Kaliningrado no necesita los ‘buenos oficios’ de sus vecinos para recibir el gas procedente de Rusia

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Kaliningrado es un enclave aislado de Rusia, rodeado de Estados que han caído en manos de verdaderos mafiosos. A comienzos de enero Putin se traslado al enclave para inaugurar una obra extraña: un terminal de gas para dar servicio al medio millón de habitantes Kaliningrado.

La ceremonia oficial no tiene mayor importancia que la de poner en evidencia a los vecinos, en este caso a Lituania.

Hasta ahora el gas ruso llegaba a Kaliningrado (y a Lituania) a través de un gasoducto que atravesaba Bielorrusia y Lituania pero, por órdenes de Washington, en 2014 (fecha del Maidan) el gobierno lituano cortó el grifo y empezó a llevar gas licuado procedente de Noruega en buques cisterna que descargaban en el puerto.

En 2017 el gas de esquisto procedente de Estados Unidos sustituyó al noruego.

El gobierno no sólo sustituyó un gas por otro sino que, una vez que pudo prescindir de gas ruso, está en condiciones de cerrar el grifo, como hizo Ucrania, y dejar a Kaliningrado sin suministro.

En Rusia no quieren sorpresas ni enfados con los vecinos, así que han tenido que ponerse manos a la obra en el puerto de Kaliningrado para recibir gas por medio de barcos que zarpan de San Petersburgo.

Hay un buque anclado que es una especie de fábrica que recibe el gas licuado procedente de otro barco, lo regasifica y lo envía a la red de Kaliningrado. No necesita el permiso de los vecinos.

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