Abdul Wali: una muerte por torturas que jamás ha merecido ni una sola línea de la prensa española

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En 2003 Abdul Wali tenía 28 años y vivía al sur de Asadabad, en la provincia de Kunar, Afganistán, no muy lejos de una base militar que tenía Estados Unidos y que fue atacada con lanzagranadas a mediados de junio de aquel año.

Wali viajó hasta la base acompañado de su amigo Hyder Akbar, cuyo padre era el gobernador de la provincia, y se entregó voluntariamente a las tropas estadounidense. Creyó que la presencia de su amigo, además de testigo, era el mejor aval que podía presentar.

Un criminal de la CIA, David A.Passaro, se encargó de los “interrogatorios reforzados” y le estuvo golpeando durante dos noches seguidas, causándole heridas graves, incluyendo una fractura de la pelvis.

Una vez fallecido, a los torturadores les siguieron los periodistas con las correspondientes cortinas de humo, las mentiras y la intoxicación: la versión oficial era que Wali había muerto de una ataque cardiaco.

El relato se torció cuando tres miembros de la 82 División Aerotransportada se presentaron para testificar que Passaro había torturado al detenido, no le había dejado dormir, no le dio de comer, tampoco le dio agua y le rompió la pelvis de una patada en la ingle con sus botas de combate con tal fuerza que lo levantó del suelo.

Una vez en el suelo, el criminal siguió golpeando al detenido con una linterna pesada en los brazos, en las piernas y en el abdomen, de manera que Wali no era capaz ni siquiera de orinar.

El detenido suplicaba a los esbirros a gritos que le mataran; no fue necesario porque al cuarto día de detención había fallecido y en ningún momento admitió haber participado en el ataque a la base militar.

A Passaro un tribunal estadounidense le condenó a ocho años y cuatro meses de cárcel; es el primer y único esbirro de la CIA condenado por hechos posteriores al 11 de septiembre de 2001.

También fue el primer estadounidense condenado en virtud de la Ley Patriótica, que amplió la jurisdicción de los tribunales federales de Estados Unidos para incluir ciertas violaciones de la ley cometidas por su chusma.

El gobernador de la provincia de Kunar, donde sucedieron los hechos, Said Fazal Akbar, ha asegurado que la muerte de Wali se convirtió en una formidable arma de propaganda para que quienes querían luchar contra Estados Unidos, se unieran a los talibanes.

La prensa española jamás ha pubicado ni una sola línea ni sobre a muerte de Wali, ni sobre la condena a Passaro.

El torturador de la CIA: David A.Passaro

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