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Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo

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Si el Washington Post es el más fiel portavoz de la CIA (además de Amazon), el periódico británico The Guardian es el equivalente de los servicios secretos británicos. Así lo prueba su reciente falsificación de las reuniones entre Julian Assange y Paul Manafort, quien fuera director de campaña de Trump.

La documentación indica, además, que se trataba de una falsificación deliberada.

El 27 de noviembre The Guardian estaba a punto de publicar un artículo en el que afirmaba que Manafort se había reunido con Assange en la embajada ecuatoriana en Londres al menos en tres ocasiones. Alrededor de dos horas antes de que la “noticia” se publicara, Katherine Viner, redactora jefe de The Guardian, se puso en contacto con los abogados de Manafort y Assange para recabar sus comentarios.

Assange respondió a través de su cuenta pública de Twitter, que cuenta con 5,4 millones de seguidores, entre ellos Viner.

Una hora y media después, se publicó el artículo de The Guardian, firmado por Luke Harding, que se anunciaba en la primera página para estimular la persecución judicial de la “pista rusa” en la victoria electoral de Trump.

Además, aseguraba The Guardian, los correos electrónicos publicados por WikiLeaks habían sido capturados por espías rusos de los servidores del Partido Demócrata.

El artículo no mencionaba el desmentido público de Wikileaks a sus millones de seguidores en las redes.

Ocurrió lo de siempre: a los papanatas les faltó tiempo para hacerse eco del sensacional artículo servido desde Londres, por el “siempre fiable” The Guardian.

Toda falsedad obliga a reconstruir la verdad desde el principio, lo que en este caso no era difícil porque a los intoxicadores de The Guardian les fallaron varios detalles: la embajada ecuatoriana en Londres está bajo la vigilancia de cámaras de circuito cerrado de televisión.

Además, los visitantes deben acreditarse antes de entrar, por lo que estaba chupado: si Manafort hubiera visitado Assange, no cabría ninguna duda posible.

A mayor abundancia: el firmante de la intoxicación, Harding, es el típico híbrido entre espía y periodista. Antiguo corresponsal del periódico en Moscú, su nombre ya salió a relucir hace un año por ser un farsante de la pluma (1) y autor de un libro titulado “Colusión: reuniones secretas, dinero negro y cómo Rusia ayudó a Trump a ganar”, que pueden comprar en la cloaca Amazon (2) para cotejarlo con una entrevista grabada que se puede escuchar en YouTube (3).

Cuando el entrevistador le dice que el libro no contiene absolutamente ninguna evidencia que apoye sus conclusiones, Harding dice que sólo está “contando historias” o, en otras palabras, que se lo ha inventado.

El intoxicador tiene otro libro sobre Snowden de la misma factura: basura fabricada por el espionaje para consumo de tarados y mequetrefes. Pero si prefieren les dejamos la opinión de Assange: “garabatos en la más pura expresión del término”.

Después de que se publicara la intoxicación del The Guardián, Manafort también desmintió las reuniones: “Nunca he conocido a Julian Assange ni a ninguno de sus familiares”, dijo. “Nunca he sido contactado por nadie en relación con Wikileaks, ni directa ni indirectamente. Nunca he contactado con Assange o Wikileaks sobre ningún tema. Estamos examinando todas las opciones legales contra el Guardián, quien continuó con esta historia incluso después de que mis representantes le informaron que era falsa”.

Entonces, el periódico maquilló discretamente la noticia, añadiendo advertencias en el título y en varios párrafos, aunque sin informar a los lectores de los cambios introducidos. También añadieron un párrafo para incluir el desmentido de Wikileaks.

Pero no fue suficiente para tapar la intoxicación, por lo que el periódico tuvo que publicar una declaración y volvió a retocar otra vez el texto del artículo.

Tampoco fue suficiente: al día siguiente el Washington Times les deja con el culo al aire al mostrar los pasaportes de Manafort, que demuestran que no había estado en Londres en los momentos en los que The Guardian asegura que visitó a Assange.

Blanco y en botella: como ya hemos dicho, a través de The Guardian, el espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia, donde Assange y Snowden juegan el papel de “colaboradores” del Kremlin y donde los Skripal han sido víctimas de un pérfido intento de asesinato de connotaciones rocambolescas.

Por su artículo tan chapucero, en cualquier periódico riguroso, el payaso de Harding debería estar despedido. Si no es así es porque sus padrinos del MI6 le sostienen contra viento y marea.

(1) https://www.moonofalabama.org/2017/12/washington-post-russia-sham.html
(2) https://www.amazon.com/Collusion-Secret-Meetings-Russia-Helped/dp/0525562516
(3) https://www.youtube.com/watch?v=9Ikf1uZli4g

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