Nancy Pelosi, rematadamente tonta

El viernes, Roger Stone, un asesor político que en 2016 apoyó públicamente la campaña presidencial de Trump, fue detenido y acusado por el fiscal especial Robert Mueller de los delitos de falso testimonio, de presionar a un testigo y de obstruir un procedimiento judicial (1).

Mueller, un antiguo director del FBI, lleva desde 2017 investigando el apoyo de los rusos a Trump en las elecciones de 2016, por lo que este fin de semana los titulares de los medios son contundentes: por fin empiezan a aparecer los hilos que conducen desde Trump hasta el Kremlin. Uno de esos hilos es Stone.

Sin embargo, leyendo la acusación de Mueller nada de eso aparece. O no sabemos inglés, o nos hemos equivocado de texto, o las dos cosas a la vez. Más bien, Mueller ha cogido de la oreja a Stone no para acercar la causa judicial al Kremlin sino a otro sitio bien diferente, WikiLeaks, aunque ¿qué mas da?, ¿acaso no es Assange un espía ruso? Si es así, Mueller lo tiene un poco más complicado. Primero deberá demostrar que quien influyó en la campaña fue WikiLeaks; luego deberá demostrar que quien está detrás de WikiLeaks es el Kremlin.

Deben Ustedes armarse de paciencia: si hasta ahora Muller no ha demostrado nada, esperen a ver su trabajo por duplicado.

Hasta ahora sabemos que Stone cometió una serie de delitos durante su comparecencia ante el HPSCI (Comité permanente de la Cámara de Representantes sobre Inteligencia Investigativa).

En las elecciones de 2016 Stone declaró públicamente que estaba en comunicación directa con WikiLeaks y con Assange. Steve Bannon, que entonces formaba parte de la campaña de Trump, le pidió que le preguntara a WikiLeaks a qué hora publicaría las filtraciones de los correos electrónicos que habían obtenido del Comité Nacional del Partido Demócrata.

Naturalmente Trump quería utilizar la publicación para atacar a Hillary Clinton, su oponente en las elecciones.

Por su parte, WikiLeaks y Assange negaron cualquier relación con Stone. Más tarde se supo que Stone tenía dos personas de contacto, el actor neoyorquino Randy Credico y el escritor Jerome Corsi, con los que podría haber tenido un contacto indirecto con WikiLeaks. Pero la acusación no dice nada sobre su relación con WikiLeaks.

Durante su comparecencia ante el HPSCI, Stone mintió sobre varios detalles relacionados con su tergiversación anterior y le pidió a Randy Credico que hiciera lo mismo. Estas son las únicas cuestiones de las que trata la acusación. Son las mentiras de un mentiroso que repiten a miles en cualquier campaña electoral. La diferencia es que se convierten en delito cuando se dicen durante una investigación judicial.

En ninguna parte de la acusación Mueller dice las mentiras de Stone supongan la existencia de un hilo con WikiLeaks o con el Kremlin. Stone dijo haber estado en contacto con WikiLeaks, Bannon le pidió que le hiciera algunas preguntas a WikiLeaks, Stone no tenía conexión con WikiLeaks, respondió con rumores de segunda mano e información disponible públicamente. Fin de la historia.

Hasta aquí la acusación; ahora veamos cómo vende la moto el New York Times: “Al acusar a Roger Stone, Mueller muestra el vínculo entre la campaña de Trump y WikiLeaks”, titula (2) incurriendo en un bulo manifiesto cuya persecución dejamos para los cazarecompensas.

Luego siguen veintiocho párrafos sobre el arresto y otras preguntas, cinco fotos y el gráfico de arriba, pero ninguna explicación de la supuesta relación que, según la acusación, Stone afirmaba tener pero que nunca existió.

Mueller rebusca y no encuentra nada. Ha acusado a los rusos de lavado de dinero y piratería informática, dos delitos que no tienen nada que ver con la campaña de Trump, que los ha metido con calzador y que nunca llevará ante un tribunal porque no quiere hacer el ridículo ante el mundo entero. Pero hay que seguir con la campaña adelante porque todo esto se hace para las primeras planas de los medios.

Desesperada, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, hace la guerra por su cuenta: “La acusación de Roger Stone muestra claramente que hubo un intento deliberado y coordinado por parte de altos funcionarios de la campaña Trump de influir en las elecciones de 2016 y derrocar la voluntad del pueblo estadounidense” (3).

¿Han leído bien? Por favor vuelvan a hacerlo despacio. Lo que dice Pelosi es de cajón: los miembros de la campaña de Trump intentaron influir en las elecciones de 2016. ¡Querían que ganara Trump y lo lograron! Los partidarios de Trump lograron que fuera elegido, en contra de la voluntad del pueblos estadounidense, que quería que garana Clinton.

Si, en efecto, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos es rematadamente imbécil.

(1) https://int.nyt.com/data/documenthelper/586-roger-stone-indictment/d34c762c3e142f844c2b/optimized/full.pdf
(2) https://www.nytimes.com/2019/01/25/us/politics/roger-stone-trump-mueller.html
(3) https://www.speaker.gov/newsroom/12519-4/

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