesperación, vamos a centrarnos en el análisis del imperialismo yanqui como un sistema opresivo y explotador de los pueblos que basa su decadente poder en el narcotráfico, el lavado de dinero y la corrupción, cuya perniciosa actividad, se traduce en guerras y conflictos por todo el planeta.

Forjar un imperio siempre implica querer dominar grandes dimensiones. En el caso del Imperio estadounidense, está claro que el tablero donde se juega la partida es el mundo. Ningún rincón se escapa. Desde países grandes, como la antigua Unión Soviética, hasta países pequeños y desconocidos, como la isla de Granada. Todos han sufrido, sufren y pueden sufrir alguna agresión del imperialismo yanqui.

Se puede definir imperialismo como la “actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política.”. Así pues, cuando Estados Unidos interviene en Afganistán o en Iraq es una forma de imperialismo, o cuando apoya dictaduras militares en ciertos países, o lanza guerras de prevención (por si acaso) sobre otras naciones, es imperialismo también. Imperialismo por medio de la fuerza militar.

Aunque también se podrían mencionar el imperialismo político (como cuando EEUU obliga a otras naciones a adoptar decisiones políticas por medio de presiones) o el imperialismo económico (cuando decide poner en marcha el bloqueo a Cuba, por ejemplo).

Un Imperio en decadencia

Estados Unidos, en su farisaico camino hacia la supuesta “protección” del mundo y la eliminación de los supuestos enemigos de la democracia y la libertad, ha forjado un ejército que se extiende por todos los continentes de la Tierra. El gobierno estadounidense tiene incluso una serie de ‘Comandos de combate’ que se reparten el mundo y lo tratan de controlar.

Sin embargo, el mundo ya no es unipolar como soñaban los norteamericanos hace 20 años después de la caída de la URSS. Una China cada vez más poderosa económicamente y una Rusia retadora armada hasta los dientes con los más sofisticados medios bélicos que recuerda la historia, desafían abiertamente a los EE.UU capitaneando el movimiento de los BRICS haciendo tambalear al otrora todopoderoso Tío Sam. A ello se une las voces de una humanidad cada vez más contestataria que reclama y defiende sus derechos ante los Estados Unidos en diversos foros internacionales.

Todo ello lleva a la conclusión de que el imperialismo yanqui está en decadencia, lo que no quiere decir que deje de ser muy peligroso.

Es sintomático que las encuestas de los últimos años sugieren que cuando se les pregunta si su país está “en declive”, entre el 60% y el 70% de los estadounidenses dicen que sí.

En los últimos años, cientos de miles de libros han sido vendidos en Estados Unidos con un mensaje similar, lo que llevó a un crítico a comentar que “el declive tiene la misma fascinación para los historiadores que el amor para los poetas líricos”.

Sin embargo, según algunos analistas las condiciones de este debate deben redefinirse. Por ejemplo, ¿se refiere el tema a la pérdida absoluta de poder por parte de Estados Unidos o a un incremento relativo en la proporción de la torta mundial que consumen otros? En esencia, este argumento debate si China se ha convertido en el país más dinámico y exitoso y si superará a Estados Unidos.

De acuerdo con algunas estadísticas, el debate puede resolverse rápidamente: China se lleva la victoria en cuanto a la economía y Estados Unidos alza el trofeo cuando se trata del número de portaaviones.

Casi todo el mundo está de acuerdo en que los estados Unidos todavía son preponderantes a nivel militar, aunque algunos expertos han mostrado su preocupación por las consecuencias a largo plazo del aumento en el presupuesto de defensa de China mientras cae el presupuesto del Pentágono.

Todos los historiadores involucrados en el debate sobre el declive están de acuerdo en que la época del Imperio Estadounidense no puede seguir por siempre. Después de todo, los grandes poderes surgen y caen. Muchos intentan establecer dónde creen que Estados Unidos se encuentra ahora en términos del pasado imperial británico.

Los más pesimistas tienden a ver analogías con la primera parte del siglo XX, después de la guerra de los Boer y antes del cataclismo de 1914. Es claro que hay similitudes entre el debate británico sobre el declive durante ese periodo y la actual introspección estadounidense.

Algunos analistas por ejemplo se muestran preocupados por el fracaso para controlar el déficit presupuestario y la posible aceleración de este proceso. Dicen que si los billones continúan subiendo, simplemente atender la deuda desplazará tipos más productivos de gasto, lo que crearía un espiral nacional descendente.

Un Imperio financiado por dinero sucio

Pero esto no es lo peor. Estados Unidos basa su poder imperial no solo en la rapiña y explotación de otros pueblos sino fundamentalmente en la permanente inyección en su economía de dinero sucio proveniente de todo tipo de actividades criminales.

Como se sabe, entre los tres productos que más se intercambian a nivel internacional están: el petróleo, las armas y las drogas. Hoy día, la producción y comercialización de estos productos los controla prácticamente un solo país, Estados Unidos.

EL PETRÓLEO: La demanda mundial de petróleo se ubica entre los 94 millones de barriles por día, según la Agencia Internacional de Energía, siendo Estados Unidos el mayor consumidor petrolero a nivel mundial con 11.500.000 barriles de petróleo diarios.

LAS ARMAS: Estados Unidos es el primer país productor y exportador mundial de armas. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, EE.UU. controla el 31 % del mercado internacional de las armas.

LAS DROGAS: Estados Unidos es el segundo productor de marihuana a nivel mundial. En cuanto a la heroína, Afganistán (invadida por Estados Unidos desde 2001) se constituye como el primer productor mundial de esta droga; y la cocaína sigue siendo Colombia (donde Estados Unidos opera desde el año 2000 con el “Plan Colombia”) el primer país productor de este cultivo ilícito en el mundo, superando su producción este último año.

La droga impidió la debacle económica del Imperio.

Es sabido que las drogas estimulan, deprimen y perturban el sistema nervioso, entorpecen el cerebro y producen distorsiones en las personas que las consumen. Millones de familias en el mundo han sido destruidas a causa de las drogas, ya que de su consumo se desprende la delincuencia, violencia intrafamiliar, y la muerte en muchos casos.

Según las Naciones Unidas en su Informe Droga 2015, 246 millones de personas consumen drogas en el mundo, de las cuales 182 millones consumen solo la marihuana, otros 48,9 millones de personas heroína, 17 millones cocaína y el resto de las personas consumen anfetaminas, éxtasis, entre otros tipos de drogas. Según la ONU, por año fallece un promedio de 187.000 seres humanos por consumo.

Sin embargo, la droga ha sido una de las ramas más importantes de la economía estadounidense, de acuerdo a un Informe publicado por la Subcomisión del Senado de los Estados Unidos en el año 2012. “cada año entre 300 mil millones de dólares y un millón de millones de dólares de origen criminal son lavados por los bancos a través del mundo y la mitad de esos fondos transitan por los bancos estadounidenses”.

Ello se une a la afirmación realizada en el año 2008 por el Director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito quien expresó que “Los miles de millones de narco dólares fueron los que impidieron el hundimiento del sistema norteamericano en el peor momento”.

A pesar de ello, Washington y los medios de comunicación pintan a Estados Unidos en la vanguardia de la lucha contra el narcotráfico, el lavado de dinero proveniente de las drogas y la corrupción política. La imagen es de limpias manos blancas luchando contra el “dinero sucio” proveniente del Tercer Mundo (o de los países ex comunistas).

La verdad es exactamente la opuesta. Los bancos de Estados Unidos han desarrollado un bien elaborado sistema de políticas para transferir fondos a Estados Unidos para invertir esos fondos en negocios lícitos o en bonos del gobierno norteamericano y, de este modo, legitimarlos. El Congreso norteamericano ha realizado numerosas audiencias, entregando detallados informes de las prácticas ilegales ilícitas de los bancos, ha aprobado diversas leyes y ha reclamado un endurecimiento de la regulación pública y del control de los banqueros privados. Sin embargo, los principales bancos continúan con sus prácticas, las cantidades de dinero sucio crecen exponencialmente, ya que ni el Estado ni los bancos tienen la voluntad y el interés de terminar con estas prácticas que les significan grandes ganancias y fortalecen a un imperio crecientemente frágil.

Hay consenso entre los investigadores parlamentarios norteamericanos, los ex banqueros y los expertos bancarios internacionales que los bancos estadounidenses y europeos lavan entre 500 mil millones y un billón de dólares en dinero sucio anualmente. La mitad de esa suma es lavada por los bancos norteamericanos. El senador Levin sintetiza así el problema: “Las estimaciones indican que entre 500 mil millones y un billón de dólares de origen criminal se mueven y depositan anualmente en los bancos. Se estima que la mitad de ese dinero viene a dar a Estados Unidos”.

En toda la década entre 2.5 y 3 billones de dólares de origen criminal han sido lavados por bancos norteamericanos y se mueven en los circuitos financieros norteamericanos. Sin embargo, la afirmación del senador Levin solamente se refiere a los dineros considerados de procedencia criminal, según las leyes norteamericanas. No incluyen transferencias ilegales ni flujos de capital hechos por dirigentes políticos corrompidos ni provenientes de evasión tributaria cometida en países extranjeros.

Un distinguido académico norteamericano, experto en finanzas internacionales y asociado al prestigioso Instituto Brookings, estima que el “flujo de dinero sucio desde los países en desarrollo (Tercer Mundo) y las economías en transición (ex comunistas) a las arcas occidentales es de 20 a 40 billones de dólares al año y el flujo estimado por concepto de simulación de precios en operaciones internacionales de comercio es de 80 billones al año o más. Mi cálculo más bajo es de 100 mil millones al año por ambos conceptos lo que representa un billón de dólares en el decenio y la

Los alegatos de la Subcomisión del Senado se confirman cuando una Corte Federal de Nueva York hizo público en el año 2012 la participación de los bancos estadounidenses HSBC, JP Morgan, Wells Fargo y Banks of América en el lavado de dinero proveniente del narcotráfico. En el caso del Banco HSBC se confirmó que en el año 2008 lavó 1100 millones de dólares del Cartel de Sinaloa con destino a Estados Unidos. En algunos de estos casos la Corte impuso multas pero ninguno de sus directivos o personal fue encarcelado.

Es evidente que en Estados Unidos existe una sociedad de cómplices, donde a través de las multas el Estado termina de legalizar el dinero del narcotráfico.

LA CIA y la DEA actúan de la mano

El negocio de la droga también le ha servido a Estados Unidos para subsidiar las actividades subversivas de la CIA en contra de otros Estados.

LA CIA y la DEA han actuado de la mano y como ejército de apoyo en el tráfico mundial de la droga, para financiar sus actividades secretas en el mundo, convirtiendo así a ese país en el coordinador mundial del Narcotráfico.

Cabe recordar que en los años 80, Estados Unidos financió a la organización liderada por Osama Bin Laden y el Talibán en Afganistán con el dinero obtenido de la heroína sacada de ese país hacia Europa Occidental.

Así mismo ocurrió en Centroamérica, cuando Estados Unidos financió a la contra nicaragüense con el dinero de la cocaína que extraían de Colombia, Perú y Bolivia.

Estos escándalos demostraron la hipocresía de Estados Unidos en su supuesta lucha contra el narcotráfico y revelaron su carácter de narco-Estado.

Responsablemente podemos afirmar que desde la intervención estadounidense en Afganistán se tenía prácticamente erradicada la producción de heroína, informes de la ONU así lo confirman, y es a partir del 2002 que ese país reinicia su producción, solo en el 2014 se produjo un estimado de 6500 toneladas de opio. Los mercados de Canadá, Estados Unidos y Europa son abastecidos desde el país invadido.

Igual ocurre con la producción de cocaína en Colombia, país que desde el año 2000 Estados Unidos implementa el Plan Colombia para palear el cultivo de este producto ilegal y la colocación de 7 bases militares, contrario a ello se ha incrementado la producción y abastece al mercado estadounidense y europeo.

Según la ONU, ese país incrementó en 2015 un 52m % la producción de esta droga, contando ahora con la producción de 442 toneladas métricas por año.

Valdría la pena preguntarnos: ¿Por qué podemos pensar que Estados Unidos ha dejado de servirse de este producto tan jugoso económicamente para financiar sus fechorías?

La creciente polarización del mundo está anclada en este organizado sistema de transacciones financieras criminales y corruptas que sustentan al decadente imperialismo yanqui. Mientras la especulación y el servicio de los pagos de la deuda externa cumplen un papel en el deterioro de los estándares de vida en las crisis regionales, el lavado de muchos billones de dólares sucios y la función de los bancos al servicio de la corrupción de gobernantes y altos funcionarios, sustentan la prosperidad occidental, el fortalecimiento del imperio norteamericano y su estabilidad financiera.

La escala, amplitud y oportunidad de las transferencias y lavado de “dinero sucio”, la centralización de las mayores empresas bancarias y la complicidad de los gobiernos lacayos de la región indican con fuerza que las dinámicas de crecimiento, de imperio y recolonización, están íntimamente ligadas a una nueva forma de capitalismo construida en torno al saqueo, el crimen, la corrupción y la complicidad

Resumiendo lo expuesto, el Imperio yanqui es deshumanizado, pues no tiene escrúpulos en usar los medios y los métodos más sanguinarios para lograr sus perversos propósitos. Al propio tiempo es decadente ya que es incapaz de generar valores morales consistentes y se ve obligado a recurrir al narcotráfico, el lavado de dinero y la corrupción para mantener su desquiciante sociedad de consumo.

Esta situación estructura y condiciona en gran medida la mentalidad reaccionaria, racista y ultraderechista de los actuales dirigentes norteamericanos, de los cuales Donald Trump es uno de sus más claros exponentes.

Al respecto, es interesante destacar que el periodista Nicolas J. S. Davies ha hecho un repaso a la historia del siglo XX y XXI y demuestra cómo fascistas, dictadores, narcotraficantes y señores de la guerra de todo el globo han gozado del patrocinio de EE.UU. en su implacable lucha por detentar el control mundial.

Producto de ello, no podemos dudar que detrás de la reciente tentativa de magnicidio contra el Presidente Maduro, se encuentran las garras ensangrentadas del imperialismo yanqui que aunque decadente, continúa tratando de eliminar físicamente a todo aquél que se oponga a su deshumanizada y criminal naturaleza.

¡Cuba y el mundo condenan resueltamente este vil atentado!

Ahora que una buena parte de los autores materiales de este repudiable hecho están detenidos y confesos, y las irrefutables evidencias obtenidas durante la investigación demuestran que los autores intelectuales y financistas radican en los Estados Unidos y Colombia, ¿qué dirán los medios de comunicación vendidos a la ultraderecha fascista? Tendrán el valor de reconocer la verdad o seguirán escondiendo la cabeza en la tierra como el avestruz para no ver que su amo, el gobierno norteamericano, es el máximo culpable de este aborrecible crimen.

Miguel Angel García Alzugaray

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