Ante la amenaza de “ultra derecha”, no estamos obligados a defender la democracia burguesa

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Máximo Constanzo / Chile

En la izquierda tenemos la costumbre de usar nombres y definiciones de manera bastante liviana, todo lo que no nos gusta y tiene una aureola de ultra derecha le llamamos fascista, una especie de  insulto, “lo más malo de lo malo” y claro, esta definición tiene un sustrato en la creencia de que la derecha liberal sería mejor, democrática, preferible a los fascistas. La máxima del “mal menor” funciona con contundencia en la izquierda, estamos dispuestos a subordinarnos incluso a la derecha liberal,  “democrática”, para  detener al fascismo.

Una muestra de ello es que una figura tan potente para la izquierda latinoamericana, Leonardo Boff, señala en referencia a la asunción del  gobierno de Bolsonaro en Brasil,  que hace algunos días que se está gestando un “gran frente supra-partidario, de la sociedad civil, con todos los partidos”, para “defender una democracia que ya no existe”. “Ya era una democracia de baja intensidad, ahora hay que salvar lo mínimo de la democracia: que las personas puedan hablar”.

Michael Löwy, dice “¿Cómo luchamos contra esto? Por desgracia, no existe una fórmula mágica para luchar contra esta nueva ola marrón global. El atractivo de Bernie Sanders para un Frente Antifascista Mundial es una propuesta excelente. Al mismo tiempo, deben formarse amplias coaliciones en defensa de las libertades democráticas en cada país en cuestión”.

Claro al final de un articulo matiza en algo su afirmación con el “antifascista constante es un anticapitalista” como para mantener una línea de izquierda.

¿Estamos obligados a defender la democracia burguesa para parar a los populistas de derecha o a los neo-fascistas?, ¿es esa la disyuntiva de estos tiempos?

Suena coherente para nuestro sentido común formateado por la socialdemocracia, hay que defender la democracia burguesa,  tenemos que optar por el “mal menor”. Después de todo el fascismo o lo que ahora le llamamos fascismo, fue enemigo a muerte de los liberales y de los comunistas. Lógico, hay que tener un frente común.

En su momento Patricio Aylwin, reflexionó desde la presidencia de la república, sobre las disyuntivas morales del “mal menor” y de la “justicia en la medida de lo posible”, reflexiones éticas y morales que las materializó en política concreta, las cuales sufrimos hasta el día de hoy.

Pero, como todo cambia en la vida, las reflexiones morales y éticas de ayer, no necesariamente deberían ser las mismas de hoy.  En lo real el liberalismo y sus “maldades” se han ido pareciendo a las “maldades” de la ultra derecha o del post fascismo. Sus consecuencias son más parecidas que lo que quizás fue hace 50 años. En la práctica han ido confluyendo en lo que el capitalismo llama “gobernanza”. El fascismo “puro” y el liberalismo “puro”, ya no existe, el uno ya no puede vivir sin el otro. Hoy están en una constante orgía en medio del festín de los mega-ricos.

Reflexionemos un poco.

En su momento, el fascismo se presentó como una tercera vía para enfrentar a la decadencia del régimen capitalista liberal y su corrupta democracia y al comunismo que había resultado victorioso en Rusia.

“Tanto el nazismo alemán como el fascismo italiano surgen después de la Primera Guerra Mundial, y van contra el socialismo marxista -que había sido victorioso en Rusia en la revolución de octubre de 1917-, pero también contra el capitalismo liberal que existía en la época, ” afirma Denise Rollemberg, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad Federal Fluminense (UFF).

Como la historia la construyen los vencedores, luego de la barbarie fascista en Europa, regímenes horrendos, particularmente el nazismo, una forma singular  de fascismo,  que conllevó el crimen brutal de  judíos, comunistas, gitanos y todos aquellos que se opusieron o que los nazis definían como enemigos, quedó como sentido común que lo “diabólico” tenía ese nombre. Un ejemplo ilustrativo, son una serie de películas del cine B, con tropas alemanas llenas de vampiros y zombis. Cine que hasta ahora no ha recreado lo diabólico con las tropas yanquis en Vietnam, Korea, Afganistán o países árabes, o tropas israelitas en suelo Palestino,  tampoco ha sucedido con tropas de países de Europa oriental en distintos lugares donde actuaron.

Incluso ante la barbarie del fascismo y sus regímenes, se “ve” como más civilizado las bombas atómicas de los gringos en Hiroshima y Nagasaki, las invasiones de los gringos en los países de Latinoamérica y el mundo, las torturas y muerte en los países árabes y un sin fin de atrocidades  de europeos y regímenes  republicanos.  Obama suena mejor McCain, Clinton mejor que Trump, Macron mejor que Le Pen……  podemos llegar a que Piñera suena mejor que Kast (que no es un fascista propiamente tal).

Por tanto llamar a alguien fascista, desde el sentido común de los comunistas hasta los liberales, es un insulto.

Pero los fascistas no eran iguales en todos lados. El fascismo nació en Italia en 1919, pero la forma política que representa apareció simultáneamente en todo el mundo. De Japón a Brasil y Alemania, de la Argentina a India y Francia, la revolución anti-democrática, violenta y racista que encarnó fue adoptada con distintos nombres en distintos países: nazismo en Alemania, nacionalismo en la Argentina, integralismo en Brasil, y así sucesivamente.

No fueron iguales y correspondían también a particularidades de sus pueblos, en Chile tienen la creencia, no solo ellos, que la raza chilena es producto de la fusión de dos razas guerreras, la mapuche y la castellana y que ello marca una singularidad en la región, una superioridad; en cambio en Argentina está ligado al catolicismo es decir un “fascismo cristianizado”, los leopardos, fascistas colombianos, se basan en ideas anti-imperialistas y bolivarianas…. y así, se expresó la contradicción de lo global y lo local en el pensamiento fascista.

Así como nunca fueron iguales, ellos y su pensamiento cambian, se adecuan a los momentos históricos.

Hoy la ultraderecha europea está pasando de un “nacionalismo” local a defender Europa de las olas de migrantes, en especial  los musulmanes, así lo delatan los intentos por la unidad de la ultraderecha europea. Después de todo, la política es pragmática.

¿Qué tenían en común los fascistas del mundo? Tienen un nacionalismo de derecha extremo y son  xenófobos; son anti-liberales por tanto anti-neoliberales que implica que son anti democracia liberal (democracia burguesa); son anti- marxistas (anti-comunistas); son “vitalistas” es decir buscan su espacio vital como “nación” o “pueblo”; asignan un papel fundamental al Estado como garante de la unidad nacional;  se basan en un liderazgo fuerte, el líder y el pueblo son uno solo, la soberanía popular se encarna en el líder; tienen la concepción de que para asegurar el destino manifiesto de su nación o pueblo, tienen que exterminar al “enemigo”; son sin duda mesiánicos, son anti-iluministas, patriarcales.

¿Estas definiciones siguen iguales, luego de casi 100 años?

Para el historiador argentino judío Federico Finchelstein, el fenómeno de los regímenes fascistas es único  y se dio en un contexto histórico determinado luego de las crisis capitalistas a principios del siglo pasado, un fenómeno no solo europeo, plural, también tercermundista, con raíces históricas en cada país, con singularidades. Para este historiador es muy difícil que se dé nuevamente un régimen fascista como se conoció en Europa, más bien se dan, luego de 1945, algo así como un post fascismo, lo que define como los populismos de derecha.

Berlusconi, Trump, el mismo Bolsonario, serían bajo esta visión “populistas de derecha”, lo que no niega que entre sus partidarios existan adherentes a las ideas fascistas. Son post fascistas. En ellos hay un nacionalismo más matizado, no están dispuestos a romper la formalidad democrática, ni llevar la violencia de extermino tipo genocida, aceptan elementos del liberalismo en la economía, no están dispuestos a que el Estado juegue un papel central en todo como fue en los regímenes fascistas, de alguna manera están globalizados y representan un “nacionalismo” más moderado que un fascista propiamente tal. Un buen ejemplo sería Colombia, la cual no es definida como fascista por la mayoría de la intelectualidad liberal o la marxista. El régimen colombiano es brutal, donde son asesinados cientos de dirigentes sociales cada año.

Incluso Pinochet, al cual muchos, en su momento llamamos fascista, sucumbió ante las ideas neoliberales, de hecho las implementó. No es de extrañar que Pedro Kunstmann, vocero del Movimiento Social Patriota se declare peronista, son los cruces ideológicos de algo complejo, el mundo de las ideas. Son parte del realismo mágico urbano chileno.

En definitiva la violencia del post fascismo es la misma, con matices retóricos, que la que usa la democracia burguesa, la cual ha sido brutal bajo gobiernos liberales e incluso socialdemócratas. Es cosa de ver las barbaridades de Clinton y Obama con las invasiones a medio oriente; de Temer en Brasil, los gobiernos del PRI en México, los de la derecha en Colombia, de los gobiernos del PSOE en España o ahora la xenofobia práctica del socialdemócrata Lenín Moreno en Ecuador.

Desde el fascismo nació el populismo de derecha, pero con algunas diferencias sustanciales. Peligroso y reaccionario sí;  negativo para la humanidad sí;  pero son los mismos peligros que la humanidad corre con los liberales o neo-liberales, con el capitalismo reinante en las últimas décadas.

El populismo de derecha (post fascistas), el liberalismo y su democracia burguesa, son representante del capitalismo, todas son dañinos para la humanidad, diferentes si, como todas las cosas, pero más parecidos que el “imaginario político” está dispuesto aceptar.

Si seguimos así, como estamos o con regímenes post fascistas, caminamos al exterminio de la humanidad, a un futuro caótico, brutal en medio de la crisis medioambiental y de gigantescas masas humanas sobrantes para el sistema.

Defender lo que hay, ante un hipotético futuro peor dentro del capitalismo,  es bastante demencial, porque no sirve para salvar la humanidad. O vivimos de otra forma o morimos.

No estamos obligados a defender la democracia burguesa, un régimen capitalista falsamente más humano. Hay que defender el camino a la revolución y la construcción de una sociedad post capitalista y eso pasa por des-construir lo que hay y no defenderlo.

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