Los intentetos de desligar al franquismo del fascismo

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«Entre los círculos intelectuales de la «izquierda» como Podemos se ha vuelto a poner de moda el reflexionar si algunas de las experiencias fueron fascismo o no. Véase las discusiones en el programa de Pablo Iglésias llamado Fort Apache.

Al franquismo se le ha intentado tachar «de régimen sin ideología», de «autoritarismo conservador», de «régimen autoritario», «régimen totalitario», de «dictadura sincrética» y una inifinidad de terminología vacía que en realidad quiere desligar al franquismo de su esencia fascista.

Más allá del intento de lavado de cara, lo cierto es que el fascismo español llamado «nacionalsindicalismo» de José Antonio Primo de Rivera, condensado en el partido Falange Española de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FE de las JONS) fue la ideología adoptada por el franquismo, partido que en 1937 se fusionó con los carlistas de Comunión Tradicionalista (CT) dando lugar al partido único del régimen franquista: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), también llamado Movimiento Nacional, al cual se sumaron a la fuerza los militares sin partido o las corrientes más extremistas del catolicismo. Más allá de las guerras internas entre las llamadas familias del régimen y más allá de los intentos del franquismo de barnizar su imagen radical en el momento de la derrota de los países fascistas en la Segunda Guerra Mundial, el fascismo fue la ideología fundamental del régimen franquista como se postuló en los artículos de la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de algunos de los 9 puntos fundamentales de Falange Española creados en 1933. Véase nuestro documento «¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?» de 2014. De igual modo los cargos y las materias relacionadas con la cuestión ideológica del movimiento siempre estuvieron bajo manos de los falangistas, incluso en el último periodo de decadencia, algo que no se suele mencionar.

Generalmente quién evita exponer esta documentación y estos clarividentes hechos históricos suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini, para intentar no crear antipatías hacia él, sabiendo que el público los relaciona al fascismo y las consiguientes connotaciones negativas. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

¿Qué características tenía el fascismo fundamentalmente según Dimitrov?:

1) Se le puede definir como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

2) Su advenimiento no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta.

3) El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes.

4) El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas.

5) El fascismo especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias.

6) El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

7) El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil.

8) El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable».

9) El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses.

10) Impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

¿Y que era el franquismo y las corrientes que dominaban en lo ideológico el régimen? Esto mismo.

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros– que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franquismo, franco-falangismo o como quieran llamar al periodo de 1939-1975 no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre que es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles.

Por tanto hay que entender de una vez que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Tampoco hay que descuidar la necesidad de poner en tela de juicio las teorías de los ideólogos semianarquistas como se ha venido haciendo en este documento [con el PCE (r)], los cuales, dominados por la metafísica que creen que todo régimen que reprime es automáticamente tachado de fascista –¡como si en la democracia burguesa no se reprimiese!–, mención especial a aquellos que también creen que una vez instaurado el fascismo la burguesía no puede marchar hacia la democracia burguesa para salir de su crisis institucional –así lo creen pese a que se ha demostrado lo contrario en infinidad de países en las últimas décadas–. Estos señores comparten sin duda con los propios fascistas la falta del conocimiento y escaso dominio de la dialéctica». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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