La situación de la “retirada de la inmunidad” a los diputados del Parlamento de Ucrania ilustra una situación típica en la que el nuevo equipo comienza a “cumplir las promesas de campaña”, pero los resultados de esas promesas de los nuevos “salvadores de la nación” dejan al ingenuo electorado con una aguda sensación de disonancia cognitiva.

La necesidad de abolir la inmunidad parlamentaria es algo que en Ucrania se está hablando desde los tiempos de Kuchma, después se habló en los tiempos del “equipo naranja”, que especulaba con el tema alegando la lucha contra la corrupción y la posibilidad de que los diputados fueran comprados y se convirtieran en títeres de los grupos oligárquicos industriales y financieros. Al final, no es que las cosas no cambiaran con Yuschenko, sino todo lo contrario: el término “buenos amigos” se extendió con venganza por los poderes legislativo y ejecutivo.

Con Yanukovich la idea dejó de ser popular, ya que había que controlar Ucrania “según las normas” y la puesta en marcha de los planes de los grupos de interés de Ajmetov, Pinchuk, Firtash y otra serie de personajes no requerían “diputados responsables”. Esta lucha volvió con Euromaidan, que, entre otras muchas cosas, exigió también “abolir la inmunidad parlamentaria” para que los diputados tuvieran que responder por sus actos. Todo esto se dijo en la televisión y se pudo ver en las calles y en las pancartas.

Pero, tras el golpe de Estado, se perdió Crimea y comenzó la guerra civil en Donbass. ¿Eliminó el “nuevo, libre y democrático Gobierno” la inmunidad parlamentaria? Por supuesto que no. Ni siquiera fue uno de sus objetivos. Quienes tomaron el poder de esa forma no van a privarse de ese importante privilegio. Al final, el tema quedó eclipsado rápidamente aunque entre los nuevos diputados hubiera una buena cantidad de criminales, nazis, saqueadores, etc. que se permitieron hacer prácticamente lo que quisieron sin que hubiera mayor consecuencia [Lyashko, por ejemplo, se dedicó al principio de la guerra a acosar y agredir a “separatistas” en Slavyansk una vez que la localidad fue capturada por el Ejército Ucraniano-Ed]. Sin inmunidad parlamentaria, la mitad del Parlamento habría estado en la cárcel por causas criminales. Así que no puede sorprender a nadie que el Gobierno de Euromaidan se olvidara tan rápidamente de promesas como esta y otras muchas.

La llegada de Kolomoisky y Zelensky al poder también vino acompañada de alegatos a “eliminar la inmunidad de los diputados”. Todos los anteriores presidentes y parlamentos de Ucrania han sido criticados por su “incapacidad para resolver esta cuestión fundamental” y Zelensky y “Servidor del Pueblo” se habían posicionado como las fuerzas que finalmente resolverían el problema y demostrarían ser mejores que todos sus predecesores. Todo ello porque retirar la inmunidad parlamentaria fue una de las grandes promesas de la campaña electoral de Zelensky.

Y así llegó el momento de cumplir esa promesa. El Parlamento comenzó a considerar un proyecto de ley. Y, de repente, quedó claro que gran parte de los diputados de “Servidor del Pueblo” no quieren abolir la inmunidad parlamentaria. Toda esa gente que se ha posicionado con Zelensky y ha rechazado duramente el régimen de Poroshenko ahora, ya en el poder, no quiere hablar de “este sinsentido”. Así que la primera votación reveló la “oposición” dentro del partido en el Gobierno, que rechazó retirar la inmunidad parlamentaria. Sin embargo, como Zelensky quería, al menos, una simulación de que cumple sus promesas, ha encontrado una forma elegante, aunque también algo tosca, de revocar esa inmunidad sin llegar a cancelarla.

Al final, se incluyó en la ley sobre el aumento de responsabilidad de los diputados un fantástico punto según el cual las autoridades pueden realizar una investigación secreta o hacer escuchas a los diputados solo con la aprobación de los diputados. Evidentemente, si es necesaria una autorización de los diputados, no se puede realizar una investigación secreta. Todo se resume en que el Parlamento debe aprobar que un diputado sea imputado. Esta medida ya se aplicó en el pasado, aunque generalmente no se utilizaba, ya que los diputados actuaban según el principio “no puede ser” salvo en casos excepcionales como “la conspiración de Savchenko para bombardear el parlamento”, cuando la administración de Poroshenko y el SBU impulsaron la persecución de “agentes del Kremlin”.

Por supuesto, muchos ingenuos que realmente creyeron que Zelensky era algo nuevo en la política de Ucrania verán en lo que está ocurriendo otro golpe a sus ilusiones electorales. Zelensky y sus socios oligárquicos son los típicos candidatos de la oligarquía de Ucrania, donde el fraude al votante es algo común y que casi siempre acaba con la redistribución del poder y de las propiedades entre los clanes oligárquicos en liza y con la servidumbre a los intereses occidentales que son la fuente de la legitimidad política.

Para quienes comprendan un mínimo la estructura de la política ucraniana, este pequeño episodio no es ninguna sorpresa sino algo esperado y previsible. Otro mesías que no está a la altura de las expectativas. No es la primera vez que ocurre.

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