8.000 millones

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De dólares. Ese es el dinero que Venezuela tiene en bancos occidentales. Ese es el dinero que la reacción mundial va a dar ahora a la mal llamada «oposición», al «gobierno paralelo» que han permitido en su estulticia Maduro y su camarilla. Era algo anunciado y os lo dije. No hacía falta ser muy avispado para verlo. Y si lo vi yo, que soy un don nadie, ¿cómo es que no lo vieron Maduro y su camarilla? Es a lo que lleva el haber permitido durante un año y medio el «poder dual», el hablar y no hacer. Ahora están con las manos atadas. Desde luego, Fidel Castro estará revolviéndose en su tumba.

Si no todos, una buen parte de esos 8.000 millones de dólares van a servir para financiar el golpe. EEUU ya ha dicho que va a entregar a su títere los fondos que tiene Venezuela allí y que ha estado reteniendo durante años. Lo mismo que va a hacer con las compras de petróleo, un dinero que va a irá a «cuentas bloqueadas para la oposición», además de imponer sanciones. Y Venezuela seguirá vendiendo petróleo a EEUU, como si no pasara nada.

El gobierno venezolano está noqueado, pese al apoyo del Ejército y de buena parte de la calle. Cada día de inacción se aprieta un poco más la soga a sí mismo. Y los estúpidos intentos de Maduro de lograr algo de cordura en sus agresores externos -como el dar un plazo de 30 días a EEUU para negociar una «oficina de intereses»- no son otra cosa que una buena muestra del miedo con que está actuando. Y el miedo es siempre reaccionario y conservador.

La reacción interna tiene ahora dinero a espuertas para manejar, para fortalecer el «gobierno paralelo». Lo principal ya está hecho, con independencia de quién sea el títere al que se apoye desde el exterior.

Sólo la acción decidida -que no veo por ninguna parte- puede paralizar los esfuerzos occidentales para detener el golpe de Estado. Porque ahora ya no hay una Rusia que salga en apoyo del gobierno legal y legítimo, como en el caso de Siria. Rusia está muy lejos geográficamente y eso la excluye de cualquier papel protagonista para defender a Venezuela. Sólo en el ámbito diplomático, y eso ahora es poco y de recorrido muy corto.

Por lo tanto, todo depende del Ejército y de las milicias que, por cierto, no han aparecido todavía. No hace mucho se publicaba que entre 8 y 9 millones de personas estaban integradas en ellas y que eso, por sí mismo, era una garantía de defensa de la «revolución bolivariana». Recuerdo que el PCUS tenía 20 millones de militantes cuando un sector del ejército intentó, en agosto de 1991, parar la descomposición de la URSS, 20 millones que se quedaron en sus casas con sólo muy honrosas excepciones. 20 millones que no defendieron ni a la URSS ni el socialismo en el que supuestamente creían, con todos sus fallos. Y con sus aciertos.

Si el ejército y las milicias dejan patente, no sólo con declaraciones, que están dispuestos a hacer que la agresión contra Venezuela sea costosa (interviniendo los bancos, como primer paso) se podrá parar el golpe. Sólo si Rusia y China encuentran una forma de responder a la agresión de Occidente contra un país soberano -y tampoco están pasando de las palabras- se podrá parar el golpe.

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