martes, mayo 21, 2019
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El león nunca dejará de comer carne

Darío Herchhoren.— A propósito de lo que está pasado en Venezuela, solo cabe constatar que el imperio en sus infinitas intervenciones en otros paises tiene una larga tradición que comienza cuando su águila calva era recién un polluelo, y con el pretexto de ocupar todo territorio inglés en América intenta hacerse con las Islas Malvinas, que ya habían sido arrebatadas a Argentina por los filibusteros ingleses en 1833. Efectivamente es el almirante Richard Birth, quien intenta ese acto de rapiña y resulta rechazado por la atillería inglesa.

Ese es el primer escalón de sus actos viles y rapaces que se fueron produciendo durante los siglos XIX, XX y XXI. Al efecto cabe mencionar sus acciones contra Méjico que fue reducido a la mitad de su territorio original, la Repúlica Dominicana, Nicaragua, Guatemala, Cuba, Haití y más recientemente las intervenciones en Chile y los apoyos a las dictaduras militares de Sudamérica en la década de 1960/70.

En todos estos casos el pretexto era siempre el mismo: preservar la libertad y la democracia ante el peligro comunista. Esa falacia quedaba siempre al descubierto, ante el hecho incontrovertible de que no se conoce ninguna intervención de la URSS ni de ningún país socialista en América, y sí se conocen muchas de los EEUU. Igual ocurrió en Libia en Irak, en Afghanistán y en Siria. Lo mismo en Yugoeslavia. Pero en estos últimos el pretexto era la defensa de los derechos humanos y el peligro de que un país como Irak tenía armas de «destrucción masiva». En cambio Israel sí tiene esas armas, que están fuera del control de la OIEA (Organización Internacional de la Energia Atómica), con sede en Viena y que tiene registradas todas las armas e instalaciones de origen nuclear, y sin embargo Israel no es intervenido por los EEUU.

Decía el general mejicano Manuel Obregón, que «nada hay más peligroso para la libertad de un pueblo que el interés de los EEUU por los derechos de ese pueblo. Su protección es como un dogal de fuego». En efecto habría que preguntar al pueblo libio o al irakí o al afgano, qué tal les sienta la política de protección de los derechos humanos de los USA.

Realmente es cada vez más evidente la torpeza que el imperio demuestra en esa supuesta protección. Hemos visto en estos útimos días como se quería introducir a la fuerza ayuda humanitaria en Venezuela. No hay precedentes de que la pretendida ayuda humanitaria se haga contra la voluntad exresa de quien se dice querer ayudar. Lo curioso de esa ayuda es que quien pretende ayudar a la vez aplica sanciones contra ese mismo pueblo. Tampoco es comprensible por cabeza humana alguna de que quien dice querer ayudar a su vez se apropia de 35 mil millones de dólares de Venezuela provenientes de regalías del petróleo que Venezuela exporta.

Cada vez se muestra más al desnudo que el imperio y sus comparsas (Grupo de Lima, Unión Eropea) hacen el ridículo. Ya la UE, con todo cinismo ha llamado a no intervenir militarmente en Venezuela, cuando previamente ha apoyado al payaso Guaidó aupándolo al cargo de presidente encargado Venezuela. ¿Encargado de qué? ¿Quién le ha hecho algún encargo a Guaidó?

El encargo que tiene es el de preparar el ambiente para una intervención humanitaria como la Libia. Ya el criminal senador Marco Rubio, hijo de gusanos cubanos de la mafia cubano americana de Miami, acompañó unas fotos de Gadaffi ensangrentado junto a otro Gadaffi sonriente, diciendo que Maduro terminaría como Gadaffi.

Lo único que al imperio le interesa es apoderarse del subsuelo venezolano rico en petróleo, en oro, en gas. Y si lo consigue, no lo repartirá con sus comparsas. Se lo comerá solo. Recuerdo las palabras de Emilio Zola: “Hacer la puta, pero en carroza”. Nada de esto. Harán la puta y pagarán la cama.

En la década de 1950, se instaló en la ciudad de Buenos Aires, en la calle Florida una oficina perteneciente al USIS (Servicio de Informaciones de los Estados Unidos) por sus siglas en inglés. Allí funcionaba una biblioteca pública lamada Bibliotea Lincoln, un remedo de la Lincoln de Washington que servía seguramente de pantalla para otras actividades «non sanctas», y allí pude ver por primera vez, un planisferio sin la división política, pero donde figuraban unos dibujos que mostraban los diversos yacimientos minerales del mundo y las diversas producciones de artículos manufacturados. Años después me di cuenta que ese mapa era en realidad la concepción del mundo que el imperio tenía y tiene de los paises que no son ellos mismos. Su concepto supremacista se expresaba también en ese mapa.

Desde luego no soy pitoniso, ni tengo una bola de cristal, pero presumo que la torpeza de los USA, ha llevado a que algunos de sus comparsas manifiesten algún pudor ante la situación que se ha dado en Venezuela.

Los argumentos burdos están tan a la vista que se hace dificil justificar la intervención militar, y no olvidemos que Venezuela cuenta con aliados poderosos como China y Rusia que harán meditar al director de pista y a la troupe de payasos que le acompañan.

FUENTEMPR

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