Entre 2000 y 2014 China emprendió más de 4.400 proyectos de desarrollo en 138 países, lo que le convierte en una de las principales fuentes de financiación de la infraestructura económica en varios continentes, pero especialmente en algunos de los países más pobres.

Los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda indican claramente que el objetivo crucial de China es contrarrestar la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Pekín invierte en países del primer mundo, con prioridad en la adquisición de tecnologías a través de la compra de acciones en las empresas en cuestión, así como en adquisiciones para aumentar los vínculos comerciales en general.

El país adopta diferentes estrategias cuando invierte en países en desarrollo o desarrollados, pero el principal objetivo de las inversiones chinas son países muy poblados que pronto se convertirán en consumidores de productos chinos. Las inversiones abren nuevos mercados al consumo.

China también compra instalaciones existentes o las construye nuevas para generar crecimiento en las economías de los países más pobres para transformarlos en socios comerciales.

En el futuro esos socios pueden desempeñar un papel cada vez más importante como mercado para los productos chinos y punto de apoyo de la introducción del yuan en el sistema financiero internacional.

La nueva Ruta de la Seda trata de crear un espacio financiero único en un territorio que abarca toda Eurasia, así como parte de África y Oceanía.

La influencia económica de China en varias regiones en desarrollo ya está al mismo nivel que la de los países occidentales, o incluso por delante, como en el caso de África.

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