El imperialismo no codicia tanto el suelo como el subsuelo de Corea de norte

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Al imperialismo le importan un bledo las armas nucleares de Corea del norte que, a diferencia de las de Estados Unidos, nunca se han utilizado contra nadie. Como ya hemos explicado en otra entrada, lo que le interesa es la riqueza del subsuelo, sus minerales y sus tierras raras, de las que Estados Unidos carece por completo.

6.000 millones de toneladas de magnesita, 2.000 millones de toneladas de grafito, 4,43 millones de toneladas de mineral de hierro, 1.800 millones de toneladas de carbón, 250.000 toneladas de tungsteno, molibdeno, titanio, oro, zinc, plomo, yacimientos petrolíferos no explotados en el Mar Amarillo, uranio y 48 millones de toneladas de tierras raras.

En octubre del año pasado el potencial de recursos naturales fue valorado en tres billones de euros por el grupo público Kores (Korea Resources Corporation) en un informe presentado al parlamento surcoreano.

El subsuelo de Corea del norte es un depósito de materias primas 15 veces mayor que el de su vecino del sur. En su informe Kores afirmaba que si Corea del sur pudiera importar recursos minerales del norte, podría utilizarlos de forma estable durante varios siglos.

Sin embargo, desde el comienzo de la guerra en 1950 el imperialismo impuso a Corea del norte un embargo que sigue en vigor en la actualidad que, con el tiempo, se ha reforzado aún más. Estados Unidos ha presentado a la ONU tres resoluciones que imponen nuevas sanciones económicas.

En marzo de 2016, la Resolución 2270 prohibió la exportación de ciertos minerales (oro, titanio, vanadio, carbón). En noviembre de 2016, la Resolución 2321 amplió estas sanciones al cobre, zinc y plata, antes de ser reforzada por la Resolución 2371 de 5 de agosto de 2017, prohibiendo la exportación de hierro, marisco y plomo a Corea del norte.

Las inversiones extranjeras también se han reducido para no contribuir al desarrollo de un país que, de no ser por el embargo, sería uno de los más ricos del mundo.

El gobierno de Pyongyang han podido eludir algunas de las sanciones. Aunque no puede exportar marisco a los multimillonarios chinos, éstos pueden ir a degustarlos in situ, en visitas turísticas dedicadas a la gastronomía. Aunque tampoco puede exportar carbón, lo hace a través del puerto de Rason (Zona Económica Especial de Rason) como si fuera carbón ruso en tránsito y a través de empresas conjuntas creadas con empresarios rusos.

A los capitalistas se les cae la baba con el tesoro coreano. El banquero italiano Carlo Baeli financió la reapertura de seis minas de oro en 1992. Anglo-Sino Capital Partners creó el Fondo de Desarrollo e Inversión Chosun para invertir hasta 100 millones de dólares en el sector minero, aunque tuvo que disolverlo en enero de 2010 por presiones del gobierno británico.

China es de los países más interesados en la explotación del subsuelo de las dos Coreas. Las inversiones extranjeras, como las ya realizadas por empresas rusas, chinas y surcoreanas, sólo se pueden realizar a través de empresas mixtas, basadas en una de las 22 zonas económicas especiales, con ventajas fiscales inigualables. El gobierno norcoreano ha hecho del desarrollo de cuatro de estas zonas una prioridad nacional: Rason (zona portuaria en la frontera nororiental), Unjong, una especie de Silicon Valley norcoreano cerca de Pyongyang), Wonsan (zona turística montañosa en el este del país, fronteriza con Corea del sur) y Sinujiu (zona portuaria en la frontera noroccidental).

Para promover el transporte de materiales a través de Corea a las áreas portuarias, Rason, Sinujiu, Nampo, es necesario modernizar la infraestructura de transporte, principalmente ferroviaria, un proyecto que está siendo estudiado conjuntamente por China, Rusia y las dos Coreas. El primer eje sería una conexión de alta velocidad entre Vladivostok y Seúl, vía Pyongyang y Kaesong. La emprsa ferroviaria francesa SNCF ha sido consultada sobre este tema por sus conocimientos técnicos. Este eje estaría entonces equipado con líneas transversales, interconectables con la red china.

No se espera que la renegociación de Korus, un acuerdo de libre comercio entre Washington y Seúl que entró en vigor el 1 de enero de este año, afecte a las oportunidades de inversión de Corea del sur en la parte norte de la península. El reto a largo plazo para Corea del sur es integrar a Corea del Norte en una esfera de asociación económica continental, incluyendo también a China y Rusia.

Desde que Kim Jong Il llegó al poder, el capitalismo se ha desarrollado en Corea del norte. Muchos de ellos son contrabandistas en la frontera con China. El 80 por cieto de los edificios de las grandes ciudades son de propiedad privada. Se han creado muchas empresas y una burguesía “donju”, los amos del dinero, surgida tras la crisis de los años noventa y las reformas económicas de 2002 y 2009. Han abierto nuevas empresas de transporte urbano (taxis) e interurbano (autobuses), peluquerías y restaurantes con patentes oficiales. Los sectores de la minería y la pesca no son una excepción a esta nueva expansión del capitalismo.

La República Popular Democrática de Corea es el nuevo Hong Kong. Estados Unidos no se equivoca. Las sanciones económicas no tienen ningún futuro. Pero si el iperalismo cree que se va a poder lanzar sobre el norte de la península como un buitre sobre la carroña, también se equivoca.

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