Hemos sabido que la salud del preso político comunista Manuel Arango Riego ha sufrido un empeoramiento, con una alteración de la tensión arterial, por lo que ha sido trasladado al módulo de enfermería de la cárcel de Herrera de la Mancha.

Manuel arrastra una salud muy delicada como consecuencia de la represión sufrida a causa de su práctica revolucionaria. Para entender su estado de salud actual debemos hacer referencia a una de sus detenciones. Fue en el año 1982, mientras realizaba su trabajo político en la cuenca minera astur-leonesa. Era la época de la guerra sucia, de los GAL y de los “tiros en la barriga”. Y así fue, la Guardia Civil irrumpió en casa de sus padres, donde se encontraba, y fue tiroteado en el abdomen delante de ellos. A pesar de estar desangrándose y necesitar urgentemente una operación le trasladaron al hospital penitenciario de Carabanchel para ser interrogado. Allí le extirparon gran parte del intestino. Esto le ha provocado úlcera duodenal, oclusiones intestinales y fuertes dolores. Con las transfusiones de sangre le transmitieron la hepatitis C, algo muy habitual por entonces en la sociedad española y que ha provocado numerosas muertes. En su caso, esta enfermedad le ha ocasionado una importante cirrosis hepática que cursa con un enorme cansancio. Además, padece de artrosis general y tiene varias hernias discales que le provocan ciática crónica.

Tiene 69 años y recientemente pudimos verle declarando como testigo en el juicio a nuestro compañero Alex, de Resistencia Films. Le vimos sirviéndose de un bastón para poder caminar y visiblemente afectado por el traslado desde la prisión hasta la Audiencia Nacional, a pesar de que el abogado pidió que la declaración se hiciera mediante videoconferencia desde la cárcel para evitar su sufrimiento.

Como de costumbre, el Estado incumple sus propias leyes. Primero por no poner en libertad a los presos gravemente enfermos para que sean tratados adecuadamente. Y segundo, si no concede la libertad al preso enfermo, en los traslados debe al menos asegurar que se realicen en óptimas condiciones. Es decir, en su caso, en ambulancia y no en un furgón convencional.

Con dicho historial clínico podemos hacernos una idea de que cualquier esfuerzo por pequeño que parezca puede ser fatal para la salud de Manuel. Por todo ello, debemos denunciar por todos los medios posibles que Manuel está bajo la custodia de Instituciones Penitenciarias y el Ministerio del Interior, y por lo tanto son responsables de su salud y de lo que pueda sucederle. Por último, recordemos también que en 2014 su compañera Isabel Aparicio falleció en la prisión de Zuera víctima de la misma desatención sanitaria.

IMPIDAMOS UN NUEVO CRIMEN DE ESTADO EN PRISIÓN

¡¡LIBERTAD PRESOS POLÍTICOS ENFERMOS!!

¡¡AMNISTÍA TOTAL!!

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