Cuando el tío acudió con su coche, poco después de las doce de la noche del domingo, al aparcamiento del McDonald’s de Melilla constató como “unos cuatro hombres” habían inmovilizado a su sobrino I.C.M., de 17 años, español perteneciente a una familia musulmana, y “al menos otros dos le golpeaban”. El adolescente pedía auxilio en vano hasta que uno de sus agresores “le agarró por el cuello” y ya no le salía un hilo de voz, según rememorar el familiar.

El tío acababa de ser advertido por uno de los dos menores que acompañaban a su sobrino de lo que estaba pasando delante del restaurante de comida rápida. “Estuve pescando con los tres chavales durante toda la tarde del domingo hasta bien entrada la noche, pero a medianoche les dije que se volvieran a casa” porque era ya una hora avanzada, recuerda.

“Volvían con sus cubos y sus cañas de pescar cuando se cruzaron con estos tipos, en estado de embriaguez, que les abofetearon llamándoles “moros de mierda” y diciéndoles “menas” asquerosos largaros a Marruecos”, prosigue su relato. Los “menas” son los menores marroquíes no acompañados tutelados por la ciudad y que con frecuencia deambulan por sus calles. “Dos de ellos lograron escapar, pero no así mi sobrino”, precisa.

La paliza a un menor ha causado “alarma social” en la ciudad autónoma donde los musulmanes constituyen la mayoría de la población, según reconoce Sabrina Moh, la delegada del Gobierno, en un comunicado. Por eso ordenó el martes la apertura de un expediente disciplinario a cinco agentes –el tío sostiene que fueron más- cuya actuación “no puede manchar el buen nombre de los profesionales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (…)”. Moh promete “llegar al fondo del asunto” y ruega que “no se lleven a cabo juicio paralelos”.

El tío, que a causa de su profesión pide que no se publique su nombre, se bajó del vehículo en el aparcamiento para intentar parar aquel tormento, pero dos de los agresores le amenazaron con que, si no se daba media vuelta, también le pegarían. El hombre se puso al volante y acudió a la Jefatura Superior de Policía a pedir ayuda.

La paliza provoca alarma social en la ciudad y la delegación del Gobierno expedienta a los cinco agentes

Los policías se desplazaron hasta el lugar de los hechos por el que ya había pasado la Guardia Civil porque esa zona de Melilla es de su incumbencia. Los agentes del instituto armado no tomaron cartas en el asunto cuando los hombres que rodeaban al chaval tendido en el suelo se identificaron como miembros de la Policía Nacional aunque estaban fuera de servicio e iban vestidos de paisano, siempre según el relato del tío.

La paliza se detuvo, por fin, cuando llegaron los compañeros policías de los que propinaban puñetazos y patadas al menor. El adolescente fue detenido y esposado. Pese a tener “policontusiones por todo el cuerpo” y sangrar de la boca y la nariz fue introducido en el furgón policial para ser trasladado al hospital comarcal mientras que algunos de los policías que le golpearon se subieron a una ambulancia.

Estos pusieron después de una denuncia contra el menor por contusiones, cortes y luxaciones, pero el único que quedó ingresado en el hospital fue el joven I.C.M. “Le han reventado a palos”, explicaba Lamia Mimón Amar, la madre del adolescente que estaba ese día en el hospital acompañando a otro de sus hijos ingresado por enfermedad.

“Su cara no se puede ni mirar”, prosigue Lamia Mimón. “No puede comer bien, no puede abrir la boca”. Tiene “un mordisco en la oreja y otro en el hombro”. “Mi hijo es español de toda la vida”, recalca marcando distancias con los “menas” que tanto rechazo suscitan por parte de la población melillense. “Mi hijo no tiene antecedentes, no es ningún delincuente”.

El tío se presentó el lunes 17, con un abogado, en el juzgado de guardia para poner una denuncia por un delito de lesiones y otro de odio con el agravante de que, al ser policías en activo, habrían sido cometidos por agentes de la autoridad cuya identificación solicita. El denunciante pide además la adopción de medidas cautelares que incluyen la detención de los agresores por su “peligrosidad”, la custodia de las imágenes tomadas por las cámaras de seguridad del McDonald’s y se pregunta por qué no fue la Guardia Civil la que se hizo cargo de la investigación al haberse producido el suceso en un área que es de su competencia.

Mustafa Aberchán, el líder de Coalición por Melilla, la principal formación de oposición al Partido Popular que gobierna la ciudad, declaró el lunes “no poder entender que un niño sea merecedor de tal agresión”. Lo sucedido es, según él, “más propio de otros tiempos” cuando la comunidad musulmana sufría discriminación. Exigió que se depuren cuanto antes las responsabilidades.

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