El tráfico sexual se dispara exponencialmente en Estados Unidos.

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La última vez que Amy Irvin vio a su hija Zoey, la joven tenía el pelo largo, pelirrojo y llevaba vaqueros, un abrigo negro de invierno y un gorro para protegerse del frío de Cedar Rapids, una ciudad situada en el estado de Iowa. Aquel 24 de enero de 2019, la joven de 22 años le dijo a su tío que salía a comer con un amigo. Nunca regresó a casa.

Desde entonces, tampoco contesta los mensajes ni las llamadas de su madre, la cual está convencida de que su hija, que llevaba meses en tratamiento por drogadicción, se encuentra ahora en Los Ángeles y está siendo explotada con fines sexuales, el segundo crimen más lucrativo del mundo y cuyas cifras en California han aupado al estado dorado al primer puesto del ranking nacional.

“Estoy enfadada. A Zoey la (policía) la tachó de junkie y la dejaron olvidada a pesar de que sé que no se marchó por voluntad propia”, explica Irvin en entrevista con el diario digital Público. “La tristeza me está consumiendo el alma… que sea una junkie hace que sea aún más probable que la estén vendiendo. Usan su debilidad contra ella”.

A principios de año, la policía de Cedar Rapids emitió una alerta por desaparición que no permaneció activa ni 24 horas, porque Zoey telefoneó al agente que supervisa su libertad condicional y le confirmó que se había marchado “por voluntad propia”. Sin embargo, la madre sostiene que el amigo de Zoey, que posee antecedentes delictivos por posesión de drogas y robo de vehículo, la drogó y la secuestró.

Cuenta Irvin que semanas antes de la desaparición de Zoey, esta le había escrito una carta a mano a un amigo relatando que, a pesar de su historial de arrestos en varios estados y de su adicción a la heroína, estaba esforzándose por salir de las drogas —y quería hacerlo por su hija, a quien dio a luz cuando era una adolescente—.

“Escribió (la carta) a finales de diciembre y me rompe el corazón… Estaba recuperándose, contenta y confiaba en sí misma…La carta es una prueba de que no se marchó de forma voluntaria para alejarse de aquí y estar todo el día colocada”, denuncia Irvin.

Semanas antes de desaparecer, Zoey escribió esta carta a un amigo relatando su historial de arrestos en varios estados y la batalla cuesta arriba que estaba librando para superar su adicción a las drogas. Foto: Público.

Desde aquel 24 de enero, Irvin vive pegada al teléfono y a las redes sociales, compartiendo fotografías de la joven en grupos de Facebook, movilizando a amigos que viven en California y buscando pistas que la lleven hasta su paradero. Con los indicios que ha recabado y que sitúan a Zoey en el área de Los Ángeles, ha logrado que el departamento de policía de la ciudad (LAPD en inglés) emita dos alertas de búsqueda (BOLO en inglés), porque hay sospechas de que la hipótesis de la madre sea correcta. Aún así, es un camino con pocas probabilidades de prosperar y con ninguna probabilidad de que, esa Zoey que se marchó sea la misma que regrese a casa.

Si no está desaparecida y es un adulto, no hay mucho que la policía pueda hacer”, explica Kate Transchel, catedrática de la Universidad Estatal de California en Chico. “La policía está en una situación muy difícil, especialmente con los adultos, porque si se hace una redada y le preguntan a las mujeres si las están obligando a mantener relaciones sexuales, ellas lo niegan. Incluso si las pillan manteniendo relaciones en el acto, van a decir que lo hacen voluntariamente”.

Amy Irvin lleva buscando a su hija Zoey desde el 24 de enero de 2019. La última vez que la vio llevaba abrigo negro, gorro gris y tenía el pelo largo y pelirrojo. Se piensa que desde entonces está en Los Ángeles

La experta, que lleva años investigando la trata humana en Estados Unidos y en el extranjero, ha comprobado esta realidad in situ. Cuenta que el 70% de las mujeres que trabajan en salones de masajes eróticos en el área de Chico son captadas y engañadas en China con la promesa de un trabajo. Al llegar aquí, les retiran el pasaporte, el teléfono, las golpean si desafían las órdenes del traficante y las obligan a prostituirse mientras las amenazan de muerte a ellas y a sus familias. “Los traficantes utilizan la coacción. Tienen acceso a los hermanos menores o a los padres de la víctima y pueden causarle un gran dolor emocional a esta si le hacen daño a un ser querido”, afirma.

Las tácticas utilizadas por los traficantes para embaucar, explotar y mantener a sus víctimas son variadas. Están los llamados “Romeos”, que inicialmente cortejan y seducen a sus víctimas con regalos caros, ropa, cenas, viajes o financiándoles los estudios. Cuando la presa se ha enamorado de este, la devolución de tanto lujo se paga con sexo forzado con él y con terceras personas -como hacía Jeffrey Epstein, el multimillonario empresario estadounidense que murió en extrañas circustancias en prisión-.

Otro estilo menos común es la encarnado por los “gorilas”, que recurren desde un principio a la intimidación, amenazas, violencia física y emocional para someter a sus víctimas, prostituirlas y mantenerlas a su lado.

“Hay traficantes que van a un bar, drogan a los estudiantes, se los llevan a otro sitio y los graban manteniendo relaciones sexuales cuando están inconscientes. Luego les enseñan el vídeo y les dicen que, si no trabajan para ellos, se lo enviarán a sus padres, lo colgarán en Facebook y lo difundirán públicamente”, relata Transchel. “Pero también hay mujeres que están siendo explotadas sexualmente que a la vez reclutan a otras mujeres”.

Los expertos advierten que el tráfico sexual ha crecido a nivel nacional de manera exponencial debido al gran rendimiento económico que genera, superior al de otras industrias criminales como el narcotráfico. Un traficante sexual puede ganar entre 150 000 y 200 000 dólares anuales por niño y suele explotar a entre cuatro y seis menores.

(Tomado de Público)

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