Roberto Molina Hernández Belgrado.— Mientras la cúpula del poder en Washington muestra sus músculos frente a la Venezuela constitucionalista, viste los guantes de seda para dialogar con sus aliados que detentan de manera ilegal la administración ilegítima en Kosovo.

Justamente hoy, cuando repican los tambores de guerra contra el presidente democráticamente elegido, Nicolás Maduro, los diplomáticos de Estados Unidos se ‘retiran’ de unas negociaciones con los líderes albanokosovares porque ‘no quisieron aceptar sus propuestas’.

De acuerdo con medios de prensa de Tirana, Philip S. Kosnett, embajador en Kosovo recién nombrado por Donald Trump, abandonó una reunión con Hashim Thaci; Kadri Veseli, Ramush Haradinaj, presidente, titular del parlamento y primer ministro kosovares, respectivamente.

¿El motivo? El fracaso en su intento de convencerlos para que retiren el arancel del 100 por ciento aplicado desde noviembre a las mercancías procedentes de Serbia y Bosnia y Herzegovina y retomen el diálogo Belgrado-Pristina para la normalización de sus relaciones.

Según las fuentes, la piedra en el zapato es el tozudo premier, uno de los ‘duros’ en el Ejército de Liberación de Kosovo formado con el apoyo de Washington en los años 90 del siglo pasado, para continuar en esa provincia de Serbia el desguace de la entonces Yugoslavia.

Acusado por Belgrado ante el Tribunal Internacional por crímenes contra la población civil serbia en ese territorio, el jefe del gobierno kosovar rechazó la propuesta y argumentó que la medida impositiva y las negociaciones en Bruselas son dos asuntos por separado.

Incluso -siempre según las fuentes mediáticas- hizo caso omiso a la advertencia de Kosnett de que hay solo dos opciones: o se levanta de inmediato la medida impositiva o habrá sanciones de Estados Unidos, lo cual presupone, dijo, un daño muy serio a los vínculos Washington-Pristina.

De acuerdo con analistas políticos, la situación creada por la posición inflexible de Haradinaj, quien en múltiples ocasiones juró fidelidad de por vida a Estados Unidos, conduce inexorablemente a la quiebra de la coalición gobernante.

Pero el primer ministro insiste en que el impuesto se queda aunque el Gobierno caiga y se deban convocar elecciones parlamentarias adelantadas, amén de la aparente confrontación con las posiciones de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) ante esa medida.

Kosovo, históricamente una provincia de Serbia habitada por una mayoría albanesa y una población serbia cada vez más reducida debido al éxodo por el conflicto armado primero y la inestabilidad posterior, declaró la independencia unilateral en febrero de 2008 tras un proceso amañado y contrario al derecho internacional.

Pero fue reconocido con celeridad por Estados Unidos y las principales potencias europeas, que ahora condicionan mejores vínculos con Belgrado a la solución de ese contencioso, sobre todo en el proceso para la adhesión de Serbia a la UE.

Al contar con ese apoyo tan poderoso, que incluye el despliegue de fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el establecimiento de la mayor base militar estadounidense en el mundo construida desde cero, los líderes albano- kosovares se escudan tras él para dilatar el proceso de diálogo con Belgrado y actuar a su antojo.

De la reunión hoy con Kosnett nadie se hizo ilusiones, porque unas horas antes había desafiado las mismas opciones que el halcón John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Trump, le había planteado en conversación telefónica.

Ante las actitudes tan distantes contra Venezuela en Latinoamérica y el Caribe, y Kosovo en la siempre explosiva región de los Balcanes, cabría preguntarse si lo escenificado hoy por la diplomacia de Washington en Pristina no se trata de una simple farsa y unos fuegos de artificio para los medios.

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