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Como las hojas de los árboles en otoño

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Así son los “chalecos amarillos” de Francia, la “revuelta de los palurdos“, como despectivamente la calificaron los niñines y las niñinas post-modernos, una mezcla de colores que, como las hojas de los árboles en otoño, muestra con su belleza que se puede poner en jaque al sistema. Ayer el pequeño Bonaparte hizo un gesto: retrasar hasta mediados del año que viene la entrada en vigor del impuesto sobre los combustibles. Un retraso, un aplazamiento, no una retirada en toda regla. Un tipo como él, un tipo como todos los defensores del sistema, es incapaz de retroceder ante el empuje de la calle (curioso, lo que alentaron él y otros como él en la mal llamada “primavera árabe” no es de recibo aquí). Ha sido obligado a hacer un gesto, y lo ha obligado la lucha en la calle, sin miedo, sin tapujos y sin dejarse intimidar por las consabidas acusaciones de “terrorismo”. Una calle colorida y que lucha, disfruta y siente.

Sólo el sábado pasado, día 1, la policía francesa contabilizó 1.619 lugares en toda Francia donde se llevaron a cabo acciones de los “chalecos amarillos”. Y lo hizo para decir no damos a basto, no podemos con ellos, nos tiene que ayudar el ejército. Es lo que pide, también, la buena gente, los ricos indignados porque les han quemado sus coches Mercedes, Audi o BMW (hay quien ha contabilizado que el 87% de todos los coches quemados el sábado son de esas marcas). Y el pequeño Bonaparte sabe que eso son palabras mayores, pero quiere contentar a los policías con un aumento de sueldo. O sea, que no hay dinero para pensiones, sanidad, transporte público, etc., pero sí lo hay para sueldos de los mamporreros. Es una cuestión de prioridades y las suyas están muy claras. Como lo están las de la misma policía, el Ministerio del Interior y de Justicia francés pidiendo “sanciones ejemplares” en los juicios a los cientos de detenidos. ¡Menos mal que hay separación de poderes, y todas esas estupideces habituales de los “demócratas”! Por cierto, un dato: el ministro del Interior es un tipejo que fue militante del Partido Socialista hasta que le reclutó el pequeño Bonaparte. A esta gente se le da muy bien la porra: también el secretario general de la OTAN es un tipo socialdemócrata.

Por eso la lucha de los “chalecos amarillos” tiene que apoyarse, porque es una revuelta cada vez más clara contra el poder y contra el sistema. Es un grito muy importante, sin nada que ver con lo vivido aquí en el Estado canalla (más conocido como España) no hace mucho, un grito de hartura contra el sufrimiento impuesto por la plutocracia de Bruselas, un grito de angustia por el futuro y una muestra admirable de enojo contra la injusticia social.

El despertar de la ciudadanía francesa es envidiable, a años luz de otros despertares que duraron justo el tiempo que se tarda en coger otra postura para echarse a dormir, allá por el mes de mayo de hace cinco años. El chaleco amarillo es lo que te pones cuando sales del coche, para que te vean. Ese símbolo es para que el poder les vea, es una advertencia contra las élites arrogantes, contra la oligarquía que se viene burlando de la voluntad del pueblo desde hace tanto, tanto…

Hasta ahora ese poder, esa oligarquía, ha actuado con impunidad, metiendo miedo (“terrorismo”), pero ya no cuela por mucho que los medios de propaganda hagan su labor denigrando. La arrogancia, la manipulación es la norma en unos defensores de una Constitución (sí, aquí también) que hace aguas y solo defiende los intereses de los depredadores capitalistas.

Por eso el poder recompensa a sus esbirros, porque tienen que hacer el trabajo sucio. Y ahí están los francotiradores, listos a proteger a sus amos, prestos a aplastar las hojas coloridas de los árboles otoñales.

Algunos datos importantes: la caída en las ventas de los supermercados ha sido del 25% durante este mes, pues una de las reivindicaciones de los “chalecos amarillos” es la ayuda al pequeño comercio; la caída en las reservas de hoteles de París ha sido del 33% tras el último fin de semana, lleno de gases lacrimógenos lanzados por la policía; las empresas concesionarias de las autopistas, Vinci y Eifagge, están viendo cómo caen en picado sus acciones en la Bolsa porque los “chalecos amarillos” han abierto los peajes y desde hace casi un mes no se paga por transitar por ellos… Cuando esta gente comienza a perder es cuando presiona para que se negocie. Ahora lo están haciendo con el pequeño Bonaparte y de ahí su obligado gesto.

Tenga o no futuro este movimiento, pase de ser espontáneo a organizado o no ya ha abierto una página impresionante no sólo en Francia, sino en toda Europa. Esa moribunda Europa ha recibido una sacudida impresionante, aunque aún no mortal para la plutocracia. Pero se están tentando la ropa, ahora sí.

P.D.- Me cuenta mi amiga Danielle una cosa muy importante. El pequeño Bonaparte ha tenido que ceder en parte no tanto por las acciones en la Francia continental como en la Francia “de ultramar”, es decir, en las colonias. Allí también hay “chalecos amarillos”. Y es que las colonias están, literalmente, desabastecidas. Especialmente la isla de Reunión (está cerca de África, cerca de Madagascar). Aquí hay cerca de 3.000 contenedores sin descargar en los puertos, se ha prohibido el acceso de los petroleros (con lo que no hay combustible), los estantes de las tiendas están vacíos y la economía se ha paralizado. Los “chalecos amarillos” se encargan del reparto de comida gratis total, por supuesto. El temor del pequeño Bonaparte y de quienes le auparon al gobierno es que la situación se repita en Nueva Caledonia, en Guadalupe, en Martinica… Hace poco hubo un referéndum en Nueva Caledonia sobre la autodeterminación, un referéndum pactado con la metrópoli (como en Escocia) y ganó, por poco, el no. Ahora todo el mundo dice que sería sí, y eso impide dormir en París porque se acabarían “las provincias de ultramar”.

El sábado habrá más movidas y el día 14 ¡por fin! los sindicatos despiertan del todo, especialmente la CGT, que ya mantuvo una dura pelea hace dos años contra la Ley del Trabajo. Y ganó. Está claro que las revueltas no conducen necesariamente a revoluciones, pero también está claro que las conciencias evolucionan cuando se lucha y cuando esa lucha es alimentada por un punto de vista de clase.

Vienen buenos tiempos, espero.

El Lince

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