La pasada semana la película “Donbass” de Serhiy Loznitsa, que representará a Ucrania en los Oscar, recibió el Giraldillo de Oro en el Festival de Sevilla en lo que supone la llegada a España de un film que muchos en Donbass, Rusia e incluso en Ucrania han considerado un insulto contra la población de la RPD y la RPL, en estado de guerra y en condiciones de bloqueo económico completo desde 2014. Pese a los premios, la película ha sido un fracaso en taquilla.

Para deshumanizar a la población de Donbass

Artículo Original: Andrey Manchuk

La película “Donbass”, dirigida por Serhiy Loznitsa ha sido presentada oficialmente en los prestigiosos festivales de cine de Toronto y Cannes y el Comité Ucraniano para los Oscar ha decidido que se represente a Ucrania en los Oscar en la categoría de mejor película en lengua extranjera.

De hecho, esta obra pone al cine ucraniano a la par con el famoso Peter Jackson. Viendo a los protagonistas de “Donbass”, se reconoce inmediatamente a los conocidos orcos y duendes de las trilogías fantásticas “El Hobbit” y “El señor de los anillos”. Imaginen a esas ridículas, feas y crueles criaturas vestidas de camuflaje, con rifles, lazos de San Jorge y botellas de vodka en la mano y tendrán una imagen bastante precisa de “Donbass” y sus habitantes según los ven los mejores representantes de la cultura contemporánea ucraniana.

Pese a la ironía de la comparación de Jackson con Loznitsa, el paralelismo no parece ser una coincidencia. Inmediatamente me vino a la memoria la propaganda política que se producía en la campaña electoral en la sede de Yulia Timoshenko y que aún se puede encontrar en YouTube. Entonces, en las elecciones de 2010, los estrategas políticos ucranianos explotaron activamente la idea de los orcos de Jackson, con los que representaban al potencial electorado de Viktor Yanukovich. En primer lugar estaban los residentes de Donbass. La película de Loznitsa se plantea la misma tarea, escasamente creativa y más bien política, de deshumanizar a los residentes de esa región rota por la guerra y explotar otros elementos que fácilmente se adaptan a la actual línea de clichés propagandísticos.

“El film está compuesto por una serie de sketches con los que el autor intenta presentar a los residentes de Donbass como una especie de corruptos y alocados personajes caricaturizados, algunos de los cuales se ven obligados a vivir en cuevas y refugios antiaéreos; otros carecen de forma humana; otros se dedican a ganar dinero con los negocios en territorio controlado por Kiev y la última categoría ocupa las propiedades de otros”, escribió el crítico de cine de Kiev Andrey Nedzelnitsky. Las escenas de “Donbass” están escritas en un estilo grotesco y exagerado incluso para nuestra propaganda nacionalista. Es posible que la película esté diseñada principalmente para las ignorantes audiencias extranjeras que no saben prácticamente nada sobre la realidad social de la situación en las regiones del este de Ucrania.

“El hecho de que esta película esté llena de odio y desprecio por la población de las zonas de la región que no controla el Gobierno ucraniano no es una sorpresa. No se podía esperar una película diferente del autor de “Maidan”. Ya desde el tráiler, la película no causa otra cosa que asco y no hay nada nuevo ni interesante más allá de eso. Esta película es una versión para exportar de la propaganda nacionalista ucraniana en la que, en lugar de los símbolos de la Unión Soviética, la audiencia ve fanáticos ortodoxos con eslóganes. Al fin y al cabo, el antisovietismo y anticomunismo ucraniano consumido por la audiencia doméstica difícilmente iban a ser comprendidos entre los espectadores occidentales. Así que, en la realidad que presenta esta película, los casieuropeos ucranianos protegen la civilización occidental de la versión ortodoxa del Estado Islámico. Aunque cualquier patriota ucranianos sabe que en Donbass vive el proletariado sin Dios educado en las fábricas y minas soviéticas”, escribió el bloguero de Dnipropetrovsk Alexander Mitrofanov.

Loznitsa es consciente de ello. En una entrevista concedida a Ukrainskaya Pravda, afirmó que la principal razón de la guerra es el pesado legado y la persistencia de los sovok [insulto utilizado contra las personas que no han renegado de la herencia soviética-Ed]. “La principal razón es que siguen viviendo con una conexión a la Unión Soviética. Aunque hayan cambiado de pasaporte, siguen siendo los mismos ciudadanos soviéticos. Nos va a costar mucho tiempo deshacernos de esa conexión. Y salir de esto también costará mucho tiempo”, afirmó el director ucraniano. Así que su representación se puede ver como un ejemplo del clásico racismo social, que demoniza a los oponentes políticos del actual régimen ucraniano presentando el diálogo con ellos como absolutamente imposible.

Esto, por fin, ha llamado la atención de muchos ucranianos. “Una visión horrible de Donbass por las protestas antigubernamentales. Un film oportunista hecho para festivales y desde las posiciones ucranianas correctas a ojos de Occidente. Trece historias con un montaje basura deprimente. Tan exagerada que no hay quien se lo crea. La trama no atrapa al espectador. Tengo la impresión de que lo que quería decir el autor con esta película es: construid un muro y rodead Donbass de cemento”, comentó en la presentación la periodista de Kiev Yana Novoselova.

La lógica de presentar a la población como viciosos orcos que no tienen remedio, atrincherados en sus oscuras almas, es lo que Loznitsa presenta como los últimos vestigios de la conciencia del malvado imperio soviético. Así que los guerreros de la luz deben ir a por ellos en una implacable cruzada de fuego y espada en busca, no ya del santo grial, sino de la recién encontrada lucha por el derecho a una iglesia ortodoxa patriótica ucraniana y unos eslóganes de los que nadie puede reírse.

Los proyectos ucranianos de los últimos tiempos, centrados en la promoción de la ideología nacionalista oficial, culminan en alegatos a la guerra santa contra el enemigo. Es más, Loznitsa supera el valor de sus competidores. Recientemente se ha estrenado en Ucrania la cinta de intrigante título “El diario secreto de Simon Petliura”, que ha causado indignación entre los más dedicados conocedores del particular género de la épica nacionalista.

Resaltando la completa ausencia de talento de la nueva película, que presenta a Petliura como una víctima inocente de los bolcheviques y su agente, el anarquista Samuel Schwartzbard (más gasolina al fuego del antisemitismo que inflama el país), los críticos subrayaron que en la producción de esta polémica obra se han gastado casi cincuenta millones de grivnas del presupuesto del Estado. Y no es de extrañar, porque el director de la película es uno de los principales directores de Ucrania, Oles Yanchuk, que tras la victoria de Maidan lideró el estudio Alexander Dovzhenko. Es más, no solo utilizó la oportunidad para actuar junto a su hija en la película, sino que también dio un papel al ministro de cultura Yevhen Nyschuk, lo que da a entender algunos de los motivos para el generoso apoyo económico a una película completamente incompetente.

“Tras verla, tengo que mostrar mi acuerdo con la mayoría de los críticos. Porque el diario secreto apenas está; Beniuk es un desastre en el papel de Hrushevsky; Yevhen Nyschuk debería recordar que, siendo ministro, es mejor no salir en las películas que cofinancia, aunque solo sea para evitar a los críticos; el montaje es soviético-primitivo; las escenas de acción están terriblemente rodadas y la interpretación es un caso aparte. Francamente, la película no ofrece más que un drama mediocre. El Petliura de Yanchuk es un robot que solo tiene una función: estar triste por sus heridas, sentirse apenado por Ucrania y decir estupideces. Según el director, debería verse como una película patriótica. Pero dudo que alguien sienta simpatía al verla. Por no hablar de emoción. Es improbable que la audiencia vea a Petliura como un héroe, un ejemplo a seguir”, se lamentó el crítico del diario Den.

“Yanchuk no piensa en la película. Yanchuk piensa en la relevancia política y en que, bajo la bandera de la descomunización y otros procesos de revisionismo histórico, se puede vender a la audiencia y a las autoridades de la cultura esta basura insoportable horriblemente montada, dirigida, escrita e interpretada. En su intento por mostrar un personaje con diferentes aristas, Yanchuk cae en el abismo de la banalidad, incompetencia y nepotismo”, escribía otra crítica publicada en la edición de Levy Bereg bajo el representativo título: Películas que avergüenzan: qué falla en “El Diario secreto de Simon Petliura”.

Es un título perfectamente apropiado que se podría aplicar también a “Donbass” de Loznitsa, “Ciborg”, “Chervoniy” y todas las demás obras modernas de propaganda patriótica. Nuestra audiencia debería avergonzarse al darse cuenta de que el cine contemporáneo ucraniano se limita a problemas primitivos, vulgar propaganda e incitación al odio contra los sovok y orcos.

Mientras tanto, en Donetsk se celebró un concierto en el que los residentes locales cantaron canciones populares ucranianas en lengua ucraniana, denostando, una vez más, que la imagen que se presenta de ellos no es más que una mentira.

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