Elson Concepción Pérez.— Tratar de convertir los diferentes mecanismos de Naciones Unidas en especie de «tribunales de inquisición» con fines políticos y hegemónicos, es algo así como burlarse de la aspiración humana de vivir en paz, en un mundo cada vez más necesitado de ella.

Cuando coexistimos en un presente de desafíos constantes, no se conciben naciones cuyos gobiernos callen ante el bloqueo, la persecución, las sanciones dirigidas a asfixiar pueblos enteros, contra los que, con impunidad absoluta, Estados Unidos aplica las más genocidas acciones. Por cierto, estos actos Made in USA, no fueron conocidos por los inquisidores del medioevo.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU debe ser siempre un mecanismo de comprobación para defender pueblos, y no un instrumento político al servicio de Estados Unidos. Conocimos de ese accionar contra Cuba en décadas pasadas, y lamentablemente el guion se repite ahora contra la República Bolivariana de Venezuela.

Libretos elaborados por el Departamento de Estado y peones que sirven a los designios imperiales
–como ocurre en estos momentos contra la República Bolivariana– hay que desnudarlos y denunciarlos.

La ONU, institución sagrada para defender la paz y la convivencia ciudadana, no puede permitir que de ese Consejo, salgan informes plagados de mentiras y odio.

El canciller venezolano, Jorge Arreaza, al hablar ante esa entidad en Ginebra, dijo que el bloqueo financiero, económico y comercial que la administración de Donald Trump ha hecho efectivo contra Venezuela, tiene las consecuencias más crueles en las poblaciones más vulnerables de su país, las que ya sufren falta de alimentos y medicinas.

¿Cómo va a permitirse que quien dirige el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, se alinee con quienes bloquean, hacen guerras, secuestran recursos y hasta crean un falso gobierno paralelo, con un bufón interino al frente, opuesto al verdadero, al elegido por el pueblo bolivariano? Y lo peor, cómo permitir que ni una denuncia o acuerdo de condena salga de esas instituciones contra el Gobierno de Estados Unidos.

Ese mismo gobierno que trata de asfixiar a Venezuela ahora eleva su carga de cinismo y odio contra el pueblo cubano, al que quiere rendir a través de un obsoleto bloqueo de 60 años, llevado a los extremos de tratar de que a la Isla no pueda arribar petróleo.

Pero los de Washington saben muy bien que nos puede faltar combustible, pero no nos faltará dignidad. Nunca traicionaremos nuestros principios solidarios y mucho menos porque así lo exija un gobierno donde esa palabra no se conoce.

En ese ambiente viciado también hay otros organismos regionales como la oea que, encabezada por un infame personaje, hasta pare hijos bastardos como el Grupo de Lima, y saca de sus oscuros sótanos un llamado tiar, mecanismo que Washington revitaliza para, junto a otros dos o tres presidentes sumisos, justificar una posible agresión militar contra Venezuela.

El plan se repite. También sus frustrados y derrotados gobernantes que cambian de nombre y partido en la Casa Blanca. Pero lo que no cambiará jamás será la decisión de los cubanos y también de los venezolanos, de resistir y vencer, en cualquiera de los terrenos en esta larga batalla. No hay otro camino.

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