Las noticias logran milagros que la realidad cree que son imposibles de lograr.

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No es que los medios de comunicación mientan sino que hacen lo que todo el mundo: se engañan a sí mismos porque, de lo contrario, no podrían engañar a nadie. Los “expertos” hacen lo mismo. No hay cosa más difícil que mostrar el mundo real a quienes viven dentro de él. ¿Cómo explicar a un pez lo que es el agua?

Los Bancos Centrales manipulan las cifras económicas y hacen previsiones inverosímiles porque forman parte del capitalismo. Las facultades de economía de todo el mundo enseñan a sus alumnos las mil y una doctrinas del crecimiento económico, pero no las crisis económicas porque la seudociencia económica se basa en algo que no existe: la proposperidad.

La semana pasada todos los medios de comunicación dieron un ejemplo de la teoría de la prosperidad económica: en Estados Unidos la tasa de desempleo del 3,5 por ciento era la más baja en cincuenta años.

Es el tipo de noticias que mejora los rendimientos del capital financiero. Los índices de la bolsa subieron de golpe, después de varios días de caídas. No hizo falta que la realidad económica hubiera cambiado lo más minimo; una noticia fue suficiente para conseguirlo.

Quien obra milagros no es dios sino las informaciones, sobre todo cuando revisten la forma de números. ¿Quién puede dudar de un número? Sólo esos negacionistas que se enfrentan a las ciencias exactas…

Desde la antigüedad más remota los números son magia y los numerólogos abundan. Por ejemplo, hay quien dice que la tasa de desempleo real en Estados Unidos es del 8 por ciento, como mínimo, sin necesidad de tener en cuenta la precariedad de los puestos de trabajo.

En Estados Unidos está ocurriendo lo siguiente: la actividad industrial está cayendo, la tasa de endeudamiento a 10 años es del 1,534 por ciento, la creación de empleo está disminuyendo, el crecimiento de los salarios se ha estancado…

En Estados Unidos lo que va a ocurrir es lo siguiente: la Reserva Federal volverá a bajar los tipos de interés a finales de este mes y la única duda es el momento en el que, a pesar de los pesares, llegará el colapso.

Es muy sencillo de entender, con la condición de que se sepa que capitalismo no es sinónimo de prosperidad sino de crisis, de que no es una crisis cíclica sino una crisis general y de que, por lo tanto, tampoco es sólo una crisis económica sino social, política, internacional, cultural, moral…

En el lenguaje de los “expertos”, el comercio mundial se “desacelera”. En Alemania la recesión comenzará este mismo mes. El índice industrial cayó el mes pasado por debajo de la cifra crítica de 50, su nivel más bajo desde hace diez años.

Italia no saldrá de la depresión. Los bancos están en situación crítica desde hace años y la deuda es del 134 por ciento del PIB.

Hay muchos países cuya deuda supera el 100 por ciento del PIB, como Estados Unidos (106 por ciento), Bélgica (102 por ciento), Grecia (181 por ciento) y Japón (238 por ciento).

En España es del 120 por ciento. En internet tenemos un contador de deuda, que mide en tiempo real, tanto los datos oficiales como los reales. Si Ustedes necesitan chutarse periodicamente una dosis de realidad, no lo duden: miren todas las mañanas la web a ver si algún día baja alguno de los índices.

Los bonos publicos y privados con rendimientos negativos acaban de alcanzar los 17 billones de dólares, o lo que es lo mismo, el 20 por ciento del PIB mundial.

Los fondos de seguros de vida, que están obligados a comprar esos valores de conformidad con la normativa vigente, continúan, pues, su lento avance hacia la agonía al retirarse, durante algún tiempo, de las reservas del PPB (provisiones para la participación en los beneficios). No lo duden en absoluto: esos fondos serán algún día incapaces de garantizar el capital de los especuladores (grandes y pequeños).

Las deudas no se pagarán jamás, los seguros tampoco se cobrarán, ni las pensiones, ni los títulos bursátiles…

El mes que viene se planteará el problema de la supervivencia de la zona euro. Los alemanes son los únicos que saben de estas cosas, por la experiencia de hace 100 años, y lo tienen muy claro: la Unión Europea es un lastre tal y como está configurada hoy.

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