Una manifestante de unos 60 años murió este sábado atropellada por un vehículo en el sureste de Francia durante una de las numerosas protestas ciudadanas por todo el país galo contra el aumento de los impuestos a los carburantes, conocidas como las de los ‘chalecos amarillos’, y que han dejado ya 227 heridos —entre los que figuran cinco gendarmes y un bombero—, seis de ellos graves.

Según informó el ministro del Interior, Christophe Castaner, una mujer que llevaba a su hija al médico se empotró contra un cordón de manifestantes en Pont-de-Beauvoisin (sureste de Francia) al entrar en pánico cuando estos golpearon su coche. La mujer, que estaba bajo una fuerte conmoción, fue arrestada por la Policía.

“Algunas personas han golpeado su vehículo. Ella entró en pánico, aceleró y mató a una persona. Esa persona entró en un primer momento en parada cardiorrespiratoria y después murió”, detalló el prefecto (delegado del Gobierno) de Saboya, Louis Laugie.

3.000 manifestaciones por toda Francia

Esta protesta no había sido declarada a las autoridades, como gran parte de las 3.200 concentraciones organizadas de forma espontánea en todo el país y que han sido secundadas por más de 282.700 participantes.

En total, el Ministerio del Interior ha llevado a cabo 117 arrestos en dichas movilizaciones, de los cuales 73 han quedado bajo custodia policial.

Algunas de las principales vías afectadas se situaron en el norte del país: la nacional 1338 entre el ponte Flaubert a Ruán; nacional 814 de Caen; la nacional 136 en Rennes; la autopista 77 Bonny/Loire; la nacional 165 en Vannes; la autopista 84 en Guilberville; y la autopista 11 en Angers.

También fueron bloqueadas algunas gasolineras y acceso de peajes en autopistas y la policía tuvo que intervenir lanzando gases lacrimógenos en una concentración en Alta Saboya (sureste). La mayoría de las protestas no habían sido comunicadas a las autoridades, lo que dificultó el control policial.

Quiénes son los ‘chalecos amarillos’

El movimiento, que ha ampliado su radio de demandas a la carga tributaria en general y es ajeno a los partidos y los sindicatos, supone un nuevo órdago para el Ejecutivo de Emmanuel Macron, que decidió aumentar los impuestos de los carburantes para promover la transición energética.

Muchos de los ‘chalecos amarillos’ (gilets jaunes) viven en zonas urbanas alejadas de las grandes aglomeraciones francesas y aseguran que el coche es su único medio de transporte.

Este movimiento, cuyo nombre alude a la prenda fluorescente que es obligatorio llevar dentro de los vehículos, tienen un masivo apoyo de la población francesa, del 74%, según una encuesta publicada este viernes.

Durante la protestas han pedido la dimisión de Macron, al que acusan de preocuparse solo de la elite y de dejar a las clases medias a su suerte. “Mis hijas, profesoras, hacen 83 kilómetros al día. Su gasto en gasolina va a aumentar en 60 euros”, lamentó François, un jubilado que se manifestó en solidaridad con lo que viven muchos de sus ciudadanos.

Subida del impuesto de los carburantes

Con ingresos por valor de 33.800 millones de euros previstos para 2018, el impuesto sobre hidrocarburos o TICPE es el cuarto ingreso fiscal más importante para el Estado francés por detrás del IVA, los impuestos sobre la renta y las empresas.

Se espera que el TICPE aumente su valor cada año hasta 2022, con otros 3.700 millones adicionales, según el Gobierno. Esta subida está relacionada con el llamado plan de transición energética con el que Francia quiere eliminar la dependencia de la economía de los combustibles fósiles, así como fomentar el desarrollo de las energías renovables y cumplir con los compromisos firmados en los Acuerdos de París contra el Climático para reducir el calentamiento global.

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