Elson Concepción Pérez

En Cuba estamos inmersos en el análisis del Proyecto de la nueva Constitución. También cubanos en otros países opinan y proponen modificaciones a su contenido.

En este contexto, los de aquí y los de allá, en la inmensa mayoría, exigimos la eliminación del bloqueo económico y comercial que ejerce Estados Unidos contra la Isla.

Todos coincidimos en que se trata de una flagrante violación, masiva y sistemática de los derechos humanos de todos los cubanos.

Pero, como en toda regla hay excepciones, también existen algunos asalariados al servicio del mal, ya sea anclados por Europa, o desde Estados Unidos; o alguno que otro en un país sudamericano, más los pocos que hay aquí.

Estos últimos prefieren acogerse a la Patria de todos y recibir los beneficios de salud, educación, cultura y otros, mientras cumplen con tareas como las de acusar a Cuba de violar los derechos humanos. Saben que es la forma ideal para que sus promotores y financistas foráneos les paguen pasajes y viáticos para viajar a lugares desde donde puedan denigrar a la Revolución Cubana.

Esos, en cualquier caso, son mercenarios al servicio de una potencia externa y como tales las leyes de cualquier país del mundo que se considere democrático, los sancionarían.

En el «paquete» mediático se inserta algún montaje de un video o fotos tomados desde algún celular cuando es requerido por alguna autoridad o reprendido por la propia población que bien los conoce y no acepta sus provocaciones.

Todo esto –créalo que es así– lo presentan bajo el paraguas de dos palabras: derechos humanos. De ello se encargan los medios que llenan la red de las más insólitas mentiras, tergiversaciones, o cuentos del absurdo imaginario de fabricantes de fábulas que no acaban de asumir, en casi 60 años, que nuestra obra es perfectible pero irreversible. Por eso estamos aquí como vencedores.

Así nos encontramos con algunos personajillos que cuando se aburren un poco en la tierra que los vio nacer, viajan con algún que otro cuento hasta la guarida de Miami, para que les paguen el salario acordado por cada acción provocadora que hagan.

Y cuando quieren que ese mes la «mordida» mercenaria sea mayor, pues cometen alguna infracción y filman el momento en que alguna autoridad les pide cuentas.

Por estos meses, donde todo el pueblo de Cuba participa en un verdadero ejercicio democrático en el análisis y discusión del Proyecto de la nueva Constitución, esas depredadoras aves de rapiña se mueven inquietas para lanzar calumnias contra nuestro país.

Incluso, son tan mercenarios que cumplen al pie de la letra con la orden de sus pagadores, para tratar de desviar la atención a lo que de seguro ocurrirá nuevamente en las Naciones Unidas cuando se vote el Proyecto de Resolución exigiendo que se ponga fin al bloqueo contra Cuba.

Para ellos el bloqueo es un invento cubano. A fin de cuentas son bien pagados por los mismos que se empeñan en asfixiar al país, en quitarle toda posibilidad de adquirir algún medicamento o comida: esos que siguen pensando que algún día la Isla formará parte, como apéndice, de Estados Unidos.

Pero, el ejercicio democrático que Cuba hace hoy es el de todos los días, es similar –no lo olviden– al que hicimos en el 2011, cuando nuestro pueblo aprobó el programa económico y social en curso, después de una discusión masiva y la presentación de 400 000 enmiendas al texto y la modificación de dos tercios de este.

Semejante ejercicio democrático es parte circunstancial del sistema que hemos escogido y que sin temor alguno llamamos socialista.

No son reformas neoliberales ni concesiones a organismos financieros internacionales. Forman parte de la génesis de la gigantesca obra que levantamos.

En los análisis actuales del Proyecto de Constitución, la masividad se hace evidente y quienes ya tuvimos la experiencia en una asamblea de barrio, pudimos constatar cuán cimentado está el pedestal en el que se afianza el sistema democrático cubano.

En nuestra nueva Carta Magna, la que saldrá del estudio, aportes y aprobación en referéndum de la ciudadanía, se deja bien claro que «defiende y protege el disfrute de los derechos humanos y repudia cualquier manifestación de racismo o discriminación».

De igual forma en el párrafo 138 del Artículo 39, se especifica que: «el Estado cubano garantiza a la persona el goce y el ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos, en correspondencia con el principio de progresividad y sin discriminación. Su respeto y garan­tía son obligatorios para todos».

En el párrafo siguiente, el 139, se concluye: «Los derechos y deberes reconocidos en esta Constitución se interpretan de conformidad con los tratados in­ternacionales de derechos humanos ratificados por Cuba».

Para una mayor comprensión por parte de todo el pueblo, se explica en el glosario que «indivisibilidad de los derechos» significa que los derechos humanos no pueden ser divididos ni fragmentados.

Que «interdependencia de los derechos» es reconocer que todos los derechos huma­nos se encuentran entrelazados unos con otros. «Para la realización de un derecho humano será necesaria la realización de otros derechos; si es vulnerado un dere­cho es innegable que se comprenderán violentados otros».

Y que «universalidad de los derechos» supone que todas las personas disfrutan de todos los derechos humanos, sin dis­tinción alguna.

Vale entonces recordarles a los agoreros del sistema y a los mercenarios que lo quieren destruir, que Somos Cuba y como tal la consulta popular es parte del proceso para hacerla mejor y perdurable.

Elson Concepción Pérez

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