Imagen ilustrativa | Pixabay / PublicDomainPictures

Un estudio publicado este lunes vincula el consumo de agua fluorada del grifo durante el embarazo a un menor coeficiente intelectual en los niños, aunque varios expertos han puesto en duda la metodología de la investigación, informa AFP.

El fluoruro ha sido añadido al suministro de agua en los países industrializados desde la década de 1950 para prevenir las caries dentales. No obstante, altas concentraciones de este mineral se consideran tóxicas para el cerebro.

El estudio liderado por Christine Till, investigadora de la Universidad de York (Canadá), cuyos resultados han sido publicados en JAMA Pediatrics, se centró en 601 parejas madre-niño en seis ciudades canadienses, donde el 41 % de los residentes viven en comunidades suministradas con agua fluorada.

Según los investigadores, este tipo de agua se provee a unos dos tercios de los ciudadanos de EE.UU., un poco más de un tercio de los canadienses y tan solo al 3 % de la población europea.

Los científicos descubrieron que el aumento de la presencia de un miligramo por litro de fluoruro en la orina de la mujer embarazada  fue asociado a una baja de 4,5 del coeficiente intelectual de niños de tres y cuatro años, pero no en las niñas.

Evaluando la ingesta diaria de fluoruro por las madres en lugar de la presencia del elemento en la orina, se descubrió que el incremento de un miligramo en la ingesta está vinculado con un déficit de 3,7 puntos del coeficiente intelectual, tanto de niñas como de niños.

Previendo una polémica, JAMA Pediatrics recurrió a la medida infrecuente de emitir una nota de editor en la que dio a entender que la decisión de publicar el artículo «no había sido fácil».

«Dado el carácter de los hallazgos y sus potenciales implicaciones, lo sometimos a un escrutinio adicional en cuanto a sus métodos y presentación», reza la nota.

Expertos en ámbitos desde las estadísticas hasta la toxicología y la neurociencia han expresado críticas sobre el informe.

«Creo que estos hallazgos son bastante débiles y limitados. Podrían ser de interés como parte de un conjunto más amplio de estudios sobre el asunto, pero de por sí no deben influir mucho en el debate acerca de la seguridad del fluoruro», comentó Stuart Ritchie, psicólogo del King’s College de Londres.

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