El Partido Popular (PP), se abstuvo recientemente en una moción del parlamento burgués que condenaba los crímenes del franquismo. Alega que nunca lo hará mientras no se incluya una enmienda donde se exija incluir la “ilegalización de fundaciones o asociaciones que exalten al comunismo e ideologías populistas que fomenten el enfrentamiento entre ciudadanos”.

Por fin la democracia de la que participan el PP, sus votantes y muchos más, dio el paso supremo mostrando su verdadera intención como dictadura burguesa: excluir al proletariado, con lo cual confirma lo que siempre niega: la existencia de la lucha continua de clases irreconciliables hasta que una aplaste a la otra porque es cosa del “pasado”, obsoleto. Gracias, señores del PP por ser tan sinceros y dejar a sus socios de clase, con el trasero al aire.

Una hipotética ilegalización de los grupos y partidos comunistas españoles supondría una regeneración, el cambio de una camisa sucia por una camisa limpia. Estoy seguro de que en la clandestinidad actuarían de manera coherente y contundente porque ya no estamos en los tiempos del traidor Carrillo que con su peluca a cuestas (sufragada por el régimen) imploraba la legalización burguesa para vivir del cuento del “eurocomunismo”. Ello propició le ilegalización y desaparición posterior de partidos comunistas revolucionarios, algunos de sus dirigente aún están presos.

Sin embargo sí que estamos en tiempos de dictaduras fascistas que se recrudecen como tales, a cada día que pasa. Por tanto no hay tiempo que perder. Ellos ya dieron el primer paso. Hay que responder de momento, pero ya, creando una línea clandestina revolucionaria paralela en aquellos grupos populares que estén dispuestos a ello, pese a que aún se les tolere cierta actividad legal “no peligrosa” para la oligarquía. En definitiva, comunión entre lucha teórica y práctica.

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