(…) Te escribo desde la enfermería de la prisión de Herrera, en la que estoy desde hace unos 20 días. Todo comenzó después de venir de Valdemoro, a donde, de manera sorpresiva, fui trasladado para testificar en defensa de un cineasta antifascista acusado de “apología del terrorismo” por denunciar la represión contra los presos políticos entre otros aspectos. Fuimos convocados: Arenas, Balmón y yo. A mí me tocó testificar sobre todo lo que rodeó a la situación de Isabel hasta desembocar en su fallecimiento. Para mí fue duro este cometido, por lo sangrante del hecho que me tocó directamente y que así continúa. Como comprenderéis, atenazado por la ira, no dejé “títere con cabeza”, acusé a todos los organismos y hasta personas por el crimen de Estado.

Debido a las duras condiciones (traslados, estancia, etc.) tan pronto llegué a Herrera, dado mi estado de salud, pasé directamente de ingresos a la enfermería sin pasar por el módulo.

La cuestión es que se me agravó la ciática, la arterioesclerosis (que cada vez avanza más) y la tensión arterial estaba peligrosamente disparada con riesgos cardíacos y cerebrales. Comencé los tratamientos intensivos que los mantengo. Así que aquí pasaré mis 70 años que los cumplo dentro de unos días (…)

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