Bush, Tony Blair y Aznar concibieron y ejecutaron la guerra contra Irak, que costó más de un millón de muertos y heridos. Foto: Archivo Granma

Elson Concepción Pérez.— «Las relaciones de #España con #Cuba son prioritarias para nuestro país. Siempre defenderemos el interés de España en todos los foros».

Así respondió Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, a las críticas y cuestionamientos que hiciera José María Aznar –sin que nadie le pidiera opinión–, muy interesado en que Sánchez condicionara su visita a Cuba a reunirse con los grupúsculos contrarrevolucionarios.

Citado por la agencia EFE, Aznar se vanaglorió de que, en su etapa al frente del Gobierno de España, no tuvo relaciones ambivalentes con el país caribeño, sino que promovió la Posición Común de la UE contra la Isla.

Esto es lo más reciente en una historia que deben conocer las actuales generaciones de cubanos, o al menos recordar quienes la sabíamos, porque desnudan a un personaje que todavía hoy «vive» de su aberración contra Cuba, a la que quiso destruir y, por supuesto, no pudo ni podrá.

Este es el caso de José María Aznar, quien fuera presidente del Gobierno de España por el Partido Popular (PP), de 1996 al 2004, y quien, días después de jurar su cargo, su primer anuncio fue el de «suspender la cooperación oficial con Cuba».

Pero, tan cínico como el propio anuncio fue que Aznar lo hiciera en una conferencia de prensa conjunta con el vicepresidente estadounidense de entonces, Al Gore, quien, sorprendido, le agradeció el gesto inesperado, le dio una palmadita en el pecho y lo catalogó de «buen muchacho».

Así describe el diario español El País al personaje que ahora, además de mantener su obsesión contra Cuba, ha puesto en la mirilla de sus diatribas a la República Bolivariana de Venezuela.

Recientemente fue recibido en la Casa de Nariño, residencia del presidente colombiano, Iván Duque. Allí, el pequeño y diabólico personaje dijo: «La crisis humanitaria de Venezuela es brutal, es tremenda, y eso en mi opinión no se soluciona con ningún tipo de diálogo político absolutamente contraproducente».

Esa frase, que puede tener varias lecturas, involucra a Aznar en cualquier aventura de otra índole –incluyendo la militar– que se pretenda realizar contra la nación bolivariana.

Lo de «…no se soluciona con ningún tipo de diálogo político» puede inferirse como un llamado al uso de otras fórmulas. ¿Cuáles pueden ser? La vuelta a las guarimbas, la invasión militar con pretexto humanitario, o es que Aznar tiene otra «solución» para un país que ni le ha pedido consejo, ni acepta injerencia como la que profesa este personaje.

De igual forma, Aznar insiste en que al presidente Nicolás Maduro se le lleve ante la Corte Penal Internacional, por «violaciones de los derechos humanos».

Es decir, la garantía de una salud pública y una educación de calidad y gratuita para todos los venezolanos es violatoria de los derechos humanos, según los patrones de Aznar.

Haber construido más de dos millones de viviendas dignas para las familias más pobres de Venezuela, también es violatorio y por ello debe sancionarse. Resistir a los embates de Estados Unidos, a sus sanciones económicas y comerciales y a su guerra de desinformación, también es culpa de Maduro y por ello debe ser
juzgado.

Todo esto lo propone un José María Aznar, que cuando fue presidente del gobierno español, formó parte del trío que «fabricó» la guerra de invasión y ocupación contra Irak, que ha costado más de un millón de muertos y heridos. ¿Ya Aznar fue juzgado por aquel genocidio? ¿Cuántos años de prisión merecen Bush, Tony Blair y Aznar por semejante acción, que fue una violación masiva de los derechos humanos y un crimen de lesa humanidad? ¿Han cumplido alguna pena que no sea, como en el caso de Aznar, la de andar por el mundo promoviendo campañas anticubanas, antivenezolanas y antilatinoamericanas?

Recurro nuevamente al artículo de El País, cuando recuerda que, antes de asumir el poder en España, como candidato del PP, hizo giras por Centroamérica y Estados Unidos, paseando en el avión privado del entonces jefe de la mafia cubano-americana de Miami, Jorge Mas Canosa, quien presidía el negocio de la contrarrevolución denominado Fundación Nacional Cubanoamericana.

En aquella, como en otras tantas ocasiones, además de viajar gratis, servía de ridículo bufón al servicio de las peores causas.

Relata el citado diario español que meses después, «“el caballerito” promovió en la Unión Europea una posición común que condicionó las relaciones de la UE a la democratización y avance de los derechos humanos en Cuba, enfriando durante casi dos décadas los intercambios entre la Unión Europea y Cuba».

Como pocos en este mundo, Aznar ha sido uno de los más despreciables políticos de la era moderna. Y lo sigue siendo.

En contraposición con la factura de ese personajillo, durante su reciente viaje a Cuba, el actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, dejó claro que «los obstáculos que encontremos en el camino no van a impedir ni ralentizar el aumento de los vínculos comerciales y económicos entre ambos países. España seguirá impulsando las inversiones en Cuba».

Y enfatizó en un mensaje: «España no va a escatimar esfuerzos para que su presencia en Cuba brille a la altura de la amistad y el respeto que España tiene por el pueblo cubano».

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