La aplicación del acuerdo sobre la creación de zona desmilitarizada en Idlib, alcanzado durante las conversaciones entre los presidentes ruso y turco el 17 de septiembre, no va a ser una tarea fácil.

Al día siguiente el Ministro de Defensa ruso Serguei Shoigu dijo que habían comenzado los trabajos para establecer un nuevo sistema de seguridad en la zona de desescalada de Idlib. Recordó que todas las armas pesadas deben retirarse de la zona desmilitarizada antes del 10 de octubre y que los grupos radicales deben retirar sus fuerzas antes del 15 de octubre.

Pero Al-Qaeda, el Partido Islámico Turco, Jaish al-Izza y Hurras Addin se niegan a aceptarlo y a retirar sus fuerzas y equipo militar de la línea de contacto. No queda otra que “obligar” a los yihadistas a cumplir el acuerdo. Por las buenas o por las malas.

Los medios de comunicación yihadistas ya han comenzado a decir que Damasco no respetará su parte del acuerdo, creando así un clima que justifica las acciones de Al-Qaeda y sus aliados, que es muy simple por lo repetido: la culpa es de Bashar Al-Assad.

En represalia por los ataques conjuntos lanzados el lunes por la noche por la OTAN, Israel y los yihadistas, las tropas del ejército regular están disparando proyectiles de artillería y misiles contra las defensas yihadistas en el norte de Latakia e Idlib.

La parte principal de la Guerra de Siria, que es Siria, tampoco ha estampado su firma en el acuerdo de Sochi.

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