La visita el lunes del vicepresidente chino Wang Qishan a Israel encabezando el cuarto Comité de Innovación entre ambos países, ha causado mala sensación entre los palestinos y los árabes en general.

Es el más alto dirigente chino que ha visitado Israel en casi 20 años. En abril de 2000 el anterior presidente chino Jiang Zemin fue el primero en visitar Israel.

El vínculo entre Pekín y Tel Aviv es ahora mucho más extenso que hace 20 años, como muestran las cifras de negocios. Poco después del intercambio de misiones diplomáticas entre los dos países en 1992, el comercio comenzó a aumentar. La campaña BDS de boicot a Israel no va con China. La inversión china en Israel ha aumentado exponencialmente, de 50 millones de dólares a principios de los noventa a 16.500 millones de dólares en 2016.

Durante esta visita, a Qishan se unió Jack Ma, fundador de Alibaba, la primera empresa de comercio electrónico de China. Jack Ma también estuvo en Israel en mayo para preparar el terreno para la cumbre actual, que debería conducir a nuevas inversiones masivas. Una gran parte de las inversiones estarán orientadas a la tecnología, lo que hará que la naturaleza de la relación chino-israelí sea diferente de la que existe entre Pekín y los países árabes durante décadas.

El comercio total de China con los países árabes, estimado en 171.000 millones de dólares, también es significativo. Sin embargo, su naturaleza es diferente en comparación con el comercio entre China e Israel. China es uno de los principales clientes de la industria informática israelí, mientras que su comercio con los países árabes se centra principalmente en la venta de bienes de consumo baratos y, más recientemente, en la venta de equipo militar.

Israel aspira a entrar en la Ruta de la Seda, que puede convertir al puerto de Haifa en una de las terminales más importantes en el Mediterráneo, un proyecto que, sin embargo, ha sacado a la luz los importantes enfrentamientos internos entre la cúpula sionista del Tel Aviv, que no acaba de verlo claro, así como la oposición de Estados Unidos.

Washington tampoco acepta que Tel Aviv comercie con tecnología militar estadounidense con China y ha obligado a cancelar la venta del sistema de alerta temprana aerotransportado Phalcon.

Los palestinos tampoco lo ven con buenos ojos pero, naturalmente, por razones bien distintas. Durante años China ha mantenido constantemente su posición a favor del pueblo palestino, pidiendo el fin de la ocupación israelí y la creación de un Estado palestino independiente. Sin embargo, eso no le ha impedido intensificar sus relaciones con Israel.

Los chinos son pro-palestinos pero quieren ser pro-israelíes. Critican la ocupación a la vez que ayudan a mantenerla. Llaman a Israel a respetar el derecho internacional, al tiempo que alientan al sionismo contra Palestina.

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