El Presidente de facto deja el poder con un rechazo a su gestión de casi el 80 por ciento de los brasileños. Aquí te presentamos la situación en la que queda Brasil tras dos años de políticas neoliberales.

Después de orquestar un golpe de Estado parlamentario contra la expresidenta Dilma Rousseff, Michel Temer se hizo con el poder y ejerció en Brasil un Gobierno de facto marcado por medidas de ajuste económico y privatizaciones, vulnerabilidad de los derechos laborales y reducción de las políticas públicas orientadas al apoyo de los sectores populares.

A solo días de cumplirse el plazo para dejar el Gobierno el próximo 31 de diciembre, Temer acumula un rechazo en su gestión de casi 80 por ciento, de acuerdo con los datos de la encuestadora Ibope.

El 74 por cierto de los brasileños considera que el Gobierno del presidente de facto fue muy malo o pésimo y un 88 por ciento no está de acuerdo con la forma en la que se manejó el país.

Al aproximarse el fin de su gestión, te presentamos la situación en la que queda Brasil tras dos años de políticas neoliberales.

Ajuste económico

Durante el primer año de Gobierno de Temer, el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil cayó 3.60 por ciento, acompañado por una reforma laboral rechazada por la clase trabajadora del país, a través de la cual el Gobierno acabó con derechos laborales conquistados en 30 años.

Asimismo, fueron despedidos miles de funcionarios de la administración pública.

En la actualidad la deuda pública brasileña alcanza el 84 por ciento del PIB, mientras que la producción en el sector industrial cayó 6.6 por ciento.

Política de privatizaciones

Las políticas de ajuste que degeneraron en despidos masivos estuvieron acompañadas durante estos dos años por una serie de privatizaciones de empresas públicas.

  • 14 aeropuertos
  • 13 puertos
  • 4 hidroeléctricas
  • Pozos petroleros más productivos de Brasil
  • Centrales de abastecimiento de Minas Gerais

Vulneración de derechos laborales

La polémica reforma laboral impulsada por Temer trajo el aumento de las jornadas laborales a 12 horas, con 36 horas de descanso, y la creación de contratos intermitentes que no garantizan el pago del salario mínimo.

Asimismo, fueron eliminados los cobros de horas extras, bonos adicionales, trabajos nocturnos y de horas de desplazamientos.

Por otra parte, aumentaron las tasas de desempleo. De acuerdo con los datos publicados por Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), el desempleo durante el gobierno de Temer pasó de 11, 2 por ciento (en mayo de 2016 ) al 13, 1 por ciento (en abril del 2018).

El presidente de facto aseguró que con la reforma laboral se generarían seis millones de empleos, sin embargo solo se generaron 700 mil puestos.

En la actualidad 12.8 millones de brasileños se encuentran desempleados.

Recorte de programas sociales

Michel Temer redujo casi por completo las políticas sociales, en 2016 se dejaron de entregar 80 mil bolsas integrales ofrecidas por el programa Universidad para Todos (Prouni), asimismo se redujo el 94 por ciento de las inversiones en el programa «En mi Casa Mi Vida».

Estos recortes en las políticas sociales, se suman al crecimiento del hambre en la población. En la actualidad, 11.7 millones de brasileños pasan hambre.

Así se encuentra Brasil después de dos años de gestión de Michel Temer y esta tendencia no parece que vaya a cambiar con su sucesor, Jair Bolsonaro. De hecho Temer ha dejado al recién electo presidente un plan en el que se prevé la privatización de 75 empresas estatales entre las que destacan la estatal eléctrica Electrobras y la Casa de la Moneda.

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