¿Y todavía preguntan?

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Este sábado ha sido el Acto IX de los “chalecos amarillos” franceses, con más participantes que la convocatoria anterior pese a las amenazas y al miedo que intentó extender el gobierno. El movimiento no decae, crece. Lo reseñable ha sido que en varias ciudades, en cinco exactamente, se echó de las manifestaciones, o se atacó, a los paniaguados de los medios de propaganda (antes llamados “de comunicación”). Sorpresa total. Sesudos medios como Le Monde editorializan sorprendidos: “¿De dónde viene la desconfianza a los medios de comunicación?”.

Voceros del poder, posicionados con el poder desde siempre, y de forma especial durante las nueve semanas que lleva ya la revuelta, se encuentran ahora con una desagradable sorpresa para ellos: sólo el 24% de la población confía en su “imparcialidad y objetividad” y el rechazo se extiende. Cuando día tras día, semana tras semana, mes tras mes desde los púlpitos audiovisuales o escritos se ataca a los “chalecos amarillos”, se ningunean sus propuestas o se destroza a sus integrantes con acusaciones de todo tipo la respuesta de ayer tenía que llegar. Es el cansancio, es el hastío, es la ira… “Una ola de odio contra los medios de comunicación”, titula el “progre” Liberation para relatar las movilizaciones del sábado…

¿Y todavía preguntan por qué se les odia? ¿De verdad hace falta la respuesta?

La situación que sufren ahora es la consecuencia de cómo están tratando los medios de propaganda la revuelta. Y como han visto las orejas al lobo comienzan a aparecer informaciones sobre la brutalidad policial, hasta ahora minusvaloradas cuando no negadas u ocultadas. Por ejemplo, ya se habla abiertamente de los cerca de 3.000 heridos, casi 100 de ellos de gravedad. Y se publican gráficos, como este de Liberation.

Y lo que se ve, y lo que hasta ahora ocultaban los medios de propaganda es que la policía dispara a la cabeza pese a que los protocolos de la propia policía dicen que no, que debe ser a otras partes del cuerpo.

Ha tenido que producirse el Acto IX, ha tenido que expulsarse o atacar a algunos periodistillas para que los medios de propaganda publiquen la realidad. Los heridos graves, y heridas como Fiorina, no pueden ocultarse pero sí reducir sustancialmente el número de heridos, que este medio de propaganda baja a los 1.700, muy por debajo de los 2.891 que se contabilizaban hasta el sábado. Pero ya es una cifra considerable que hasta ahora habían ocultado. ¿Por qué? Si no hace falta la pregunta que ellos se hacen, tampoco hace falta esta. En los dos casos la respuesta es evidente. Sobre todo, porque las calles de Francia están empapeladas con imágenes como las que veis, de heridos por la violencia policial y dónde recibieron los impactos.

Se supone que esta gente que trabaja para los medios de propaganda es ciudadana, que sale a la calle y mira lo que ocurre a su alrededor. Si estos carteles están por toda Francia ¿cómo es que no se han hecho eco de lo que recogen hasta ahora? Es igual, no busquéis la respuesta porque está muy clara sólo con seguir la lectura o viendo u oyendo a los medios de propaganda.

Liberation sigue su reportaje haciendo una entrevista a la policía, como no podía ser de otra forma, y sacando la cara por ella y por cómo reprime. Entre otras cosas, dice que son mil los heridos entre la policía (¿de verdad se puede herir a los robocop? no van a cuerpo descubierto como los manifestantes precisamente) y que la policía está investigando 78 de estas actuaciones sobre “presuntos abusos policiales”. ¿Presuntos? Cuando el propio protocolo policial dice que no hay que disparar a la cabeza no son presuntos, son abusos sin más. Liberation -el icono de los “progres”-, como el resto de medios de propaganda, vuelve a la casilla de salida, a situarse donde siempre, al lado del poder. Por un momento han dado la palabra a la realidad, a la verdad, pero cubierto el expediente vuelven a su trinchera con la aureola, ahora, de que han sido agredidos y que los “chalecos amarillos” “atacan a la libertad de expresión”.

De nuevo gracias a mi entrañable amiga Danielle, voy a echar una mano a estos impresentables y a facilitarles un poco el trabajo. Sólo con entrar en esta página pueden encontrar nombres y fotografías de unos cuantos heridos. Lo sé, no soy francés y no la verán. Pero vosotros y vosotras sí. Y esto os servirá de ejemplo para vuestras realidades, para vuestros países porque en todas partes, en todas, ocurre exactamente lo mismo.

La policía, los jueces son imprescindibles para el mantenimiento del sistema. La connivencia de unos y otros con el poder no descansa sólo en afinidades sociológicas o ideológicas, sino en una visceralidad contra el pueblo que socaba sus privilegios. Unos y otros no vacilan al ponerse al servicio de la represión masiva que está produciéndose contra los “chalecos amarillos”. Con la inestimable colaboración y arropamiento de los medios de propaganda.

Entrar en el discurso de la violencia sin hablar de la violencia estructural es una estupidez que sólo refuerza al sistema. Y cuando el hartazgo hace que el vaso se desborde, es cuando los medios de propaganda se acuerdan de que tienen que hacer su trabajo “con imparcialidad y objetividad”, como dice ahora Le Monde en su editorial. Pero eso dura lo que un chaparrón de verano, apenas nada. Veremos cómo tratan el Acto X del sábado que viene. Y si publican fotos como ésta, tan esclarecedora como las anteriores que os he puesto.

Tras el Acto IX el movimiento está pareciéndose a un pequeño terremoto. Aún no derriba edificios, pero los hace tambalear. Por primera vez desde que comenzó la revuelta, 250 académicos han firmado un manifiesto de apoyo a las reivindicaciones de los “chalecos amarillos” y lo han hecho con un titular sorprendente por lo directo: “No seremos los perros guardianes del Estado”. Y dicen lo obvio, entre otras cosas: “Los medios de comunicación han ayudado al poder a silenciar un movimiento popular que sí, es inclasificable como lo fue mayo de 1968 y como cualquier otro evento histórico digno de ese nombre. Queremos ayudar a romper este silencio, afirmando públicamente nuestra solidaridad con los “chalecos amarillos” e invitando a académicos, intelectuales y artistas a unirse a ellos”.

El Lince

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