El pasado domingo, medio centenar de miembros de Falange participaron en el homenaje franquista al almirante Luis Carrero Blanco, muerto en atentado en diciembre de 1973, que se celebró en Santoña, Cantabria. El acto, encabezado por Valeriano Pérez, del Movimiento Falangista de dicha localidad costera, comenzó con una misa a las 12:30 horas en la iglesia de Santa María del Puerto, continuó con un acto-homenaje a los pies del monumento en honor al que fue presidente del gobierno franquista entre junio y diciembre de 1973 y concluyó con el lanzamiento al mar de una corona de laurel y salvas de honor.

Probablemente os preguntaréis: ¿qué relevancia podría tener el hecho de que un reducido grupo de falangistas rindiera homenaje a uno de los suyos?

El caso es que durante todo el acto se exhibieron banderas españolas de la dictadura franquista y símbolos de Falange, vulnerando la Ley de Memoria Histórica que prohíbe la exhibición pública “de forma constante y permanente de banderas y símbolos franquistas, así como de cánticos que lo enaltecen”.

Lo más grave peor del asunto es que, pese a la denuncia lanzada ya en 2015 por el Alcalde de Santoña, el socialista Sergio Abascal, el acto contó, una vez más, con la autorización de la Delegación del Gobierno en Cantabria, DESDE JULIO EN MANOS DEL SECRETARIO GENERAL DEL PSOE DE CANTABRIA, PABLO ZULOAGA, detalle que incluso la organización falangista mencionó para reforzar la legitimidad del acto.

Contribuyendo de este modo a la escandalosa normalización de los homenajes franquistas, el PSOE no parece ver contradicción alguna entre su lema “somos la izquierda” y el flagrante incumplimiento de la Ley de Memoria al autorizar un evento de estas características.

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