Antes y durante la agresión internacional que la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) descargaron contra Libia, el presidente Hugo Chávez realizó distintas apreciaciones advirtiendo sobre las particularidades de ese proceso.

En una de sus intervenciones comentó la sorpresa de Muamar al-Gadaffi ante la traición de líderes que decían ser sus amigos, centró su reflexión tanto en la voracidad petrolera de Estados Unidos (5% de la población que consume el 20% de la producción mundial) como en la dictadura del dólar.

CONGELAMIENTO DE FONDOS Y MANIFESTANTES PACÍFICOS

También hizo alusión al supuesto congelamiento de “las cuentas de Gadaffi”, señalando que en realidad se trataba de un saqueo a las cuentas de Libia, cercanas a los 200 mil millones de dólares, el equivalente a 4 años de producción de petróleo del país. Además del combustible fósil, las finanzas, la economía y los recursos naturales de Libia siempre fueron premios tentadores para los Estados Unidos y sus aliados.

Se preguntaba Chávez por el destino de las reservas internacionales libias afirmando que la motivación de fondo de la destrucción de ese país era el intento de reflotar, en pleno colapso, por parte del capitalismo. Tan evidente es tal afirmación que los fondos libios fueron “congelados” en las arcas de actores financieros como Goldman Sachs, Société Générale SA, Carlyle Group, JP Morgan Chase, Och-Ziff Capital Management Group y Lehman Brothers Holdings, casi todos responsables de la burbuja financiera de 2008.

En otra ocasión, ya convaleciente, el líder de la Revolución Bolivariana reflexionaba sobre el rol de la industria mediática mundial ante la guerra entonces desatada en el mismo país en el que se realizó una operación mediática centrada en convertir a grupos terroristas armados en “rebeldes” o “manifestantes”. Asimismo refirió cómo grupos ejerciendo el rol desestabilizador eran apoyados por un ciclo de información autoalimentada entre medios de difusión masiva y ONGs de derechos humanos para la construcción narrativa de un “Estado fallido”.

Los llamados “manifestantes pacíficos civiles” se convirtieron en excusa para la intervención militar; estaban armados, y cuando esto se hizo más que evidente, comenzaron a presentarse como “fuerzas rebeldes”. Es conocida, además, la campaña mediática que se desató contra Gadaffi, tildándolo de asesino por enfrentar las acciones de esos grupos mercenarios que se apoderaron de territorios enteros y fragmentaron el país.

Ante estos señalamientos, Chávez declaró con cautela para no convalidar el relato de los mismos que le acusaron de ordenar el asesinato de manifestantes en abril de 2002 durante el golpe de Estado encabezado por Washington, y se preguntó en cadena presidencial: “¿Quién condena a Estados Unidos por más de 1 millón de muertos inocentes en Irak, en Afganistán, en el mundo entero?”.

OBJETIVO: ÁFRICA

Además de señalar el interés por las reservas de petróleo y agua, el líder de la Revolución Bolivariana reseñó que el interés geopolítico en la destrucción de Libia tenía que ver con la tarea que estaba haciendo por la “unidad del África”, mediante el apoyo a los países más pobres de aquel continente. Si bien la apropiación de la riqueza financiera y material de Libia eran objetivos de la guerra de la OTAN en 2011, los objetivos más amplios de la guerra criminal eran parte de la lucha por controlar el resto del continente africano y su vasta riqueza.

Fundamental y estratégico era detener el proyecto y las ambiciones de Gadaffi de unificar el continente africano bajo el liderazgo de Libia, cuyo desarrollo y proyecto político significaban una barrera para la recolonización del continente africano. Solamente en el caso del agua: enormes multinacionales, entre las que se cuentan estadounidenses y francesas, perseguían privatizar su agua dulce y controlar el Sistema de Acuíferos de Arenisca de Nubia que apuntalaría el desarrollo de vecinos como Chad, Egipto y Sudán.

Para ejecutar su plan, Washington primero alentó un conflicto utilizando a los países alrededor de Libia para buscar un casus bellipara la acción militar, mientras se ocupó de las necesidades logísticas de los grupos de oposición controlados por la CIA que lanzaron una campaña de sabotaje contra la economía, la infraestructura y el gobierno.

También se habla de cómo fueron infiltrados sectores del gobierno, seguridad e inteligencia de Libia, y se desempolvaron los objetivos imperialistas de Washington, Londres, París y Roma existentes desde la Segunda Guerra Mundial, que buscaban dividir a Libia en tres territorios coloniales.

Por otro lado, en este contexto es importante recordar que Chávez y Gadaffi fueron los artífices de la Cumbre América del Sur-África (ASA), cuya primera reunión se llevó a cabo en la Isla de Margarita durante el año 2010, uno antes de la invasión a Libia.

DIPLOMACIA DEL ESTADO PROFUNDO: MENTIRA Y TRAICIÓN

Hoy en día se sabe que las víctimas de aquellos sucesos fueron presentadas como los agresores en el conflicto mientras las fuerzas del Consejo de Transición, insufladas por mercenarios y combatientes extranjeros, torturaban, violaban y asesinaban a civiles y a los que se interponían en su camino con la ayuda de los bombardeos de la OTAN y el CCG.

Periodistas actuaron como informantes de objetivos y puntos de control, organizaciones de “derechos humanos” formaban parte de una red que justificaba la agresión propagando mentiras sobre los mercenarios, los supuestos ataques de aviones militares libios contra civiles y masacres de civiles cometidas por el “régimen” de Gadaffi, como se vio reflejado con el montaje de un ataque a la Plaza Verde de Trípoli, capital libia, por parte de la cadena qatarí Al Jazeera.

Dicha red de mentiras que se presentó en el Consejo de Derechos Humanos en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, y luego se entregó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, funcionó como base para la guerra contra Libia. Estas mentiras fueron aceptadas sin ninguna investigación iniciada por las Naciones Unidas ni por cualquier otro organismo internacional. Cualquier solicitud libia de equipos internacionales de investigación fue ignorada.

Fue a partir de este punto en adelante que la OTAN utilizó al Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar su guerra de agresión contra Libia con el pretexto de proteger a los civiles y hacer cumplir una zona de exclusión aérea sobre el país árabe. Aunque no fue aceptado oficialmente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la doctrina de la “Responsabilidad de Proteger” (R2P) se estaba mostrando como un nuevo paradigma para la intervención militar de la OTAN. Actores del llamado Estado profundo (Deep State) como Elliott Abrams, o el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), se alinearon con otros “neocons” para reducir Libia a un protectorado africano débil y dividido.

Cabe destacar que, pocos años antes de su persecución y asesinato, Gadaffi había propiciado un acercamiento de Libia con los Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que era impensable que Washington y cualquiera de sus aliados pudieran haberse estado preparando para derrocar al gobierno libio cuando los vínculos comerciales entre Libia y Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Francia, España y Turquía (entonces aliada occidental) habían florecido desde 2003.

Analistas hablan del papel medular del líder libio en la disminución de la migración a través del Mediterráneo que tantas muertes ha cobrado desde 2012 a africanos que buscan el “sueño europeo”. En ese sentido, la labor de Gadaffi favorecía las exigencias migratorias de la Unión Europea hoy impactadas en todos sus sistemas sanitarios y educativos, entre otros, por el aluvión de inmigrantes africanos.

LO QUE CHÁVEZ VIO VENIR

Desde aquel contexto en el que veía venir agresiones del mismo estilo contra Venezuela, el Comandante Chávez precisó muchos de los eventos que hoy se han producido tanto en los últimos años como en los más recientes días. Resaltó en todo momento el rol de Venezuela en la unión de América Latina y el Caribe mediante espacios de coincidencia programática como la ALBA-TCP, u otros donde la confluencia es más amplia como Unasur y Celac.

En este contexto, Chávez afirmó en un Consejo de Ministros que la conformación de un Consejo de Transición en Libia, reconocido por Estados Unidos y países de Europa, destruía las bases de Derecho Internacional. “Esto es muy peligroso, como se lo decía a otros presidentes, porque mañana podemos ser uno de nosotros”, enfatizaba en ese momento el Comandante.

Hoy ese presagio parece lo más real posible, y responde a un modelo de intervención, proyectado como en Libia, para destruir a un pivote de la integración regional como es Venezuela. Necesario como con Gadaffi, es que el chavismo caiga para que Estados Unidos pueda consolidar su intento de recolonizar el continente.

Responsable, por otro lado, es señalar las diferencias que existen entre ambos contextos y el equilibrio desfavorable a Estados Unidos en el terreno geopolítico global. Lo que no hace esta amenaza menos creíble, pero sí marca una distancia entre la posibilidad de concreción de este tipo de planes en Venezuela.

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