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    Los ocho años de la «primavera»

    Libia es un exponente muy claro de lo que ha dejado al mundo la intervención militar de Estados Unidos

    En 2011 el Medio Oriente sufrió una reconfiguración de su mapa político a través de protestas estimuladas desde el exterior, e intervenciones disfrazadas de ayuda. Esta serie de acontecimientos pasó a la historia como «Primavera Árabe», sin embargo, la similitud con el vocablo que se refiere a una de las épocas del año más festivas es solo en nomenclatura, pues esta región geográfica ha estado azotada desde entonces por continuas crisis internas, desembocadas en un clima de inestabilidad permanente.

    En esta situación vive Libia, nación que durante cuatro décadas había transitado por caminos de estabilidad y progreso de la mano del presidente Muamar Gadafi, líder que impulsó el desarrollo social y económico en este país norafricano.

    ¿Qué pasó? Una fórmula certera de manipulación, mentiras e «intervención humanitaria» diseñada por el Gobierno de Estados Unidos y apoyada por la Unión Europea (UE) fue aplicada contra Libia, la cual suena sospechosamente familiar con la situación que enfrenta hoy el pueblo venezolano.

    Las fuerzas de la oposición fueron armadas para combatir al ejército de Libia, se construyó mediáticamente un conflicto que, se sabe, tuvo como escenario real de desarrollo estudios de cine y televisión, extras contratados, figurantes de relleno, donde se filmaron combates, masacres, bombardeos, al mejor estilo del cine hollywoodense, logrando así fabricar el pretexto necesario que «justificara» la intervención de la dupla EE. UU.-OTAN, so pretexto de «preservar vidas humanas».

    Surgieron blogueros inventados, que supuestamente escribían desde Trípoli sobre los acontecimientos en tiempo real, pero que meses después de finalizada la puesta en escena se conoció que la inmensa mayoría de aquel «periodismo ciudadano» se hacía a miles de kilómetros de distancia de la tierra libia, desde cómodos gabinetes en Londres, Nueva York o Berlín.

    Para sembrar el caos, los grandes medios de comunicación masiva a nivel internacional llevaron adelante una «mitificación» del presidente de Libia, difundiendo que gobernaba a través de chantajes y humillaciones.

    Esta falsa imagen, calzada con fake news acerca de la ejecución de civiles en el enfrentamiento entre el ejército de Gadafi y las milicias, fue amplificada por grandes periódicos y publicaciones de derecha, lo que lograba que la validación fuese mayor.

    Todas estas patrañas respondían a la simple razón de que en este país se encuentran las mayores reservas de petróleo liviano de África y las compañías petroleras occidentales querían apoderarse de ellas. También, meses atrás Gadafi había exhortado a los países africanos y musulmanes a adoptar una moneda única: el dinar de oro. De esa forma, el dólar hubiese sido excluido, amenazando las divisas del imperio.

    Pero la verdad no tenía nada que ver en esta historia. El montaje mediático unido al accionar de los bombardeos de EE. UU. y la OTAN no solo acabó con la vida del líder libio, sino que convirtió a esa nación en el estado fallido que aún es hoy.

    CUARENTA AÑOS DE PAZ

    Libia fue una colonia italiana hasta la Segunda Guerra Mundial en que, por acuerdo de potencias como Gran Bretaña y Francia, y las Naciones Unidas, quedó administrada por ambos países. Los británicos rigieron los destinos de las regiones de Cirenaica y Tripolitania, y los franceses ocuparon la zona de El Pezzan, hasta 1951 en que la nación logró su independencia.

    Sin embargo, hasta que en 1969 Gadafi derrocara la monarquía del rey Idris, el pueblo de ese país vivió en difíciles condiciones, con bajos índices de desarrollo, como bien lo ejemplifica un artículo con el título de «Libia según la ONU y la dura realidad», de Thierry Meyssan, periodista y activista político francés, donde se plantea, entre otros elementos, que solo 250 000 habitantes de los 4 millones totales sabían leer y escribir.

    Con la independencia y la posterior construcción de un Estado caracterizado por sus logros sociales, Libia llegó a alcanzar uno de los índices más altos de desarrollo humano y el PIB nominal per cápita más alto de África.

    Refieren varias fuentes que Gadafi llevó a su país a ser ejemplo para África y el mundo árabe, al unificar la nación y crear instituciones y ministerios para fortalecer la institucionalidad.

    El movimiento impulsado por el presidente fue conocido como «La Revolución Verde» y tuvo entre sus logros el comienzo de una reforma agraria, el impulso de un sistema de seguridad social, poner la salud al alcance de todos y que las ganancias de recursos como el petróleo, pudieran ser realmente aprovechadas por el pueblo.

    Para lograr este objetivo el Gobierno libio nacionalizó la industria del llamado oro negro, tomando esos cuantiosos ingresos para subvencionar derechos mínimos del ser humano como el acceso al agua potable o la educación y que antes eran considerados verdaderos lujos.

    El líder libio permitió que los campesinos que querían labrar su propia tierra pudieran hacerlo y además el Estado los ayudaba a lograrlo. Asimismo, potenció la vivienda como un derecho de todos al igual que el acceso a la electricidad.

    Según Telesur, los préstamos de cualquier clase tenían cero por ciento de tasa de interés y el Banco Central de Libia era una institución soberana al servicio de los ciudadanos.

    Gadafi trabajó por la cooperación de los países de África a través de la Unión Africana (UA), fundada en mayo de 2001, con el objetivo de encontrar una vía para potenciar estos países sin la intervención de potencias occidentales.

    ADIÓS A LA DEMOCRACIA

    El País, conocido diario español, incluyó en muchos artículos la visión de un Gadafi obsesionado con el poder y el sexo. Sin embargo, en 2016, a cinco años de su desaparición física, tuvieron que aceptar y publicar que Libia vivía una verdadera pesadilla, donde el pueblo era lo de menos.

    Ejemplo de esto es la inestabilidad política. Actualmente, Libia ha llegado a tener hasta tres gobiernos, dos en la capital, que compiten por el liderazgo en el oeste del país, y otro en Tobruk, que domina las regiones del este y controla los principales recursos petroleros.

    Por otro lado, el experto en el tema Usef Shakir comenta para Sputnik que «Libia solía ser segura y estable: el Estado funcionaba bien, el país se estaba desarrollando. Años después el país está sumergido en caos y terror. Algunas de sus ciudades siguen bajo el control de grupos armados. Podemos deducir que Libia ha degenerado de un país soberano a una mezcla de agrupaciones fragmentadas».

    Cabe destacar que desde 2011 perdieron la vida más de 5 000 personas y casi un millón ha huido de sus hogares por el miedo y la inseguridad. También, las exportaciones de crudo han bajado un 90 % y las pérdidas de su PIB se contabilizan en alrededor de 200 000 millones de euros durante los últimos ocho años, según cifras recogidas por Middle East Monitory.

    Los derechos de las mujeres, respetados durante el Gobierno del expresidente, son ultrajados sin el menor remordimiento. Según plantea la página oficial de Amnistía Internacional, «el conflicto en curso perjudica especialmente a las mujeres, afectando de forma desproporcionada su derecho a la libertad de circulación y a participar en la vida política y pública».

    Libia es un exponente muy claro de lo que ha dejado al mundo la intervención militar de Estados Unidos: caos, inestabilidad política, apropiación de los recursos por transnacionales occidentales y un «oasis» donde convergen grupos terroristas, milicias locales y otros, además de ser exponente del tráfico humano y la extorsión a quienes llegan allí en busca de un camino expedito a Europa a través del Mediterráneo.

    EN CONTEXTO:

    • En enero de 2011 varios países del Medio Oriente fueron sacudidos por revueltas, levantamientos, protestas e intervenciones encubiertas que dejaron como resultado una reconfiguración del mapa de la región. A estos hechos se les denominó por Occidente como «Primavera Árabe».
    • Comenzó con la llamada revolución tunecina, cuya fecha de inicio suele contarse a partir de la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que protestó contra la policía, el 4 de enero de 2011.
    • Detrás de todos estos levantamientos pronto se hizo visible la mano de las potencias occidentales, como siempre, con EE. UU. y Francia, entre otros países a la cabeza.
    • Un informe de la inteligencia exterior, citado por el periodista e intelectual francés Thierry Meyssan, decía que el 4 de febrero de 2011 la OTAN había organizado en El Cairo una reunión para iniciar la «Primavera Árabe» en Libia y Siria. Según el informe, John McCain había presidido la reunión.
    FuenteTeleSUR

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