Los manifestantes antigubernamentales se enfrentaron a la Policía frente al Parlamento, pero acabaron batiéndose en retirada cuando los agentes del orden público recurrieron al empleo de gases lacrimógenos y aerosoles con gas pimienta para dispersar la protesta.

Los indignados gritaron consignas en contra del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, a quien se le había solicitado que se opusiera a los últimos cambios introducidos en la ley laboral que, según los sindicatos y otros opositores, perjudicarán a los trabajadores.

​El Parlamento húngaro aprobó unas enmiendas al código laboral que los detractores del mismo tildaron de “ley de esclavitud”, pues permite aumentar las horas extra hasta 400 al año y extender hasta 36 meses el período en el que los empleadores deben pagarlas.

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