El Tribunal Penal Internacional mantuvo encarcelado a un acusado durante 10 años por la cara

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El montaje del Tribunal Penal Internacional con sede en La Haya, Holanda, se desmorona antes de que haya logrado echar a andar y lo hace, además, de una manera estrafalaria. Uno de los africanos a los que sentó en el banquillo y luego tuvo que absolver, el congoleño Jean Pierre Bemba, ha iniciado un juicio en su contra por daños y perjuicios con toda “justicia”: le mantuvieron detenido y acusado durante diez años sin ningún fundamento.

El caso del juez juzgado no puede ser más rocambolesco, en este caso multiplicado por tratarse de algo que concierne a eso que los más mequetrefes califican como “justicia universal”: un tribunal “universal” que, en plena Europa, comete la atrocidad de tener a una persona en la cárcel durante diez años pendiente de juicio, una aberración que no cometería ningún otro tribunal y que sólo se explica porque el acusado es un dirigente político africano, en este caso dirigente del Movimiento de Liberación del Congo.

A Bemba le detuvieron en 2008 en Bélgica y le mantuvieron 10 años preso en la cárcel de Scheveningen, en las afueras de La Haya. Ahora reclama casi 70 millones de euros en concepto de indemnización por sus 10 años de detención y los perjuicios económicos que le han causado.

Es más de la mitad del presupuesto anual del Tribunal.

La demanda contra el Tribunal tiene 60 páginas, se interpuso el 11 de marzo y la reclamación asciende a 26,2 millones de euros por daños, más otros 42,4 millones de euros por la pérdida de ingresos resultante del embargo de sus activos y la confiscación de sus bienes.

Bemba es un antiguo dirigente rebelde que recorrió la República Centroafricana con sus milicias al servicio de Ange-Félix Patassé antes de convertirse en Vicepresidente del Congo con Joseph Kabila. Fue condenado en primera instancia a 18 años de prisión por los delitos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero en apelación el Tribunal le absolvió el 8 de junio del año pasado por unanimidad.

La detención de Bemba en 2008 fue seguida del embargo de sus bienes. En media docena de páginas, el congoleño presentó una lista de bienes que muestra el impresionante patrimonio del hijo de Jeannot Bemba Saolona, un empresario que presidió la Asociación Nacional de Empresas del Zaire (ANEZA) en tiempos de Mobutu: cuentas bancarias en el Congo, Bélgica y Portugal, un chalet familiar en Bruselas, varias propiedades y parcelas de tierra en el Congo , un chalet y un barco en Portugal.

En la lista aparece un Boeing 727-100 inmovilizado en el aeropuerto de Faro, en Portugal, seis aviones en el aeropuerto de N’Djili en Kinshasa, un crucero fluvial, dos chalets en Portugal, una de las cuales está precintada por ser el escenario de un crimen, varios coches en el Congo y tres vehículos de lujo en Portugal.

Una de las batallas judiciales de Bemba se libró ante los tribunales belgas, en los que intentó recuperar sus bienes confiscados. Pero estos le remitieron al Tribunal Penal Internacional.

El artículo 85 del Estatuto de Roma determina que, en circunstancias excepcionales, cuando el Tribunal determine que se ha cometido un error judicial grave y manifiesto, podrá, a su discreción, conceder una indemnización a un acusado absuelto después de la detención. Corresponderá a los jueces verificar estos criterios y decidir, a su discreción, si ordenar o no la indemnización.

En román paladino eso significa que el Tribunal hará con la demanda de Bemba lo que le de la gana, que es lo mismo que ha estado haciendo durante 10 años. Aquí en Europa lo llaman “Estado de Deshecho” y presumen de ello todos los días: de la libertad, de los derechos, de la justicia y bla, bla,bla,bla,bla,bla,bla…

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