Estaba cantado. Cuando Putin hizo su histórico discurso de marzo sobre las armas supersónicas que tenía Rusia os dije que se iniciaba una “guerra de las galaxias” al revés. Si en los años 80 del siglo pasado la URSS se volvió loca con eso, y supuso su desastre -junto a la esclerotización del Partido Comunista- ahora la situación es al revés: es EEUU quien va hacia el desastre. Consciente de su propia inferioridad militar, Trump ha dado el mismo paso en falso que dio la URSS: entrar en el bucle de la guerra armamentística.

Se puede discutir si EEUU tiene más recursos que los que tenía la URSS (y aquí hay que recordar cómo está decayendo el dólar como moneda de reserva mundial) y si Rusia va a entrar al trapo o no, pero lo que es indiscutible es que si hace medio año todo el mundo se sonreía con el anuncio de Putin y se decía que no, que bla, bla, bla, ahora adquiere carta de naturaleza: el abandono por EEUU del Tratado de Misiles Intermedios se hace porque los avances de Rusia en misiles hipersónicos ha dejado atrás a EEUU de manera irreversible.

La OTAN está realizando unas maniobras en Noruega como nunca se han visto antes. Es el estertor del agónico, un intento de demostrar a su clac que aún sirve para algo y que amenaza a alguien. Para nada. Aunque Rusia diga que esas maniobras con “amenazantes” y que tomará medidas, es parte del guión, también para consumo interno. Putin lo ha dicho ya varias veces, así que hay que hacerle caso: no hace mucho volvió a insistir en el peligro creciente de una guerra nuclear y dijo que Rusia se iba a llevar por delante al mundo entero si era atacada.

Putin es, en este caso, como Nasralá, el secretario general de Hizbulá: no habla por hablar. Lo hizo cuando en Siria la cosa se asienta, cuando en Corea en Norte y el Sur se dan de besos y cuando sólo hay un foco potencial, y menor, de crisis: Ucrania. Luego, aparentemente, la situación en el mundo se tranquiliza un poco. Pero no. La decisión de EEUU de retirarse de ese tratado de misiles pone todo patas arriba, otra vez.

Patas arriba relativamente. Mirad. No hace mucho os hablaba de Petra Kelly, fundadora de Los Verdes alemanes. Era encantadora. Ella y su gente fueron cruciales en la batalla contra las armas nucleares en Europa (nada que ver con sus sucesores, cómodamente instalados en gobiernos tanto con la Merkel como con los socialdemócratas, o sea, chupando de unos y de otros y defendiendo su política exterior de sumisión total a EEUU).

Petra Kelly, a quien conocí, me dijo que la URSS había firmado el tratado porque estaba débil (lo firmaron Reagan y Gorbachov en 1987) y que EEUU tenía una ventaja abrumadora en cuanto a las armas de precisión no nucleares que en aquella época eran capaces de atacar misiles estratégicos soviéticos dentro del primer ataque masivo no nuclear. Es decir, que EEUU tenía capacidad para resolver sus problemas estratégicos sin usar misiles de alcance intermedio, pero Rusia no. Al impulsar el tratado, EEUU dejaba aún mucho más débil a la URSS.

Y la URSS desapareció, y con ello todo el mundo dio por hecho que seguía su inferioridad en ese campo. Pero el sorprendente desarrollo y modernización del ejército ruso ha supuesto un vuelco total. Porque Rusia, sin violar técnicamente ese tratado, ha logrado superar en calidad de armas a EEUU. Es decir, invierte la situación de hace 30 años. Esta, y no otra, es la razón del paso dado por EEUU.

Por lo tanto, volvemos a la misma situación que hace 30 años aunque con una diferencia: entonces el movimiento antinuclear y antiguerra era muy fuerte en Europa y ahora es inexistente. Porque los nuevos misiles que fabrique o modernice EEUU se van a instalar en Europa de la mano de la OTAN. En los años 80 los misiles de EEUU que apuntaban a la URSS (y a China, en menor medida) estaban en Europa, Japón y Corea del Sur. El deshielo coreano hace resbaladizo ese terreno, como lo hace resbaladizo la recomposición de relaciones entre Rusia y Japón y China y Japón. Por lo tanto, sólo queda un lugar: Europa. No sé si pilláis que son misiles de alcance intermedio, es decir, que tienen que estar cerca de Rusia. Y salvo que yo sea muy malo en geografía, EEUU no está cerca de Rusia. Así que pensad.

Alemania e Italia, otra vez (como en los 80), Polonia y Rumanía son los lugares donde se instalarán esos misiles. Europa, otra vez, demuestra que no es nadie en política exterior y que es muy buena vasalla de EEUU.

Es una doble constatación, que EEUU ha perdido tal vez de forma definitiva su superioridad militar y que Europa no es nadie, ni lo será nunca, siempre sumisa a los deseos de su patrón.

Sin embargo, esto tiene otra historia a desarrollar: va a unir aún más a Rusia y China. Os lo contaré otro día.

El Lince

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