Los Cascos Azules mauritanos de la ONU encargados del mantenimiento de la paz en la República Centroafricana de Minusca han sido acusados de complicidad en la masacre de Alindao cometida el 15 de noviembre, en la que unas 60 personas fueron asesinadas, según un testigo presencial, Benoît Lallau, miembro de Cáritas (*).

El jefe de Minusca es un representante especial del Secretario General de la ONU en la República Centroafricana. Desde su cargo se dedica a redactar comunicados de prensa condenando -siempre muy enérgicamente- los asesinatos de unos u otros, pero no hace absolutamente nada por impedirlos.

Alindao es un centro de acogida para los numerosos refugiados que huyen de la guerra. Los pueblos de la periferia quedaron calcinados y no se puede contabilizar el número de víctimas con exactitud.

Entre las víctimas del obispado de Alindao hay dos sacerdotes que fueron martirizados. La parroquia católica fue diezmada y los lugares de culto arrasados por jóvenes de la Unión para la Paz en África Central (UPC) de Ali Darassa Mahamat, originario de Níger.

La UPC es el nombre que recibe en la actualidad la antigua Seleka, que desató una ola de terror con la llegada al poder de Michel Djotodia Am Nondroko, tras el Golpe de Estado de 2013.

Ali Darassa Mahamat impone el terror en la región bajo la mirada indulgente de los Cascos Azules mauritanos. En 2015 el encargado de negocios estadounidense pidió inútilmente al jefe de Minusca que detuviera a Ali Darassa Mahamat.

Como Libia, Somalia y otros, la República Centroafricana es un Estado follado por los imperialistas. A pesar de que el Estado casi ha desaparecido por completo (o precisamente por ello), el dinero desde el exterior sigue fluyendo y no en pequeña cantidad: sólo el coste operativo de Minusca es de 1.000 millones de dólares.

En la capital, el Presidente Touadera y su clan familiar derivan cada céntimos hacia sus bolsillos y para que nadie se queje, ha integrado a la oposición en su gobierno. Todos se reparten el pastel. Entre sus asesores presidenciales se encuentra Hassan Bouba, uno de los dirigentes de la UPC, la misma que acaba de arrasar Alindao y sus alrededores.

En la República Centroafricana la ONU no mantiene la paz; mantiene las matanzas. Si algún día ocurre un milagro y deja de haber matanzas, se acaba el flujo del dinero.

(*) https://www.la-croix.com/Monde/Afrique/sait-lattaque-contre-leveche-dAlindao-Centrafrique-2018-11-17-1200983758

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