El poliamor y el antimarxismo.

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La gente tiende a confundir conceptos tan antagónicos como fascismo y antifascismo, capitalismo y comunismo, poliamor y amor libre. Sin entrar en detalles históricos y sociales sobre el amor que daría para escribir toda la Historia de la Humanidad y también serviría para describir su motor: la lucha de clases, porque poco se pueden entender las grandes revoluciones y cada una de las luchas sin entender el amor y los lazos de solidaridad que las empujan siempre hacia adelante. Si el capitalismo nos lleva ventaja es porque, en parte, en una parte desmedida, ha conseguido convertir las emociones y los sentimientos en un componente del mercado, por un lado, y al mismo tiempo en algo de ese ser netamente individual que nos están colando hasta el fondo. Un ser que no existe, pero que solo puede reflejarse en sí mismo, lo que lleva a una soledad insaciable que solo es y puede ser satisfecha a través de la relación utilitarista con terceros, no vistos como seres completos sino como partes que pueden satisfacer una de nuestras demandas. Para satisfacer todas ellas y abandonar la soledad que reside en el seno del individuo, hacen falta irremediablemente muchas partes, cada una de ellas satisface una cosa distinta. Y sí, hemos llegado al poliamor, esa alternativa posmoderna al amor burgués y romántico, pero que no rompe con éste, sino que lo enmascara con una libertad que no es tal, con una felicidad que es falsa, con un interés privado de satisfacer demandas netamente privadas, egoístas e individuales. Y al mismo tiempo le acrecienta sus lados más terribles y sus pretensiones completamente reaccionarias, antimarxistas y contrarrevolucionarias.

El poliamor no es más que el mercado del amor burgués y romántico, dentro de él se establecen tratos mercantiles y de utilidad que conducen a un individualismo cada vez más atroz, a una soledad cada vez más dramática y a egoísmos que se vuelven cada vez más hambrientos. Y este liberalismo amoroso, por muy liberal que se conduzca, mantiene intactas las relaciones de propiedad – para sorpresa de todos y todas. Solo que esta relación de propiedad se constituye no sobre los individuos, sino sobre las partes que se encuentran dentro de este mercado.

Nosotros, los marxistas-leninistas, decimos alto y claro “¡no!” a las relaciones de propiedad, no a individualizar más al ser social, no a todo aquello que atenta contra la unidad emocional de la clase obrera, porque decimos no a la posmodernidad, debemos negar también que el poliamor sea lo opuesto al amor burgués, sino su evolución natural en la fase imperialista del capitalismo. Donde todo, hasta la más íntima de las pasiones o la más secreta de las emociones, pasa a formar parte del mercado. Nosotros, los marxistas-leninistas, debemos estar también formados en el motor histórico y social que supone el amor, y en cómo la clase dominante lo usa y lo cambia según sus propios intereses, que son – recordemos – siempre contrarios a los intereses de la clase obrera. Es por ello que la “alternativa” que supone el poliamor frente al amor clásico no es más que un auténtico freno en la emancipación de la mujer trabajadora y del hombre trabajador, otro escollo brutal en la urgente cohesión de la clase obrera.

Como marxistas-leninistas, tenemos que hablar claramente que el amor es de clase, que el amor es entre camaradas y que el amor es libre y constituye una herramienta social esencial para avanzar hacia la construcción del socialismo. El amor no puede nunca formar parte del proceso por individualizar al ser humano, sino que debe actuar en su contra, debe recuperar sus raíces comunales y ponerse al servicio de la lucha de los trabajadores y trabajadoras del mundo. Para llegar a este tipo de amor, cuyas raíces ya crecen en un mundo que está por venir, es necesario formarse e instruirse arduamente en la ciencia del marxismo, porque esa es la fina línea que separa dos mundos opuestos. El amor debe ser libre, pero no debe romper almas ni debe mantenerse en cautiverio. El amor libre requiere de camaradería y esto es fraternidad, amistad, compromiso social, lucha de clases… y sobre todo empatía, solidaridad y transparencia. Porque la verdad es siempre revolucionaria y es lo que evita cruzar la frontera que nos conduce al lado de la reacción y de los enemigos de clase.

Porque si queremos hacer algo distinto, tenemos que ser radicales a la hora de sentir de forma diferente, porque ante todo somos una clase social que debe amarse y respetarse, pero que también se encuentra en guerra y plagada de traidores. Somos comunistas y decimos no al mercado del amor, no al liberalismo sobre los sentimientos y no a la propiedad sobre nuestros corazones. Decimos no al poliamor, decimos sí al amor libre: cosas dramáticamente opuestas, pero que están extremadamente cerca.

Por “Roca Roja”

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