El imperialismo en Kurdistán es como el perro que ni come ni deja comer

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Ahora mismo una imagen gráfica de la estrategia del imperialismo en Oriente Medio es la de ese niño que en su cumpleaños le vendan los ojos y le entregan un garrote para que rompa la piñata con los regalos. El Pentágono da palos de ciego; ni siquiera emiten un comunicado coherente, síntoma del Golpe de Estado larvado que viven las diversas camarillas dirigentes.

Por cierto, desde aquí queremos decir que nosotros no somos los únicos que hablamos de “Golpe de Estado” cuando nos referimos a la situación interna de Washington y que lo leímos el 8 de enero también en el diario turco Sarbah, precisamente en relación con la anunciada retirada de tropas estadounidenses de Siria.

John Bolton, consejero de seguridad, y Mike Pompeo, secretario de Estado, han conjurado los planes anunciados por Trump para salir de Siria, al menos de momento, y para recomponer la figura el primero de ellos viajó a Ankara, pero Erdogan le dejó plantado. Ni siquiera quiso recibirle. Así están las cosas entre ambos países y de ahí las posteriores declaraciones de la Casa Blanca de que estaban dispuestos a “arrasar” Turquía económicamente para apoyar a los kurdos.

Resulta enternecedor ese empeño de los imperialistas por sostener a los kurdos, incluso en detrimento de aliados tradicionales, mucho más poderosos, como los turcos. No obstante, si alguien cree que los kurdos son la cuña que separa a unos (estadounidenses) de otros (turcos) se equivoca. Aquí los kurdos no son más que lo que ellos mismos han querido ser, a saber, moneda de cambio entre ambos. En fin, los kurdos son la consecuencia y no la causa de las desavenencias.

El desencuentro deja al descubierto otro rostro sobre la Guerra de Siria, donde Bashar Al-Assad ya no es el agresor sino el protector. ¿De quién? De los ataques de Erdogan.

Al mismo tiempo que Bolton era claramente “humillado” en Ankara, como ha reconocido algún medio en Estados Unidos, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, anunciaba reuniones bilaterales con Irán y trilaterales con Rusia, lo cual debió ser el colmo para el enviado estadounidense. Fue otra imagen gráfica del viraje que se ha producido en Oriente Medio.

Una vez comprobado que Ankara ni siquiera escucha a Estados Unidos, Rezan Hido, dirigente de YPG, declaraba a la agencia rusa RIA Novosti que Bolton pretendía sabotear las negociaciones “en curso” entre los kurdos y el gobierno de Damasco.

El kurdo resumió bastante bien la esencia de lo que es el imperalismo ahora mismo en Oriente Medio: el perro que ni come ni deja comer.

Los kurdos quieren protección, pero ya no de Estados Unidos; prefieren a Bashar Al-Assad, es decir, volver a la situación que tenían en 2011 y que ellos mismos tiraron por la borda.

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