Que en Cuba existe mayor o menor corrupción vinculada al oportunismo y la picaresca lumpen no es nada nuevo. Se reconoce oficialmente y se combate con mayor o peor fortuna.

Ahora bien, que sesudos economistas sigan dándole pábulo a la cuestión de las 15.000 famosas manzanas de La Puntilla (después de todo lo que se habló, después de que los implicados fueron castigados) “exiliándose” del mundo exterior con la que nos está cayendo a todos encima, incluida Cuba, llega a tal punto que hay que decir que la cosa ya es como la OEA: de risa. Y si encima se afanan en seguir dándole difusión, ya no es cosa de risa, sino de rabo de gusano.

Porque, al parecer la panacea es dar mayor autonomía, más poder, a los llamados cuentapropistas y, oh la lá, todo funcionará perfecto. Un mensaje típicamente neoliberal. La conclusión es que el Estado no sirve, sólo vale el mercado privado, sinónimo, y aquí lo sabemos de sobra, de corrupción y de mafias incluso en las empresas más pequeñas.

Sin embargo, he aquí que la tesis del mercado “libre”, la del que “sólo existe el mercado” la del “ya no hay Estado” la ha echado por los suelos precisamente EE.UU.-, quién lo iba a decir- con sus recientes medidas proteccionistas.

Y para que no me salten con lo del gallego etnocentrista (algo que me ha ocurrido en boca de supuestos “amigos”) que no lo soy ni por asomo por mi condición internacionalista, reitero, como lo he dicho mil veces, que gran parte de culpa de lo que se está viendo venir en Cuba (y ojalá me equivoque), y otros procesos donde ya se ha dado la vuelta, es nuestra, de quienes teniendo conciencia, moramos en el centro imperialista al que somos incapaces de debilitar para ayudar a nuestros hermanos de clase del Tercer Mundo.

¡Ojo! Independientemente de lo anterior, tengo derecho a la crítica y la denuncia sea Cuba, sea aquí, o sea en Pekín.

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