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El fascismo no es una u otra política económica sino una forma de dominación política de tipo terrorista

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Juan Manuel Olarieta

“A la fuerza ahorcan”, dice el refrán, y el socorrido “auge de la ultraderecha” sigue poniendo sobre el tapete un fenómeno que casi todos se habían empeñado en ocultar, como si fuera una antigualla… hasta que han visto la soga alrededor del cuello.

Antes sólo unos pocos hablaban de este tipo de fenómenos, pero ahora son más los que le dan vueltas a la cabeza porque, una vez superada una primera barrera, el fascismo les amenaza a ellos de manera directa, por eso que tanto se repite: “el fascismo avanza si no se le combate”. Al no haberlo combatido, al silenciarlo, el fascismo salta de la trinchera en la que se había mantenido hasta ahora.

Entonces Ricardo Aronskind publica un artículo (*) en el que nos propone eso, que hablemos del fascismo, que es “una categoría política precisa”, para concluir que el argentino Videla o el brasileño Bolsonaro no son fascistas. “No son como Hitler y Mussolini”, dice el subtítulo del artículo.

Evidente. No hay confusión de identidad posible. El siglo XXI tampoco es la posguerra; han pasado 80 años. Latinoamérica no es Europa. La URSS ha desaparecido, la Internacional Comunista también… En fin, así podríamos seguir enumerando diferencias importantes entre unos y otros.

También es evidente que el fascismo se utiliza como un adjetivo, normalmente para desacreditar a personajes, partidos o incluso Estados y, como todo adjetivo, se añade con mucha ligereza.

Los problemas comienzan cuando se pretende definir al fascismo, el viejo y el nuevo, de una manera sustantiva, como un fenomeno político que cambia con el tiempo, se viste y se desviste para ocultar su naturaleza en medio de siglas, calificativos y autodefiniciones que se separan o se alejan del III Reich, de Mussoloni, de Franco, de Vichy, de Metaxas…

Porque el fascismo no sólo cambia con el tiempo, sino que es camaleónico: su pellejo muda de un país a otro, porque las clases y la lucha de clases no son las mismas en todos los países del mundo, por más capitalistas que sean. En su camuflaje local, el fascismo recurre a eso que Aronskind califica como “nacionalismo”, que no es otra cosa que demagogia patriotera en virtud de la cual los fascistas se atribuyen la exclusiva de “la nación” y todos los demás se tienen que marchar fuera.

Es absolutamente imposible deducir el fascismo como categoría mínimamente precisa sin aludir al imperialismo, algo que no aparece en el artículo de Aronskind, donde las referencias son tópicos sobre la “globalización” y el “neoliberalismo”, lo cual refuerza la demagogia fascista de que ellos están contra ambas cosas, precisamente porque son “nacionalistas”.

El fascismo no es una u otra política económica. Como decía Dimitrov, es una forma de dominación de la burguesía en la época del imperialismo, que tiende a la reacción en todo el mundo, es decir, a resolver las contradicciones recurriendo a la violencia, tanto en el exterior como en el interior de cada país.

Tanto Mussolini como Hitler o Franco no fueron nunca “nacionalistas” sino que llegaron al poder y se mantuvieron en él como consecuencia del apoyo de las potencias imperialistas más fuertes de la época. En los años treinta los capitales alemanes difícilmente se podían diferenciar de los de otros países, como Estados Unidos. El “estatismo” y el “intervencionismo” en la economía no son rasgos característicos de los países fascistas sino que correspondían a cualquier otra potencia de aquella época.

Los marxistas lo llaman “capitalismo monopolista de Estado” y lo que diferencia a la política económica de entonces respecto de la de ahora no es más que un cambio en las formas de intervención del Estado, no la intervención misma, que es inherente a la etapa actual del capitalismo, es decir, al imperialismo.

Así pues, lo que diferencia a los países fascistas de otros que aún mantienen ciertos rasgos del decoro tradicional con que la burguesía impuso su dominación, no puede ser ese llamado “neoliberalismo” sino esas diferentes formas de dominación política que se ejercen contra la clase obrera y las organizaciones revolucionarias.

Sostener que un régimen, como el de Videla, que secuestraba, torturaba y arrojaba a los detenidos desde un avión, con absoluta impunidad, no es fascismo es una verdadera aberración. Es lavar la cara al fascismo moderno tanto como al antiguo y atar de pies y manos a quienes quieren combatir al fascismo y preguntan por la experiencia histórica del proletariado en la lucha contra el fascismo y en defensa de las libertades

(*) https://www.lahaine.org/mundo.php/brutal_actuacom_policial_empanha_estreia

1 COMENTARIO

  1. Hasta donde yo conozco, Olarieta es el único individuo que tiene pensamiento auténticamente comunista, y que es capaz de aplicarlo certeramente a casos emergentes concretos. Aquí Olarieta nos deleita recordando el real significado del concepto “fascismo”, que como tantos otros, intentan ser banalizados con la intención destruir la teoría que la clase trabajadora ha ido desarrollando en su lucha por avanzar hacia su libertad y bienestar, en la solución descrita por Marx.

    Por años he leído a Olarieta, y si bien encuentro excelentes sus artículos, alguna vez llegué a determinar que si bien es imprescindible defender lo verdadero frente a lo falso, el avance de los trabajadores necesita más que eso, necesita lo que dijo Stalin en “Fundamentos del leninismo”: “Los trabajadores deben ser educados y forjados, constituyendo una fuerza capaz de dirigir el país”.
    Defender la verdad frente a la mentira es lo que hoy se conoce como “pensamiento crítico”, pero el pensamiento crítico podrá ser todo lo que necesita un juez, más no es suficiente para dirigir un país. Para esto último, fuera de reconocer la verdad, se necesita exponer que hacer en el tema concreto.

    Olarieta llaga a dar un atisbo a que hacer cuando dice que el fascismo es “una forma de dominación”. Lamentablemente, ese que debiera haber sido el punto de partida para lo verdaderamente necesario, quedó como una pequeña frase inmersa dentro de la defensa de la verdad.
    Y así expresado, mostrando la categoría pero no el grado, el caso concreto de los asesinatos de Videla quedan sin su base teórica.
    A Mahatma Ghandi se atribuye una proposición que explica bien el grado: “Primero te ignorarán. Si te va bien, dirán que estás loco. Si te sigue llendo bien, intentarán matarte”
    Ahí queda claro lo que es el fascismo, es el más alto grado, el exterminio y el genocidio del oponente

    Habiendo ya avanzado en la idea de Stalin, que hacer más que solo exponer la verdad, queda claro que el fascismo no es un sistema de dominación, ya que este se aplica a los vivos y no a los exterminados
    A los comunistas si se les ha aplicado el exterminio, al menos en dos ocasiones: Los nazis que mataban de inmediato a todo soviético identificado como comunista, y en Indonesia, donde uno de los asesinos se jactaba de que “los matamos a todos”

    Para comprender entonces que es el fascismo, debemos profundizar en el objetivo de lo sistemas de dominación. Los sistemas de dominación son una herramienta dentro del propósito de la mantención y reproducción de la sociedad
    Siguiendo a Ghandi, mientras la situación está bajo control, se utiliza los sistemas de dominación, y entonces, el ignorar y el decir que está loco
    Cuando la situación se escapa, se utiliza el fascismo, esto es, el exterminio y el genocidio

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